Fomento Del Bienestar Mundial:
Un Nuevo Paradigma Para Revitalizar El Desarrollo Aagrícola Y Rural
David D. Bathrick
A medida que el mundo se prepara para el nuevo milenio, todos los países tratan de adaptarse rápidamente a las necesidades cambiantes dentro del mercado mundial caracterizado por una movilidad cada vez mayor. Tras años de sesgos estructurales y desinterés general en el sector agrícola del mundo en desarrollo, el comercio mundial está forzando ahora a las economías agrarias más pobres a evaluar sus ventajas comparativas naturales y a adaptarse sin demora. Hoy en día se necesitan estructuras, políticas y estrategias casi revolucionarias para hacer frente a esas dificultades. Si bien la opinión aquí expresada recalca que los cambios en curso ofrecen vastas oportunidades, también se reconoce que muchos productores y residentes de las zonas rurales carecen de la experiencia, la pericia y el apoyo financiero necesarios para adaptarse a las nuevas condiciones. La tarea de abordar tan abrumadoras necesidades dentro de un marco integral se convierte en una actividad crítica para el futuro bienestar del mundo.
El punto central del nuevo paradigma es la rápida transición mundial de mercados cerrados orientados hacia el ámbito nacional (protegidos y subvencionados) a mercados mundiales abiertos (competitivos y menos subvencionados). Dado este impresionante contraste, el nuevo paradigma exige la introducción rápida de nuevas premisas y estrategias de trabajo radicalmente distintas, en particular por su relación con el sector agrícola en proceso de evolución.
Se reconoce que el proceso en curso en el mundo es complejo y que las experiencias en materia de transformación económica son limitadas. Sin embargo, los dirigentes políticos, los organismos donantes, los intereses empresariales y los profesionales del desarrollo necesitan aprovechar el momento y comenzar con debates, una reforma estructural acorde con la situación y desarrollo de nuevos programas.
PARADIGMAS ANTIGUOS Y NUEVOS
Con el fin de entender la magnitud de los cambios en marcha, se necesita una breve comparación de los sistemas económicos predominantes en los decenios de 1950 a 1970 y en el de 1990. De los años cincuenta a los setenta, predominó la estrategia económica de «sustitución de importaciones» en la mayoría de los países en desarrollo. Esa estrategia, formulada alrededor de la creación de una base de producción industrial urbana destinada a atender solamente unas pocas necesidades del mercado nacional, exigió sobrevaloración de los tipos de cambio, controles de precios ineficientes, medidas proteccionistas, altas tasas de impuestos y varios subsidios para poder sostenerse. Los planificadores del gobierno promulgaron estrategias de desarrollo centralizadas. En muchos casos, las entidades gubernamentales o paraestatales dirigieron servicios ineficientes que tuvieron graves efectos en la industria, los servicios públicos, la banca y los servicios de apoyo a la agricultura. El sector privado, como fuerza dinámica de inversión, quedó marginado con frecuencia, pero las organizaciones gubernamentales ejercieron influencia directa en la movilización y asignación de capital.
A pesar de los éxitos de la Revolución Verde, el desarrollo nunca alcanzó su potencial por causa del marco de política fiscal y de inversión predominante. Ya en el decenio de 1970 eran comunes las señales de fatiga y tensión económicas. Tantos años de estructura económica cada vez más ineficiente e inflexible exigían una reforma estructural fundamental. En los años ochenta, las reformas de ajuste estructural dieron lugar a reformas de política macroeconómica destinadas a estimular las inversiones del sector privado y a vigorizar los mercados. Esas reformas económicas, acompañadas de tratados de comercio regionales y mundiales, se unieron para crear un punto decisivo en sentido estructural. Se abrió el escenario para un nuevo paradigma de desarrollo económico. Algunos países en desarrollo comenzaron a darse cuenta de sus ventajas comparativas. Para ellos, la agricultura se ha convertido en un sector destacado o de vanguardia. El rápido crecimiento de esas economías muestra generalmente vínculos favorables entre una reforma satisfactoria y el PIB, las exportaciones y la tasa de crecimiento agrícola. Los países con una actuación promedio o inferior al promedio no muestran esa relación.
