IFPRI: Vision 2020: Resumen 2020 No. 49, Abril de 1998
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2020 Noticias Y Opiniones Junio de 1998 Resumen 2020 No. 49
(Traducción del inglés)

Abril de 1998
Una Visión De La Alimentación, La Agricultura Y El Medio Ambiente En El Año 2020

Seguridad Nutricional En Las Zonas Urbanas De América Latina

María Inés Sánchez-Griñán

En la actualidad, la población de América Latina es urbana en su mayoría. Ya en 1990, 72% de la población de la región vivía en las ciudades (figura 1). En el año 2020, la población urbana podría llegar a 83%. Con el mayor grado de urbanización, la región enfrenta problemas de pobreza, nutrición y salud que son algo diferentes de los existentes cuando la población estaba más concentrada en las zonas rurales. Los pobres representan 35% de la población que vive en las ciudades.

Poblacion urbana en America Latina, 1950-2020 La creciente urbanización ha traído cambios de alimentación y del modo de vida que afectan profundamente a la salud. La población urbana tiende a ser más sedentaria que la rural, a sufrir más estrés y a consumir más drogas, alcohol, tabaco y alimentos grasosos elaborados, factores que intensifican el riesgo de contraer enfermedades crónicas no transmisibles, como la cardiopatía. Como resultado, el perfil de morbilidad de la región, antes caracterizado por alta prevalencia de enfermedades infecciosas y malnutrición, ha cambiado a una incidencia cada vez mayor de enfermedades crónicas. Ese fenómeno ocurre no solo en los países de elevados ingresos, como el Uruguay y la Argentina, sino también en los países más pobres, como Guatemala.

América Latina también enfrenta profundos cambios demográficos. Las tasas generales de malnutrición se han estabilizado o reducido algo en el último decenio y el mayor grado de mejoramiento se observa en los niños con malnutrición grave. Sin embargo, sigue siendo alta la deficiencia de micronutrientes, en particular de hierro, yodo y vitamina A. Se han reducido las tasas de mortalidad infantil y de fecundidad. Como consecuencia, en los próximos 25 años la población adulta crecerá más que cualquier otro grupo de edad, lo que obligará a las instancias normativas y a los administradores de programas a concentrarse en los problemas de salud de una población de edad avanzada y en los de la población tradicionalmente expuesta a riesgo formada por madres y niños malnutridos.

Como resultado de los cambios demográficos, la mayor urbanización y los continuos niveles elevados de pobreza, la desnutrición típica de los países en desarrollo coexiste con una generalizada prevalencia de enfermedades crónicas típicas de las sociedades industrializadas. Los pobres de las zonas urbanas sufren por estar en las peores condiciones de ambos mundos. Es preciso multiplicar las políticas y los programas existentes para enfrentar ambos desafíos en forma simultánea.

La seguridad nutricional significa no solamente que la población consuma suficientes calorías y nutrientes, sino que su alimentación esté bien equilibrada y sea de buena calidad. Para usar los nutrientes con eficiencia, debe estar bien cuidada y relativamente exenta de enfermedad. Con el fin de lograr seguridad nutricional para la población de América Latina, las instancias normativas deben tener en cuenta todos esos factores: seguridad alimentaria, prevención y control de las enfermedades, atención de salud y provisión adecuada de atención domiciliaria y comunitaria.

SEGURIDAD ALIMENTARIA

En general, los países latinoamericanos disponen de suficientes alimentos. Sin embargo, el acceso a ellos es otro asunto. Muchas familias urbanas carecen de los ingresos necesarios para comprar suficientes alimentos a precios corrientes para atender sus necesidades.

Varios países, incluso Bolivia, Guatemala y Haití, tienen todavía elevados niveles de malnutrición infantil. Aunque las tasas de malnutrición en las zonas urbanas suelen ser menores que en las rurales, existen grandes diferencias en las tasas de malnutrición de los diferentes grupos socioeconómicos dentro de las ciudades. Los datos de cuatro ciudades del Perú indican que los niños de las familias de ingresos mínimos tienen posibilidades de malnutrición de dos a nueve veces mayores que las de quienes pertenecen a familias de ingresos elevados.

La calidad de la alimentación también se ve afectada. Aunque los pobres gastan una mayor proporción de sus ingresos en comida, consumen menos calorías y nutrientes que las familias ricas, según estudios realizados en Lima, Perú, y Caracas, Venezuela. Los estudios hechos en Lima y Buenos Aires confirman que, a medida que aumentan sus ingresos, las familias consumen alimentos más costosos en reemplazo de otros de menor calidad. Por ejemplo, las familias urbanas de mayores ingresos suelen comer más frutas y verduras que las de menores ingresos, lo que podría ser un factor de importancia en la prevención de las enfermedades.

En las zonas urbanas, hasta 33% del presupuesto promedio de la familia urbana destinado a la compra de alimentos se gasta en alimentos preparados fuera de la casa, en restaurantes y por vendedores ambulantes. Es preciso tomar medidas para asegurarse de que esos alimentos sean nutritivos e inocuos.

PREVENCIóN DE ENFERMEDADES Y ATENCIóN DE SALUD

El acceso de la población a servicios adecuados de atención de salud y saneamiento tiene efectos favorables en su seguridad nutricional, especialmente si es pobre. La cobertura del sistema de atención de salud varía mucho de un país a otro en América Latina: por ejemplo, dicha cobertura se extiende a 96% de la población de Costa Rica, pero solo a 34% de la de Bolivia.

