IFPRI: Vision 2020: Resumen 2020 No. 52, SEPTIEMBRE DE 1998
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2020 Noticias Y Opiniones Junio de 1998 Resumen 2020 No. 52
(Traducción del inglés)

Septiembre de 1998
Una Visión De La Alimentación, La Agricultura Y El Medio Ambiente En El Año 2020

El Control De Plagas Y La Producción De Alimentos:
Una Mirada Hacia El Futuro

Montague Yudelman, Annu Ratta y David Nygaard

La oferta de alimentos—especialmente de cereales—en los países en desarrollo tendrá que aumentar alrededor de 70% en el año 2020 para que la población prevista de 6.500 millones de personas de esas naciones goce de seguridad alimentaria. Se prevé que casi todo este aumento de la oferta de alimentos provendrá de los propios países en desarrollo. El logro de ese aumento proyectado exigirá tanto un incremento sostenido de los rendimientos de los principales cereales y legumbres como una reducción de las pérdidas de cultivos por causa de plagas.

Puesto que hay pocas oportunidades para ampliar el riego y la tierra cultivable productiva, las futuras estrategias tendrán que enfocarse en el aumento de la productividad de la tierra y los recursos hídricos disponibles. No habría un uso menos eficiente de esos recursos que invertir tiempo, dinero y esfuerzo en producir alimentos sólo para que las plagas los destruyan total o parcialmente (véase el cuadro). Según los niveles de pérdida y los costos que ello entrañe, el control mejorado de plagas parece ser un importante elemento estratégico para incrementar las existencias de alimentos disponibles en los países en desarrollo.

FALTA DE DATOS ADECUADOS

Un grave inconveniente para la formulación de una estrategia de mejora del control de plagas es la falta de conocimientos sobre las pérdidas reales causadas por las plagas y sobre las ganancias reales y potenciales que reporta ese control. Si las pérdidas generales ocasionadas por las plagas son hasta de 50%, como han indicado algunos investigadores, es posible que los gobiernos y las organizaciones como el Banco Mundial y el Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas Internacionales (CGIAR) necesiten dedicar más recursos a la disminución de las pérdidas. No obstante, si las pérdidas ocasionadas por las plagas son mucho menores, tal vez de 10 a 15% como afirman otros investigadores, quizá convenga dar menos prioridad al control de plagas que a otras inversiones en desarrollo agrícola.

Producción real y pérdidas estimadas de ocho cultivos durante 1988-90, por plaga y región
  Pérdidas ocasionadas por
Región Producción real Agentes patógenos Insectos Malezas Total

(En miles de millones de US$)
África 13,3 4,1 4,4 4,3 12,8
América del Norte 50,5 7,1 7,5 8,4 22,9
América Latina 30,7 7,1 7,6 7,0 21,7
Asia 162,0 43,8 57,6 43,8 145,2
Europa 42,6 5,8 6,1 4,9 16,8
Antigua Unión Soviética 31,9 8,2 7,0 6,7 22,1
Oceanía 3,3 0,8 0,6 0,5 1,9

Fuente: E. Oerke et al., Crop production and crop protection: Estimated losses in major food and cash crops (Amsterdam: Elsevier, 1995).

Una mejor estimación de las pérdidas de cultivos y de los costos y beneficios de la reducción de dichas pérdidas exigirá la creación de metodología apropiada y de sistemas de supervisión sobre el terreno, con criterios uniformes en zonas representativas que cubran un período razonable. Un banco de datos podría ayudar a establecer las prioridades que se asignarán a mejores operaciones de control de plagas. Las opiniones conflictivas sobre los costos y beneficios del control de plagas señalan la importancia de que esa iniciativa sea y se considere objetiva. Podría ser organizada por un órgano internacional, como la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) o el CGIAR, con sus responsabilidades mundiales de promoción de la seguridad alimentaria.

PLAGUICIDAS QUÍMICOS

El uso de plaguicidas químicos es y seguirá siendo importante para reducir las pérdidas de cultivos provocadas por plagas en los años venideros. El mercado de plaguicidas alcanza ahora cerca de US$30.000 millones anuales y alrededor de 80% de los plaguicidas empleados se aplican en los países desarrollados. En general se espera que aumente la demanda de plaguicidas a un ritmo acelerado a medida que los países en desarrollo intensifiquen la producción de cultivos para atender las necesidades nacionales. Esta expansión tal vez será estimulada por muchas de las fuerzas que han llevado a un rápido aumento del uso en el pasado: la importancia dada a las soluciones «químicas» de los problemas agrícolas; la promoción del uso de plaguicidas por los servicios de extensión; la gran habilidad para vender que tienen los distribuidores de plaguicidas; la ausencia casi total de inversiones en la búsqueda de sustitutos de los plaguicidas para la protección de los cultivos, especialmente en los países en desarrollo; y una mayor resistencia de las plantas a las plagas, lo que lleva al uso cada vez más intensivo de plaguicidas para evitar más pérdidas.