El surgimiento del nuevo paradigma a fines del decenio de 1980 ha significado una separación de las economías dirigidas y de su ineficiencia e inflexibilidad. Los sistemas económicos están cada vez más impulsados por la demanda y son más sensibles a los mercados nacionales, regionales e internacionales. En los principales campos de desarrollo, el nuevo paradigma ha llevado a prestar mayor atención al sector privado, a las fuerzas del mercado, a la agricultura y a su integración con la economía ampliada. Por ejemplo, en el campo de sistemas de mercado, el método antiguo dependía de las organizaciones paraestatales o de otras sujetas a la influencia del gobierno que no prestaban servicios adecuados ni fomentaban el establecimiento de infraestructura rural ni dejaban campo para el sector privado. El nuevo método no está obligado a seguir los pasos de esta primera era de «producción y venta» dirigidas por el gobierno. Más bien, recalca el conocimiento de las necesidades del consumidor, la información actualizada sobre el mercado, el vínculo de los mercados locales, nacionales e internacionales y la rápida mejora de los caminos de la finca al mercado y de otras instalaciones.
LA FUNCIÓN DE LA AGRICULTURA EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
Al separarse del pasado reciente, la «agricultura», vista como un sistema de producción alimentaria y agroindustrial, ha surgido como un sector económico de importancia en muchos países en desarrollo (véase el cuadro). Pero sus beneficios no tienen una base tan amplia como la que podrían tener. La mayoría de los pequeños y medianos productores, que comprenden de 30 a 80% de la fuerza laboral en la mayoría de los países pobres, y las familias no agrícolas del sector rural están mal preparadas para recibir los beneficios más amplios de los cambios en agricultura o responder a competidores antes desconocidos. Además, los productores distantes que quizá son más eficientes, tienen ahora más oportunidades para entrar al mercado o ampliar su participación en éste. Sin embargo, si los países en desarrollo emplean la iniciativa con la energía necesaria y hacen grandes reformas estructurales internas, proporcionando enseñanzas prácticas, instrumentos e infraestructura a los pequeños y medianos agricultores y a la agroindustria con la capacidad necesaria, y facilitando la inversión privada, estarán en mejores condiciones de hacer frente a dificultades sin precedentes.
En este medio complejo e interconectado, se hace esencial para las economías desarrolladas y en desarrollo ampliar mucho su apoyo a la agricultura y al sector rural del mundo en desarrollo. El crecimiento económico de los países desarrollados está vinculado en medida aún mayor a la expansión de las ventas en los países en desarrollo agrarios en su mayor parte.
Con un marco de política económica más impulsado por el mercado, la agricultura es la clave para facilitar la expansión del comercio mundial y del crecimiento del PIB. En este paradigma, la agricultura ayuda a generar ingresos y empleos para la parte más pobre de la población, a facilitar el uso de prácticas más apropiadas de aprovechamiento de la tierra y los recursos naturales y a proporcionar beneficios sociales más amplios dentro de un marco político cada vez más descentralizado.
Participación de la agroindustria en el PIB, países selectos
|
|
|
Participación en el PIB
|
|
|
País
|
Agricultura
|
Manufacturas y servicios relacionados con la agricultura
|
Toda la agroindustria
|
Participación de las manufacturas y los servicios en la agroindustria
|
(porcentaje)
|
|
Filipinas
|
21
|
50
|
71
|
70
|
|
India
|
27
|
41
|
68
|
60
|
|
Tailandia
|
11
|
43
|
54
|
79
|
|
Indonesia
|
20
|
33
|
53
|
63
|
|
Malasia
|
13
|
36
|
49
|
73
|
|
Corea del Sur
|
8
|
36
|
44
|
82
|
|
Chile
|
9
|
34
|
43
|
79
|
|
Argentina
|
11
|
29
|
39
|
73
|
|
Brasil
|
8
|
30
|
38
|
79
|
|
México
|
9
|
27
|
37
|
75
|
|
Estados Unidos
|
1
|
13
|
14
|
91
|
|
|
Fuente:
|
Pryor y T. Holt. Agribusiness as an Engine of Growth. USAID. Próximo a publicarse (1998).
|
|
Nota:
|
Toda la agroindustria se define como agricultura más la participación de las manufacturas y los servicios relacionados con la agricultura.
|
EL NUEVO PARADIGMA: ¿QUÉ DEBE HACERSE?
