IFPRI: Resumen 2020 No. 69, Septiembre de 2000
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visión 2020 sínteses de políticas
2020 resumen Resumen 2020 No. 69
(Traducción del inglés)

Mayo de 2001
Una Visión De La Alimentación, La Agricultura Y El Medio Ambiente En El Año 2020

TRANSFORMAR LA ECONOMIA RURAL EN ASIA: LA REVOLUCION SIN TERMINAR

Mark W. Rosegrant & Peter B. R. Hazell

Como conjunto, el Asia en desarrollo ha avanzado de una manera notable desde las crisis alimentarias de los años sesenta. Mejorías en la seguridad alimentaria, el aumento en los ingresos per capita y la reducción de pobreza promovidos por la Revolución Verde han sido sustanciales y duraderos. El producto interno bruto per capita aumentó 190 por ciento entre 1970 y 1995, mientras el consumo de calorías a diario subió un 20 por ciento. En 1975, uno de cada dos asiáticos vivía en la pobreza. Para 1995, esta cifra cayó a sólo uno de cuatro. La incidencia de la pobreza rural también se redujo, desde uno de cada dos hasta uno de tres entre 1975 y 1995; el número total de pobres en las zonas rurales cayó un siete por ciento a pesar de un aumento sustancial de la población.

Aunque la vida ha mejorado para la mayoría de asiáticos rurales, cerca de 670 millones aún viven en la pobreza y deben aguantar niveles inferiores de salud, educación y bienestar general que sus compatriotas urbanos. Cerca de dos mil millones de personas viven en Asia rural; se calcula que otros 300 millones van a ingresar a esta población antes del 2020. La gran mayoría de estos habitantes rurales dependen todavía, directa o indirectamente, de la agricultura, la silvicultura o la pesca para su sustento-una dependencia que pone una enorme presión sobre los recursos naturales. La degradación continua de estos recursos bien podría causar un conflicto social alrededor de los recursos restantes y, por consiguiente, una inconformidad con la creciente brecha de la calidad de vida entre las zonas urbanas y rurales. Estos problemas serían especialmente severos en el sur de Asia.

ENFRENTANDO LOS DESAFIOS DEL FUTURO
Para completar la transformación económica en el Asia rural, se requiere de crecimiento adicional, pero un crecimiento que sea más equitativo y ambientalmente sostenible que lo que ha sido en el pasado. Enfrentar este desafío demandará una aplicación más eficiente de las lecciones aprendidas acerca del crecimiento agrícola, la inversión del sector público, la reducción de la pobreza rural y la protección de los recursos naturales (para una discusión adicional sobre estos asuntos, véase el 2020 Informe 59). También, requerirá de una atención especial para enfrentar los siguientes seis retos. Volver el crecimiento pro-pobres. Puesto que los pobres viven principalmente en zonas rurales y dependen generalmente del sector agrario para sus ingresos, un crecimiento que nace de la productividad agrícola y que aumenta los ingresos de los agricultores a pequeña escala y jornaleros sin tierra es especialmente importante para reducir la pobreza. Pero el crecimiento por sí solo no reducirá la pobreza rápidamente. Las personas encargadas de formular políticas deben llegar directamente a los pobres, por medio de una inversión en salud, nutrición y educación. En el caso de los grupos particularmente vulnerables o marginados, los formuladores de políticas pueden utilizar las transferencias de ingresos o redes de seguridad para ayudar a aliviar la presión a corto plazo. Para que los pobres puedan participar en el crecimiento, se necesita: que la tierra sea distribuida en una forma relativamente equitativa; que la investigación agrícola tenga en cuenta los problemas de los pequeños agricultores igual que los grandes; que las nuevas tecnologías sean independientes de escala y rentables para fincas tanto pequeñas como grandes; la existencia de unos mercados eficientes para los insumos, el crédito y los productos agrícolas para asegurar que todas las fincas tengan acceso a los necesarios insumos modernos y reciban unos precios similares para sus productos; que los obreros tengan la facilidad de migrar o diversificarse en actividades rurales no-agrícolas; y unas políticas que no deben discriminar contra la agricultura en general y los minifundistas en particular.

El manejo del legado de la crisis económica. La crisis económica de 1997 en el este y sudeste de Asia causó serias reducciones en el empleo y los ingresos reales. Aunque la recuperación ha comenzado, los países afectados van a necesitar tiempo para recuperarse de la pérdida en ingresos y de los recortes en la inversión pública para el crecimiento rural y las redes de seguridad. Los gobiernos y donantes deben dar alta prioridad a la restauración de las bases de inversión en las economías de crisis y el fortalecimiento de las redes de seguridad. Unas reformas de "buen gobierno" deben buscar más trasparencia y responsabilidad en las actividades del sector público y en la regulación de las instituciones y corporaciones financieras para reducir la posibilidad de futuras crisis financieras.