Hay una continua controversia con respecto al alcance de los efectos colaterales nocivos de los plaguicidas químicos. Las pruebas acumulativas del daño real y potencial y la presión real de los grupos ambientalistas han llevado a promulgar un reglamento más estricto sobre el uso de plaguicidas y a prohibir el empleo de algunos de esos productos, sobre todo en los países desarrollados. Como resultado, las principales sociedades transnacionales que dominan el mercado de plaguicidas invierten mucho en la elaboración de nuevos productos de espectro limitado, menos tóxicos y persistentes, de conformidad con normas reglamentarias más estrictas en sus principales mercados de América de Norte, Europa Occidental y el Japón.

Esos productos mejorados, más nuevos y costosos, tienen que competir en los países en desarrollo con otros más antiguos y baratos. Muchos de los productos antiguos son plaguicidas de uso general sin patente, que contienen compuestos peligrosos prohibidos en los países desarrollados. Estos reglamentos también pueden estar prohibidos en los países en desarrollo, pero su aplicación es sumamente laxa, por falta de un sólido movimiento en pro del medio ambiente y de partidos políticos «favorables a la ecología».

CONTROL INTEGRADO DE PLAGAS

La promoción del control integrado de plagas (CIP) sería una forma de reducir el uso de plaguicidas químicos. En la actualidad, después de más de 20 años de la introducción del concepto en los Estados Unidos, todavía no hay una definición de CIP de aceptación general. Algunos ven el CIP como parte de un amplio método conducente a una agricultura «sin sustancias químicas», mientras que otros lo consideran como un sistema en que el uso de plaguicidas químicos es más eficiente. Sin embargo, todos están de acuerdo en que el CIP exige una dependencia mucho mayor de métodos de control de plagas sin sustancias químicas.

Dada la actual dependencia con respecto a los plaguicidas químicos y la incertidumbre sobre muchos métodos no químicos, es poco probable que en los próximos decenios haya agricultura sin plaguicidas. Más bien es muy probable que las formas de CIP que se fomentarán incluyan una mayor dependencia de métodos biológicos y el uso prudente de algunos plaguicidas químicos. Se prestará más atención a la aplicación de las cantidades correctas de plaguicidas en el momento oportuno y a la protección de los enemigos naturales de las plagas. Al mismo tiempo, el CIP también incorporará el uso de sistemas de rotación de cultivos y de variedades resistentes a las plagas.

Las políticas que apoyan el CIP incluirán la eliminación de los sesgos existentes que fomenten el uso de plaguicidas (como las subvenciones para plaguicidas). Además, las actividades de investigación y desarrollo realizadas en el sector público tendrán que concentrarse en los sistemas de producción agrícola más eficaces compatibles con el CIP. Ante todo, sin embargo, los gobiernos deberán comprometerse a promover el CIP apoyando las mismas actividades educativas de amplio alcance necesarias para persuadir a millones de productores de que modifiquen sus métodos de control de plagas, creando metodología apropiada y enseñando prácticas de CIP que exijan amplios conocimientos.

BIOTECNOLOGÍA

Otro asunto importante con respecto al control de plagas en el futuro se centra en la función de la biotecnología en la producción de cultivos. En los próximos 20 años habrá un aumento sustancial del uso de plantas producidas con técnicas de ingeniería genética. Algunas de esas plantas se han producido de forma que la aplicación de herbicidas destruya las malezas pero no el cultivo económico. Otras plantas producidas con técnicas de ingeniería genética son resistentes a ciertas plagas, como los barrenadores del tallo y los nematodos, sin necesidad de plaguicidas. Se prevé que en otras se incorporará resistencia a los herbicidas y a los insectos en una sola semilla.