Para hacer el cambio decisivo hacia los mercados, los gobiernos nacionales deben convencerse de que las reformas estructurales fundamentales están en sus intereses nacionales. No siempre será fácil aceptarlo y, en ese sentido, los donantes necesitarán desempeñar una función más dinámica y ejercer más vigilancia. Los productores, el sector privado y los inversionistas en la agroindustria, las ONG y las universidades de los países desarrollados y en desarrollo también tendrán que desempeñar funciones de mutuo beneficio. Los temas conceptuales para formular el paradigma de desarrollo agrícola del siglo XXI son los siguientes:
- El papel del mercado se convierte en un asunto de importancia.
- El desarrollo agrícola y rural es indispensable para un amplio crecimiento económico.
- La agricultura exige una visión que traspasa los límites de los métodos tradicionales del sector basados en la producción.
- Se debe acabar con el legado común de sustitución de las importaciones para optimizar las respuestas al nuevo orden económico.
- Se necesitan nuevas funciones públicas y privadas para facilitar las inversiones y atender las necesidades de capital.
- Los países donantes deben demostrar un compromiso apropiado para aprovechar las nuevas oportunidades y atender las necesidades predominantes.
- Los programas de ayuda externa deben ir más allá de los límites de la premisa de «asistencia» para aprovechar las oportunidades de crecimiento de mutuo beneficio.
Ha llegado la hora de abandonar el medio macropolítico que existe ahora en todo el mundo y comenzar a realizar una serie de actividades complementarias particulares del sector. Esas actividades harán extenso uso de inversiones del sector privado, generadas en su mayor parte por productores que, en esta coyuntura, deberán recibir apoyo nacional y de donantes. En el afán de aprovechar las oportunidades existentes, puede haber una tendencia a dejar de lado algunos programas que antes se consideraban apropiados. Sin embargo, debe evitarse caer en esa tentación porque podría ser contraproducente. Más bien, hay que tener presente una serie de elementos programáticos importantes, esenciales para crear los nuevos sistemas de producción alimentaria y agroindustrial:
- Crear la capacidad de presentar y promover estratégicamente la ventaja comparativa y la competitividad nacionales.
- Establecer un marco de política apropiado y vínculos de apoyo mutuo con otros sectores para velar por la máxima eficacia de las actividades de desarrollo.
- Adquirir conocimientos prácticos de administración y comercialización y crear los servicios de apoyo necesarios para mejorar las oportunidades de desarrollo locales.
- Crear dinámicos sistemas de mercado y servicios de infraestructura complementarios.
- Establecer amplios mercados financieros en el sector rural.
- Crear tecnología agrícola impulsada por el mercado para lograr crecimiento.
- Utilizar las prácticas de ordenación de los recursos naturales para intensificar el uso sostenible.
- Formular otras estrategias de inversión, crecimiento y asistencia social para incrementar el bienestar de la población rural.
El nuevo paradigma no se institucionalizará pronto a menos que se contraiga un rápido compromiso de alto nivel para forjar el nuevo sistema. Los principales ajustes descritos deberán ocurrir durante un período de mucho riesgo e incertidumbre. Se ha lanzado el nuevo sistema económico mundial y hay muchas esperanzas de que será la base de mayor bienestar económico sostenible en sus aspectos social, ambiental y político. Está en juego la exitosa transformación de centenares de millones de agroindustrias y el empleo remunerado de un número similar de residentes de las zonas rurales, muchos de los cuales están mal preparados para atender las nuevas exigencias.
Los dirigentes de las comunidades desarrolladas y en desarrollo y sus organismos donantes tienen ahora una oportunidad especial de trazar el rumbo de un siglo más sostenible y próspero. Los países desarrollados, muchos de los cuales aprovechan los vínculos internacionales tradicionales y sus experiencias de crecimiento basado en el mercado, y algunos con grandes logros anteriores en materia de desarrollo agrícola internacional deben apoyar y ayudar a coordinar el proceso de transformación mundial con urgencia. En virtud de esa iniciativa, mejorarán mucho las perspectivas de máximo bienestar mundial.
David Bathrick es jefe del grupo de Winrock International en Lima, Perú.
Este resumen se basa en el documento de trabajo No. 26 de la serie de la visión 2020.