El manejo de la globalización. La globalización ofrece unos mercados mayores, además de oportunidades tecnológicas y financieras para un crecimiento económico continuado en Asia. Los mercados abiertos y la integración global ya han aumentado el crecimiento rural, pero estos procesos también presentan riesgos económicos debido a una competencia superior, la inestabilidad y un aumento en la inequidad. La solución a estos problemas está en unas políticas creativas, no en el aislamiento. La competencia se puede manejar, por ejemplo, por medio de una transición por fases, como varios de los países del sudeste de Asia lo han comprobado. El ritmo de la liberalización debe tener en cuenta las capacidades institucionales, el estado competitivo de la agricultura y la industria, y los efectos sobre la estabilidad social y política. El manejo de la transición hacia la globalización debería favorecer no sólo una economía abierta y el crecimiento, sino también la estabilidad macroeconómica, la formación del capital humano y la reducción de la pobreza. La revivificación de la investigación agrícola y la diseminación de tecnología. Las nuevas tecnologías agrícolas en Asia son cada vez más complejas, requieren más entrenamiento y tienen mayor especificidad del sitio. Dependen de un sistema investigativo y de extensión menos centralizado, con más información y destrezas para una adopción exitosa que en el caso de las variedades y abonos de la Revolución Verde. La extensión e investigación motivada por información que surge desde la base podría ayudar a los cultivadores a sobrellevar la complejidad de las nuevas tecnologías. El sector privado podría ayudar a reanimar la investigación agrícola, también, aunque con algunos riesgos. Los gobiernos están facilitando que el sector privado adopte y utilice los resultados de la investigación y los híbridos. Además, las innovaciones en la biotecnología probablemente aumentarán la participación del sector privado en la investigación agrícola. Sin embargo, el sector público seguirá jugando un papel importante en la investigación agrícola porque las corporaciones tal vez no quieran invertir en tecnologías que los gobiernos consideren importantes para la equidad y el alivio de la pobreza. Incluso, el sector privado generalmente ha mostrado poco interés en aumentar el rendimiento de cultivos claves como trigo o variedades del arroz adaptados a las zonas agro climáticas de Asia. Por otro lado, no ha hecho prácticamente ninguna inversión en granos, frutas y verduras tropicales.

El manejo de la tierra, la escasez y degradación del agua. La presión de la población humana sobre la tierra, la intensificación y mal uso de prácticas de cultivo, igual que la eliminación de los desechos de un sector pecuario en expansión, todos representan amenazas significativas al medio ambiente rural. Sin embargo, la escasez y calidad del agua son los desafíos más severos que enfrenta el Asia en desarrollo y que probablemente van a alcanzar niveles de crisis dentro de la próxima década o dos. El agua se está volviendo escasa no sólo por las demandas crecientes de la agricultura, la industria y los hogares, sino también porque el potencial para aumentar las fuentes de agua se está acabando. El deterioro de la calidad de agua va a agravar aun más esta escasez. Políticas que pueden mejorar el manejo del agua incluyen 1) retirar los subsidios e impuestos que fomentan el mal uso de los recursos y 2) el establecimiento de derechos asegurados de propiedad. Los usuarios del agua deberán tener más poder para tomar sus propias decisiones referentes su uso y los mercados varios tendrán que mandar señales correctas sobre el valor real del agua.

La construcción de un buen gobierno y un capital social. Las sociedades asiáticas están cambiando por el aumento de los ingresos y de la globalización. La gente está exigiendo una mayor participación en las decisiones políticas, formas de gobierno más democráticas y descentralizadas y una mayor responsabilidad de las agencias públicas. A la vez, la naturaleza de muchos de los bienes públicos está cambiando. El sector privado tiene un papel mayor en la investigación agrícola y en la oferta de los servicios de salud y educación, mientras las organizaciones no-gubernamentales están organizando comunidades para actividades e inversiones colectivas. Estos cambios requieren que los papeles tradicionales de los sectores públicos y privados y la sociedad civil sean reconfigurados para proveer bienes y servicios públicos en una forma más costo-efectiva y en una manera que mejor responda a las necesidades de la población rural. Para los consumidores cuyo poder adquisitivo limitado no permite una respuesta satisfactoria del sector privado, los gobiernos inevitablemente continuarán jugando un papel importante en cumplir con las necesidades básicas.

