IFPRI: Vision 2020: Resumen 2020 No. 58, Febrero de 1999
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visión 2020 sínteses de políticas
2020 Noticias Y Opiniones Junio de 1998 Resumen 2020 No. 58
(Traducción del inglés)

Febrero de 1999
Una Visión De La Alimentación, La Agricultura Y El Medio Ambiente En El Año 2020

Degradación Del Suelo:
Una Amenaza Para La Seguridad Alimentaria De Los Países en Desarrollo En El Año 2020?

Sara J. Scherr

En el año 2020 la población mundial será un tercio mayor que en 1995, pero la demanda de alimentos y fibra aumentará en proporción aún más elevada, a medida que crezca el ingreso, se diversifique la alimentación y se acelere la urbanización. De cualquier modo que se atienda esa demanda, se intensificará mucho la presión ejercida por la población y la actividad agrícola en la tierra. En algunos medios existe una profunda preocupación de que la baja de la productividad del suelo a largo plazo ya haya comenzado a imponer graves limitaciones a la producción alimentaria del mundo en desarrollo y de que el problema empeore.

A pesar de la mayor atención prestada por el público a esa cuestión y del compromiso adquirido por los especialistas en aprovechamiento de la tierra, muchas autoridades normativas siguen sin convencerse de que la degradación de los terrenos agrícolas exige atención prioritaria. Por lo común, consideran que la calidad del suelo no constituye un objetivo de política por derecho propio, sino como insumo para lograr otros fines. Antes de tomar medidas concretas, necesitan entender claramente las prioridades en materia de política e investigación, es decir, qué regiones geográficas y qué sistemas de explotación agrícola sufren qué clase de problemas de degradación y qué tan importantes son esos problemas en relación con las demás dificultades que afronta el sector agrícola.

LA MAGNITUD Y LOS EFECTOS DE LA DEGRADACIóN DEL SUELO

La población humana emplea aproximadamente 8.700 millones de hectáreas de terrenos alrededor del mundo. Cerca de 3.200 millones de hectáreas son potencialmente laborables, de las cuales un poco menos de la mitad se emplea para producción de cultivos. Los 1.700 millones restantes de terrenos que ofrecen posibilidades de cultivo, junto con la mayor parte de los no cultivables, están constituidos por praderas, bosques y tierras arboladas. En estudios mundiales recientes se estima que la calidad del suelo de 75% de los terrenos agrícolas del mundo ha sido relativamente estable desde mediados del siglo XX. Sin embargo, en el resto, la degradación se ha propagado a un ritmo acelerado en los últimos 50 años. La productividad ha disminuido mucho en cerca de 16% de los terrenos agrícolas de los países en desarrollo, sobre todo en los campos cultivados de áfrica y América Central, las praderas de áfrica y los bosques de América Central. Casi 75% de los terrenos agrícolas de América Central, 20% de los de áfrica y 11% de los de Asia han sufrido degradación grave.

Aunque la importancia económica de esta degradación observada ha sido tema de debate por mucho tiempo, sólo en época reciente se ha publicado un extenso número de obras sobre la materia. Una reseña bibliográfica del tema, aun con sus limitaciones, indica que los efectos económicos pueden ser mucho más importantes de lo que se creía.

Se estima que la pérdida acumulativa de productividad de la tierra cultivada como consecuencia de la degradación del suelo en los últimos 50 años se acerca a 13% y la de praderas, a 4%. Las pérdidas de rendimiento de los cultivos en áfrica entre 1970 y 1990 solamente como consecuencia de la erosión causada por el agua se estiman en 8%. En varios estudios subregionales se ha documentado la enorme baja agregada de los rendimientos agrícolas por causa de la degradación en muchas regiones de áfrica, China, Asia Meridional y América Central. Un modelo agrícola mundial indica que un leve aumento de la degradación en relación con la tendencia básica podría ocasionar un alza de 17 a 30% en los precios mundiales de los principales productos alimentarios en el año 2020 y una mayor tasa de malnutrición infantil.

Además de repercutir en la oferta agregada de alimentos, la degradación del suelo disminuye el ingreso agrícola y el crecimiento económico. Las estimaciones del total de la pérdida económica anual por causa de la degradación en Asia Meridional y Sudoriental oscilan entre menos de 1 y 7% del producto interno bruto agrícola (PIBA). Como más de la mitad de los terrenos de esa región no están afectados por la degradación, los efectos económicos en las regiones en proceso de degradación, al parecer, serían bastante graves. Las estimaciones correspondientes a ocho países africanos muestran pérdidas económicas anuales que varían entre menos de 1% del PIBA en Madagascar y 9% en Zimbabwe. En los modelos que simulan los efectos de la degradación del suelo en Ghana y Nicaragua se observa que el crecimiento económico anual se reduce cerca de un punto porcentual. No se han estudiado a cabalidad los efectos de la degradación del suelo en el medio ambiente y en el patrimonio nacional representado por los suelos a plazo más largo, pero es posible que intensifiquen el efecto económico.

