Reducción de la pobreza en las zonas de ladera de Honduras
Superación de la pobreza en las frágiles zonas de ladera de Honduras

Bajar: (PDF 93K)

Para llegar a la aldea de Agualcaguaire, hay que conducir siete kilómetros desde el centro del Municipio de Morolica, por un camino que es con frecuencia intransitable durante la época de invierno. El resto de la distancia se debe recorrer a pie, en una caminata de unos 45 minutos.

Aquí viven los 346 pobladores de la aldea, cuyas casas y fincas están ubicadas en empinadas pendientes. Casi todos ellos desarrollan agricultura de subsistencia y viven con magros ingresos. Para lograr su sustento dependen principalmente del maíz, el maicillo, los frijoles y el ganado que crían. El suelo de sus fincas está gravemente erosionado, en parte a causa de la deforestación, en parte a causa del huracán Mitch, y en parte debido a que los campesinos son renuentes a invertir en prácticas de conservación si trabajan parcelas arrendadas.

Agualcaguaire cuenta con muy poca infraestructura y servicios. La aldea tiene una escuela, pero solamente ofrece enseñanza primaria, y solo algunos alumnos continúan asistiendo después del cuarto grado. Muchos de los adultos no saben leer ni escribir, pero no hay educación para adultos. Hay pozos poco profundos que proveen agua potable a los pobladores, pero con frecuencia están contaminados por desechos de animales y residuos de insumos agrícolas.

Lamentablemente, Agualcaguaire no es una excepción. Casi un tercio de la población total de Honduras vive en zonas de ladera, y la gran mayoría sufre una desesperada situación de pobreza.

Para descubrir opciones que mejoren las perspectivas de los empobrecidos campesinos de las laderas, los investigadores realizaron el Proyecto "Políticas de desarrollo rural y utilización sostenible de la tierra en las zonas de ladera en Honduras", destinado a identificar estrategias y políticas para reducir los niveles de pobreza y promover el uso de prácticas de conservación. El Proyecto también destaca oportunidades apropiadas de inversión pública y privada en estas áreas.

La investigación fue llevada a cabo por el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI), con sede en Washington DC, el Programa Nacional de Desarrollo Rural Sostenible (PRONADERS) de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (SAG) de Honduras, y el Centro de Investigaciones y Universidad de Wageningen (WUR) de Holanda.

Intercambio con los agricultores

A efectos de evaluar los problemas, limitaciones y oportunidades clave para mejorar el nivel de vida en las zonas de ladera de Honduras, organizaciones no gubernamentales locales con experiencia en el área colaboraron con los integrantes de la comunidad para llevar a cabo diagnósticos participativos en 95 comunidades ubicadas en 19 municipios y 9 departamentos. Se recogió información sobre la principal ocupación de los pobladores de las aldeas, los tipos de uso de la tierra que predominan, los las modalidades de tenencia de la tierra y otros aspectos de la vida económica. Se analizo la percepción de los pobladores de las aldeas acerca de la degradación de los recursos naturales, el acceso al mercado, la educación, y la presencia e influencia de organizaciones activas en la comunidad. Se recopilaron los resultados de las encuestas para elaborar un perfil de cada comunidad, que a su vez se compartió con los líderes de la comunidad en las aldeas estudiadas.

En cooperación con una firma local de consultoría, los investigadores también encuestaron a familias campesinas individuales dentro de cada una de las 95 comunidades para determinar el uso predominante de la tierra, el acceso al mercado, la calidad del suelo, los ingresos, el uso de tecnologías de conservación y la educación. La información adicional obtenida de otras fuentes incluyó: densidad de la población, clima y densidad de red vial.

El tamaño de las fincas, el uso de la tierra, los cultivos, el ganado y las oportunidades de empleo son muy variables en la zona de laderas. Los programas y políticas para la reducción de la pobreza deben tomar en cuenta estas diferencias y asegurarse de que las intervenciones sean apropiadas para los diferentes tipos de familias campesinas.

Para comprender las opciones que están a disposición de estos campesinos y las elecciones que hacen, es necesario identificar en primera instancia las limitaciones y oportunidades que enfrentan. Las familias eligen su estrategia de vida según factores biofísicos (tales como lluvias, calidad de los suelos y altura) y factores socioeconómicos (tales como educación y acceso al mercado). Así, por ejemplo, las fincas de agricultura de subsistencia más pequeñas de las áreas más densamente pobladas de la zona de laderas, que tienen poco acceso al mercado, dedican la mayor parte de su tiempo a trabajos fuera de la finca propia, para su supervivencia.

Principales hallazgos de la investigación
  • Nueve de cada diez pobladores de las zonas de ladera de Honduras subsisten con menos de US$ 1 (Lps. 17) por día.
  • Las fincas más pequeñas están ubicadas en las áreas más pobres y menos dotadas, con condiciones agro-climáticas adversas, mal acceso al mercado y alta densidad de población. Sin embargo se halló que los productores más pequeños no son los más pobres. Al tener empleos fuera de sus fincas propias como su principal estrategia para subsistir, pueden obtener ingresos relativamente más altos que los productores más grandes, que tienen más tierra y, por consiguiente, realizan menos actividades fuera de su finca.
  • Los agricultores más pequeños son más proclives a utilizar prácticas conservacionistas que los productores más grandes, y dichas prácticas son casi inexistentes en las fincas dedicadas a la cría de ganado.
  • Los servicios de extensión y capacitación actúan como estímulo para la adopción de medidas conservacionistas, que mejoran la fertilidad del suelo y, por tanto, la productividad agrícola.
  • La propiedad de la tierra es el factor de mayor importancia entre los que dan a los agricultores un incentivo para adoptar métodos para un uso más sostenible de la tierra. Los campesinos se muestran renuentes a invertir sus escasos recursos de mano de obra y dinero en un esfuerzo por conservar la calidad del suelo de una parcela arrendada o de propiedad comunal.
  • La propiedad de la tierra tiene poca influencia sobre los ingresos de las familias, al menos para los agricultores relativamente pequeños.
  • La educación y la fertilidad del suelo son los principales factores determinantes del ingreso familiar.
Políticas para reducir la pobreza y la degradación de la tierra

Las actividades de extensión y capacitación en materia de conservación estimulan la adopción de prácticas conservacionistas y, por tanto, contri-buyen a un uso más sostenible de la tierra. Los programas para enseñar a los campesinos cómo usar las prácticas de conservación deberían estar dirigidos a los agricultores más pequeños, pues ellos son no solo los más dispuestos a adoptar dichas tecnologías sino también los que viven en las áreas que son más vulnerables a la degradación ambiental.

El aumento de la propiedad de la tierra por parte de pequeños agricultores así como los programas de extensión y capacitación en materia de con-servación tienen gran importancia para reducir la degradación ambiental.

Los programas y las políticas para combatir la pobreza deberían centrarse en aumentar el nivel de educación, mejorar la calidad del suelo, promover el acceso al mercado, e incrementar las opor-tunidades para la diversificación de los ingresos.

Para los millones de personas que desarrollan actividades agrícolas en las frágiles zonas de ladera de Honduras, como los pobladores de Agualcaguaire, la vida cotidiana es una dura batalla. Pero si se adoptan las políticas correctas, si se realizan las inversiones apropiadas, su situación puede mejorar.


PRINCIPIO de la página