ESCENARIOS ALTERNATIVOS PARA EL DESARROLLO DE ASIA
Aunque el tamaño del sector agrícola se ha reducido frente a otros sectores durante el transcurso de la transformación económica de Asia, el rendimiento agrícola ha seguido creciendo, como debe ser. Un crecimiento agrícola más lento podría perjudicar la seguridad alimentaria y aumentar la desnutrición infantil en mucho países, causar nuevo desempleo y pobreza significativa (especialmente en áreas rurales) y frenar el crecimiento no-agrícola. Bajo un escenario pesimista, los gobiernos podrían volverse aun más desatentos de lo que están hoy día hacia de la agricultura, invertir menos en las áreas rurales y dejar de realizar las reformas necesarias de política. En un caso así, las proyecciones basadas en el modelo IMPACT del IFPRI muestran que el número de niños desnutridos, que es un buen indicio de la pobreza actual y futura, se va a mantener casi estable hasta el 2010 desde el nivel de 140 millones en 1993. En cambio, si los gobiernos se vuelven menos complacientes hacia de la agricultura y realizan reformas económicas a la vez, el número de niños desnutridos caerá dramáticamente hasta 76 millones, 65 millones menos que en el escenario pesimista. Así, son los niños del sur de Asia los que tendrían que sufrir más por la falta de responsabilidad de los gobiernos. (Al final de este resumen, se encontrará la cita a la publicación donde se presentan los detalles sobre las presunciones hechas bajo los varios escenarios.)

Según el modelo IMPACT, sería factible en la práctica erradicar la pobreza y la desnutrición infantil en dos décadas. Pero, para lograr esto, la mayoría de las economías más pobres de Asia tendrían que crecer a tasas similares a las economías más dinámicas de la región en sus mejores momentos. Además, la productividad agrícola tendría que alcanzar los niveles logrados durante el apogeo de la Revolución Verde y los gobiernos asiáticos tendrían que hacer nuevas inversiones significativas en la agricultura y en áreas rurales, y gastar un 50 por ciento más anualmente en programas sociales. Aunque el sur de Asia necesitaría tomar una perspectiva a más largo plazo, en realidad la China y el sudeste de Asia podrían razonablemente erradicar la desnutrición infantil antes del 2020.

CONCLUSIONES
Los formuladores de políticas de Asia en el umbral del siglo 21 deben tomar unas decisiones mayores que podrían o aplazar la finalización de la transformación económica en las áreas rurales o facilitar su llegada. Aunque la economía de la región está pasando por una época difícil, si los gobiernos pretenden seguir con la transformación deben no retroceder de una orientación del mercado. Al contrario, deberían apoyar donde sea posible el sector privado y suplementarlo donde su crecimiento no esté lo suficientemente compatible con el alivio de la pobreza y una mejoría del medio ambiente. El buen gobierno es otra clave para el crecimiento sostenido. Los gobiernos transparentes y proactivos deben aumentar el nivel de inversión en la infraestructura rural, la investigación y extensión agrícola, educación y salud, y ampliar el alcance de programas de seguridad social. Algunos países podrían alcanzar una parte significativa de estos costos al reducir el despilfarro en áreas rurales, especialmente referente a los subsidios de insumos y créditos; y deberían aumentar la eficiencia de las instituciones públicas. De igual manera, los recursos naturales deben tener un mejor manejo. La terminación de la transformación rural, una reducción radical de pobreza y una mejoría en la seguridad alimentaria en Asia rural son alcanzables sólo a medida que los gobiernos puedan resistir las actitudes de complacencia.

Mark W. Rosegrant (m.rosegrant@cgiar.org) es investigador y Peter Hazell (p.hazell@cgiar.org) es director de la División del Medio Ambiente y la Tecnología de Producción del IFPRI.

Este informe se basa en el libro Transforming the Rural Asian Economy: The Unfinished Revolution, por Mark W. Rosegrant & Peter Hazell (Oxford University Press for the Asian Development Bank, 2001). El libro fue financiado por el Banco Asiático de Desarrollo (ADB) como uno de cinco informes en su serie A Study of Rural Asia. El objetivo del estudio fue de identificar, para los miembros del ADB en desarrollo en Asia, las prioridades de política y de inversión que promoverán un desarrollo sostenible y mejorar las condiciones sociales en el sector rural. Los autores agradecen a los diferentes funcionarios del ADB que dieron orientación y comentarios valiosos.

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