Puesto que la población pobre depende mucho de la agricultura, los cultivos anuales (que suelen degradar los suelos más que los perennes) y los terrenos de propiedad comunal (que, por lo general, se degradan más que los terrenos manejados por particulares), y a menudo carece de la capacidad para hacer inversiones en mejoramiento de la tierra, suele verse más afectada que otros segmentos de la sociedad por la degradación del suelo. Por ejemplo, en áfrica Occidental, la proporción de niños que mueren antes de los cinco años es mucho mayor (pasa de 30%) en las regiones con un alto grado de degradación del suelo. Sin embargo, no se ha estudiado detalladamente el vínculo entre la pobreza y la calidad del suelo.

LA DEGRADACIóN DEL SUELO EN EL FUTURO

En general, la degradación puede representar solamente una modesta amenaza para la oferta y el comercio mundiales agregados de alimentos en el año 2020 por causa de la capacidad mundial de sustitución de la oferta y del dominio de las regiones templadas menos degradadas en el comercio mundial de alimentos. Sin embargo, los precios mundiales de los alimentos y la malnutrición pueden aumentar porque la expansión de la tierra y el desarrollo tecnológico no compensan la menor productividad del suelo.

Es posible que la degradación del suelo en el futuro tenga su máximo efecto en el ingreso agrícola a medida que se reduzcan los rendimientos y aumenten los costos de los insumos en las tierras regadas, las de secano de alta calidad y las densamente pobladas de baja calidad. Los países o subregiones que dependen de la agricultura como la fuerza motora del crecimiento económico probablemente serán los más afectados. La degradación será una amenaza para el consumo, sobre todo, de los agricultores pobres. Los mayores problemas ocurrirán tal vez en las tierras marginadas densamente pobladas de áfrica al Sur del Sahara y Asia, especialmente donde los mercados son menos desarrollados y los insumos industriales son costosos.

Las estimaciones de la pérdida de tierra por causa de la degradación varían mucho, de 5 a 12 millones de hectáreas al año. Suponiendo que la pérdida de tierra continúe al ritmo actual, se estima que en el año 2020 cesaría la producción en otros 150 a 360 millones de hectáreas. Pero como gran parte de esas extensiones son terrenos de baja calidad, la mayor preocupación sería una acusada baja de la calidad de los suelos que permanezcan en producción. Los países con extensas zonas de terrenos agrícolas de alta calidad, a saber, el Brasil, China, la India, Indonesia y Nigeria, quizá tengan que preocuparse menos por las pérdidas de la riqueza del suelo a largo plazo que por los efectos económicos más inmediatos de la degradación. No obstante, los 57 países en desarrollo con alta presión demográfica en la tierra y solamente de 1 a 10 millones de hectáreas de tierra cultivable y los 38 países con menos de 1 millón de hectáreas quizá deban considerar no solamente la posibilidad de concentrarse más en la protección del suelo, sino también de establecer programas a largo plazo para proteger y mejorar la calidad de algunos de sus terrenos vulnerables.

PRIORIDADES EN MATERIA DE POLíTICA E INVESTIGACIóN

Un paso necesario aunque no siempre suficiente para combatir la degradación del suelo consiste en poner en práctica políticas que apoyen un desarrollo agrícola amplio e intensifiquen los incentivos dados a los agricultores y aumenten la capacidad de inversión en mejoramiento de la tierra. Entonces, muchos problemas de degradación del suelo podrían "corregirse naturalmente" en gran medida al llegar el año 2020. En algunas regiones, un medio político que fomente la divulgación de información sobre prácticas apropiadas de manejo de la tierra ya existentes y apoye la investigación sobre tecnología para reducir los costos de conservación puede ser suficiente para abordar las preocupaciones con respecto a la degradación. Sin embargo, también se necesitan políticas e inversiones enfocadas en medios de desarrollo, sistemas de explotación agrícola, tipos de suelo y grados de degradación específicos.

Las medidas políticas en las tierras densamente pobladas pero de baja calidad se centran en mejorar la calidad del suelo como elemento clave para incrementar los rendimientos y reducir el riesgo y la variabilidad de los rendimientos; corregir el agotamiento de nutrientes con una mayor aplicación de los necesarios, incluso de materia orgánica, y mejorar la eficiencia del uso de nutrientes; buscar sin demora fuentes de nutrientes vegetales de bajo costo para reemplazar o suplementar el uso de fertilizantes en las zonas distantes de los mercados y para beneficio de los agricultores dedicados a la producción de subsistencia; y ayudar a los agricultores a organizarse y a financiar la inversión en mejoramiento de la tierra. Las prioridades en materia de investigación comprenden el establecimiento de sistemas de manejo de nutrientes en suelos particulares, el uso de técnicas de bajo costo para la rehabilitación del suelo, la introducción de métodos económicos para incorporar más plantas perennes a los terrenos agrícolas, la creación de sistemas lucrativos de manejo de terrenos forestales y de pastoreo en cada localidad y la documentación y el uso compartido de prácticas eficaces de manejo de suelos, provenientes de los sistemas de explotación agrícola intensiva, con los agricultores en proceso de transición a esos sistemas.