Después de las crisis económicas del decenio de 1980, el gasto público en atención de salud se ha reducido 22% en América Latina, cifra que representa una baja de $19 per cápita en 1980 a $15 per cápita en 1990 (en dólares de EE.UU. de 1988). Hoy en día, el ingreso de fuentes privadas paga más de la mitad de la atención de salud.

Casi todos los países han comenzado a reformar sus sistemas de atención de salud con la incorporación de prácticas más eficientes de financiamiento y administración, que reducirán la carga financiera de los gobiernos nacionales. Este proceso de reforma será gradual porque las comunidades tienen poca experiencia como participantes en la prestación de servicios de atención de salud.

A medida que crece la población urbana, la gente queda desplazada hacia la periferia de las ciudades, donde a menudo carece de acceso a servicios de abastecimiento de agua pura y saneamiento. El hacinamiento y la falta de vivienda se suman a los problemas de atención de salud. En promedio, en las zonas urbanas de América Latina, solamente 68% de las familias tienen agua potable y 43%, servicios de eliminación de desechos. En esas condiciones, son inevitables la falta de higiene y la contaminación de los alimentos.

Los problemas simultáneos de salud y saneamiento predominantes en las ciudades latinoamericanas amenazan con colmar la capacidad de respuesta de los sistemas de atención de salud que, al mismo tiempo, deben ocuparse de las deficiencias nutricionales. Conviene que las comunidades que hayan podido superar esos desafíos sirvan de modelo para ser adaptado a las condiciones locales por otras comunidades y extrapolado al nivel municipal.

ATENCIóN ADECUADA

La seguridad nutricional también depende de la capacidad de la gente para cuidarse a sí misma y cuidar a sus hijos. El conocimiento de los problemas sanitarios puede ser un elemento decisivo para mantener una buena salud, pero mucha gente de América Latina está mal informada al respecto. Por ende, conviene dar máxima prioridad a la educación en salud y nutrición.

Es posible que a medida que se intensifique su participación en la fuerza laboral, la mujer esté mejor capacitada para controlar los recursos dentro del hogar y aumentar el gasto en la nutrición, salud y educación de sus hijos, pero gaste menos en atención infantil directa, con efectos posiblemente negativos para la salud y nutrición de los niños. Como consecuencia, es importante tener organizaciones públicas y privadas locales que promuevan el bienestar de los niños y proporcionen el debido cuidado.

Además, las organizaciones comunitarias pueden contribuir a la seguridad alimentaria. En las zonas urbanas de la Argentina, México y el Perú, los comedores populares ofrecen servicios de alimentación. También se necesitan programas especiales de alimentación para las mujeres embarazadas y lactantes y los niños pequeños pobres.

DESAFíOS Y SOLUCIONES

América Latina enfrenta varios desafíos graves para la seguridad nutricional urbana:

La calidad y la cantidad de la alimentación de la población urbana suelen ser inadecuadas.

Algunos miembros de la familia, como las mujeres embarazadas o lactantes y los niños pequeños, son más vulnerables a los efectos de la mala alimentación que otros.

Las enfermedades crónicas y la obesidad a menudo coexisten con las enfermedades infecciosas y la desnutrición en las familias pobres del sector urbano.

Los sistemas de atención de salud se concentran en la atención curativa más que en la preventiva y no prestan suficiente servicio a los pobres.

Muchos de los pobres del sector urbano tienen acceso limitado a servicios de abastecimiento de agua limpia, saneamiento y alcantarillado y a vivienda adecuada.

La población urbana tiene poca información sobre la forma de mejorar la salud y la nutrición.

Para lograr seguridad nutricional en las zonas urbanas, es preciso fortalecer la capacidad local y optimizar los recursos disponibles en el ámbito de la familia, la comunidad y las instituciones. Las medidas deben concentrarse en lo siguiente:

educar al público en materia de salud, nutrición e higiene;

intensificar la participación local en actividades de mejoramiento de la salud, la alimentación y la seguridad nutricional;

movilizar los recursos locales para mejorar el diseño y la ejecución de actividades para promover la alimentación, la salud y la seguridad nutricional; y

mejorar el análisis, la evaluación y la investigación en los campos de salud y nutrición con el fortalecimiento de los sistemas de acopio de datos en las zonas urbanas.

Al prestar atención especial a la interacción de la malnutrición con la salud y hacer participar a las personas y a la comunidad en la creación de nuevas redes locales para prestar atención de salud, las ciudades latinoamericanas podrán progresar mucho hacia la erradicación de la malnutrición y la inseguridad alimentaria en el año 2020.

María Inés Sánchez-Griñán es nutricionista de salud pública del Ministerio de Salud en Lima, Perú.


2020 vision logo La iniciativa de la visión de la alimentación, la agricultura y el medio ambiente en el año 2020 ha sido lanzada por el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) para tener un punto de vista compartido y lograr consenso para la acción sobre la forma de atender las futuras necesidades mundiales de alimentos y, al mismo tiempo, reducir la pobreza y proteger el medio ambiente. Por medio de la iniciativa de la visión 2020, el IFPRI agrupa diversas corrientes de opinión sobre esos temas, genera investigaciones y formula recomendaciones. Los resúmenes 2020 presentan información sobre varios aspectos de esas cuestiones.

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