Los efectos generales en el uso de plaguicidas están por verse. Es probable que se amplíe el uso de herbicidas y disminuya el de ciertos insecticidas. Sin embargo, se ha expresado preocupación a efectos de que la rápida difusión de variedades mejoradas pueda hacer que la resistencia a las plagas, incluso el posible traslado de las cualidades genéticas de las plantas modificadas a las malezas, cree nuevas generaciones de malezas resistentes a los herbicidas. También se ha expresado preocupación por los efectos prolongados del mayor consumo de materiales alterados con técnicas de ingeniería genética para el ser humano y los animales.

OPCIONES PARA LOS PAÍSES EN DESARROLLO

El sector privado ha creado nuevas tecnologías en América del Norte y Europa. Los países en desarrollo tendrán un limitado número de opciones si desean aprovechar cualquier oportunidad que ofrezca la investigación biotecnológica. Una opción consiste en que los países más grandes y avanzados inviertan en investigaciones de biotecnología adaptadas a las circunstancias nacionales.

Otra opción será cerrar la brecha tecnológica por medio de arreglos para compartir nueva tecnología con las sociedades titulares de los derechos de propiedad intelectual correspondientes. Eso significaría alguna forma de asociación entre el sector público o privado de los países en desarrollo y los titulares de las patentes en los países desarrollados. Pero la transferencia de tecnología y nuevos productos bien puede depender de códigos legales en los países en desarrollo que reconozcan la inviolabilidad de las patentes y los derechos de propiedad intelectual, además del derecho de repatriación de los lucros.

LA FUNCIÓN DEL SECTOR PRIVADO

El sector privado será la fuerza motriz de la investigación y el desarrollo en lo que respecta a insumos agrícolas innovadores en los años venideros. Las consecuencias sociales del uso de los productos de la industria siguen siendo motivo de preocupación cuando la elaboración de productos socialmente aceptables eleva los costos y reduce los lucros. Por ende, un importante asunto futuro será la función que pueden o deben desempeñar los gobiernos y otros órganos, si existe alguna, para estimular a las sociedades transnacionales a producir insumos agrícolas que reduzcan los efectos colaterales nocivos sin detrimento de la producción. El logro de ese resultado bien podría significar ir en contra de la tendencia hacia la reducción del papel del sector público fomentando las asociaciones públicas y privadas para la elaboración de productos específicos. Se puede hacer lo posible por animar a las sociedades a asumir una responsabilidad importante ante la sociedad en general. Puede darse el caso de que la industria propiamente dicha acceda a crear y aplicar un código internacional que rija la elaboración y distribución de nuevos productos. En su defecto, los gobiernos de los países desarrollados y en desarrollo podrían establecer y aplicar colectivamente ese código.

CONCLUSIONES

Las instancias normativas interesadas en la protección eficaz de los cultivos tienen que equilibrar los beneficios sociales con los costos del uso de plaguicidas y para ello se necesita conocer mejor las pérdidas ocasionadas por las plagas. Las opciones para mejorar el control de plagas incluyen la fabricación de plaguicidas más benignos que los productos de uso corriente. El CIP promete ser el método más pragmático. Los gobiernos necesitan no sólo apoyar al CIP sino también reglamentar el uso de plaguicidas peligrosos. Los cultivos producidos con técnicas de ingeniería genética son muy prometedores pero deben observarse. Los países en desarrollo tendrán que invertir en su propia capacidad tecnológica o hacer arreglos con las sociedades para compartir la tecnología existente. Por último, habrá que encontrar la manera de fomentar la responsabilidad de las sociedades.

Montague Yudelman es investigador principal del Fondo Mundial para la Naturaleza y ex director de agricultura y desarrollo rural del Banco Mundial; Annu Ratta es consultora independiente y David Nygaard es director de Programas de Desarrollo Rural de la Fundación Aga Khan en Ginebra.

Este resumen se basa en el documento de trabajo No. 25 de la serie de la visión 2020, publicado con el mismo título.


2020 vision logo La iniciativa de la visión de la alimentación, la agricultura y el medio ambiente en el año 2020 ha sido lanzada por el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) para tener un punto de vista compartido y lograr consenso para la acción sobre la forma de atender las futuras necesidades mundiales de alimentos y, al mismo tiempo, reducir la pobreza y proteger el medio ambiente. Por medio de la iniciativa de la visión 2020, el IFPRI agrupa diversas corrientes de opinión sobre esos temas, genera investigaciones y formula recomendaciones. Los resúmenes 2020 presentan información sobre varios aspectos de esas cuestiones.

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