Las dos medidas prioritarias en materia de política para combatir la degradación de los suelos regados son bastante bien conocidas: (1) mejorar los regímenes de aprovechamiento de agua en los diversos sistemas de explotación y la finca y (2) hacer inversiones en sistemas de desagüe apropiados donde no se haya hecho. Se debe planear la exclusión de los terrenos afectados por degradación irreversible con mínimo trastorno para las comunidades agrícolas. Entre las prioridades de investigación cabe citar el estudio de los problemas de agotamiento de micronutrientes y de otros factores relacionados con el suelo que puedan llevar a estancar los rendimientos, la búsqueda de regímenes eficaces de aprovechamiento del agua, el establecimiento de métodos de bajo costo para controlar o impedir la salinización y la búsqueda de otras formas de utilización de las tierras salinas.

Las políticas relativas a los terrenos de secano de alta calidad incluyen, por una parte, una mejor integración del desarrollo de tecnología y la extensión para el crecimiento de la productividad y, por otra, buenas prácticas de manejo del suelo, uso de maquinaria agrícola y manejo de sustancias agroquímicas; la creación de mecanismos basados en el mercado para mejorar los sistemas de distribución de fertilizantes que reduzcan el costo y mejoren el equilibrio de nutrientes; y el fomento del uso complementario de nutrientes orgánicos. Entre las prioridades de investigación cabe citar la formulación de recomendaciones y el desarrollo de tecnología de manejo de fertilizantes y nutrientes orgánicos para suelos, climas y cultivos particulares; la búsqueda o explotación de fuentes de nutrientes orgánicos de bajo costo para los pequeños productores; y el diseño de biotecnología y otros adelantos técnicos para incorporación a los sistemas de manejo de recursos sostenibles.

Gran parte de la política necesaria para promover una mejor calidad del suelo en la agricultura urbana y periurbana se centra en reglas de zonificación, acceso a la tierra, controles de la conversión de los terrenos agrícolas y reglamentación referente a la eliminación de desechos de sustancias agroquímicas y de productos de origen animal. Las prioridades de investigación comprenden el diseño de tecnología para mejorar la utilización de desechos del sector urbano en el manejo de los nutrientes del suelo y la alimentación animal, reducir al mínimo el uso de sustancias agroquímicas tóxicas, controlar las enfermedades del ganado en el medio urbano y establecer barreras físicas e institucionales para proteger los terrenos agrícolas contra los contaminantes del suelo en las zonas urbanas.

En los sistemas con explotación agrícola extensiva en terrenos marginados, las políticas deben destinarse a limitar el daño que causan las prácticas agrícolas al medio ambiente con un costo mínimo para los agricultores; ayudar a los agricultores a hacer la transición hacia sistemas basados en breves períodos de barbecho o sistemas de cultivo permanente que sean más sostenibles; elevar el valor de los productos forestales y arbóreos para reducir el desbroce de terrenos, aumentar los ingresos locales e iniciar una transición a largo plazo hacia una economía basada en cultivos permanentes; y ampliar las oportunidades de empleo para los cultivadores sin tierra fuera del campo de la agricultura. Las prioridades de investigación incluyen desarrollo de tecnología para explotación agrícola con pocos insumos, productos de alto valor que fomenten la concentración espacial de la producción; e institución de sistemas de manejo de cultivos, bosques o praderas que permitan alcanzar los objetivos económicos locales y ambientales más amplios.

En muchas regiones en estado de degradación, al parecer, no hay otros medios de ganarse vida, como tampoco fuentes de oferta de alimentos ni potencial de desarrollo no agrícola. Aunque la degradación del suelo presenta un problema particular para los pobres y, a veces, es el resultado la pobreza, al parecer, sus efectos pueden tener graves consecuencias para el desarrollo económico general en algunos países. Se necesitará una activa intervención en materia de política para evitar las consecuencias más graves de la degradación del suelo y aprovechar el mejoramiento de la tierra para realizar una actividad de desarrollo más amplia. Las prioridades nacionales en materia de política variarán mucho y deben ser determinadas por la dotación de recursos de cada país, la estructura de la oferta de productos agrícolas, la distribución geográfica de la pobreza y las principales fuentes agrícolas de crecimiento económico.

Sara J. Scherr es investigadora visitante del Departamento de Economía Agrícola y de Recursos Naturales, Universidad de Maryland, College Park, EE.UU. Este resumen se basa en el documento de trabajo No. 27 de la serie de la visión 2020 del mismo título


2020 vision logo La iniciativa de la visión de la alimentación, la agricultura y el medio ambiente en el año 2020 ha sido lanzada por el Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (IFPRI) para tener un punto de vista compartido y lograr consenso para la acción sobre la forma de atender las futuras necesidades mundiales de alimentos y, al mismo tiempo, reducir la pobreza y proteger el medio ambiente. Por medio de la iniciativa de la visión 2020, el IFPRI agrupa diversas corrientes de opinión sobre esos temas, genera investigaciones y formula recomendaciones. Los resúmenes 2020 presentan información sobre varios aspectos de esas cuestiones.

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