El Crecimiento Agrícola, El Alivio De La Pobreza Y La Sostenibilidad Del Medio Ambiente:
Fines A Nuestro Alcance
Peter Hazell
Muchos países en desarrollo han alcanzado impresionantes tasas de crecimiento agrícola en los últimos decenios. Por ejemplo, Asia se vio amenazada por el hambre y un estado de inanición general en el decenio de 1960, pero ahora es autosuficiente en la producción de alimentos básicos, aunque su población ha aumentado a más del doble. A pesar del éxito logrado, existe una profunda preocupación por el futuro. El hambre y la malnutrición persisten en muchos países, a menudo porque los antiguos patrones de crecimiento agrícola no bastaron para beneficiar debidamente los pobres o dejaron de hacerlo. Los aumentos previstos de la demanda de productos agrícolas, junto con el crecimiento demográfico y el aumento del ingreso per cápita, exigirán un continuo incremento de la productividad agrícola, aunque se ha comprobado que el crecimiento de los rendimientos se ha desacelerado y que hay pocas posibilidades de mayor expansión de las zonas cultivadas y regadas. Si no se controlan, los problemas ambientales relacionados con la agricultura podrían convertirse en una amenaza para las futuras tasas de productividad agrícola e imponer elevados costos en materia de salud y conservación del medio ambiente en las esferas nacional e internacional.
El crecimiento agrícola continuo es una necesidad, no una opción, para la mayoría de los países en desarrollo. Sin embargo, no debe poner en peligro la base de recursos naturales ni imponer costosas externalidades a otros sectores. Debe ser equitativo para que ayude a aliviar la pobreza y la inseguridad alimentaria. Las tres metas fijadas, a saber, el crecimiento agrícola, el alivio de la pobreza y la sostenibilidad del medio ambiente, no son necesariamente complementarias y no se puede dar por seguro su logro en forma simultánea. Aunque mucho depende de las circunstancias sociales, económicas y agroecológicas particulares, hay más probabilidades de lograr un alto grado de complementariedad cuando el desarrollo agrícola (1) tiene una base amplia y comprende fincas pequeñas y medianas, (2) es impulsado por el mercado, (3) es participatorio y descentralizado y (4) es impulsado por el cambio tecnológico que fomenta la productividad de los factores pero no degrada la base de recursos. Ese crecimiento puede reducir los precios de los alimentos y, al mismo tiempo, aumentar el ingreso agrícola; tiene un alto coeficiente de empleo e incrementa la demanda real de bienes y servicios no alimentarios, particularmente en las pequeñas ciudades y los centros de mercado. Al reducir la pobreza y promover la diversificación económica en las zonas rurales, también alivia la carga impuesta a la base de recursos naturales por las necesidades de sustento.
LOS CINCO ELEMENTOS DEL CRECIMIENTO AGRíCOLA
Los requisitos para el desarrollo agrícola amplio se entienden razonablemente bien y no deben relegarse al olvido en la actual búsqueda de sostenibilidad del medio ambiente. Por su importancia se analizan brevemente aquí.
En los decenios de 1950 y 1960, el interés de las autoridades normativas y los especialistas en desarrollo agrícola se centró principalmente en el crecimiento, y las lecciones emanadas de esa experiencia pueden resumirse en los cinco elementos del desarrollo agrícola.
Innovación. Sólidos sistemas nacionales de investigación y extensión agrícolas (públicos y privados) para generar y divulgar tecnología de mejoramiento de la productividad.
Infraestructura, particularmente buenos sistemas viales y de transporte.
Insumos. Sistemas eficientes de prestación de servicios agrícolas, especialmente los relacionados con insumos agrícolas modernos, elaboración de productos agrícolas, agua de riego y crédito.
Instituciones. Mercados liberalizados eficientes que proporcionen a los agricultores fácil acceso a los mercados nacionales e internacionales e instituciones públicas que cumplan una labor eficaz para prestar servicios importantes donde no puedan delegarse al sector privado.
Incentivos. Formulación de políticas macroeconómicas, comerciales y sectoriales acertadas, que no perjudiquen a la agricultura.
MODIFICADORES DE LA EQUIDAD: REDUCCIóN DE LA POBREZA POR MEDIO DEL DESARROLLO AGRíCOLA
En los decenios de 1970 y 1980, las autoridades normativas y los especialistas en desarrollo comenzaron a concentrarse en la forma de emplear el desarrollo agrícola para reducir la pobreza, fomentar la seguridad alimentaria y contribuir el crecimiento. Las lecciones surgidas de esa época pueden resumirse en seis «modificadores de la equidad» del crecimiento agrícola:
- Promover el desarrollo agrícola de base amplia. Hay pocas economías de escala en el sector de producción agrícola de los países en desarrollo (a diferencia de las logradas en los sectores de elaboración y comercialización). Por ende, es atractivo concentrarse en la finca familiar por razones de equidad y de eficiencia. Pero conviene dar prioridad a las fincas pequeñas y medianas en las actividades de investigación y extensión agrícolas financiadas con fondos públicos, así como en las de comercialización, crédito y suministro de insumos.
- Emprender una reforma agraria cuando sea necesario. Se puede necesitar esa reforma, en particular con programas de redistribución con asistencia del mercado, donde los terrenos productivos se concentren casi exclusivamente en las fincas de gran tamaño.
- Invertir en capital humano, por ejemplo, en programas de educación, abastecimiento de agua pura, atención de salud, planificación familiar y nutrición en las zonas rurales, para aumentar la productividad de los pobres y ampliar sus oportunidades de empleo remunerado.
- Asegurarse de que los programas de extensión y educación agrícolas, crédito y asistencia a pequeñas empresas lleguen a la mujer del sector rural, ya que ella desempeña una función importante en las actividades agrícolas y otras afines.
- Permitir que todos los interesados del sector rural (no solamente los ricos y poderosos) participen en el establecimiento de prioridades para inversiones públicas de las que esperen beneficiarse o que pretendan ayudar a financiar.
- Fomentar activamente el concepto de economía no agrícola rural. Esa economía no solamente es una importante fuente de ingresos y empleo en las zonas rurales, sobre todo para los pobres, sino que se beneficia de potentes multiplicadores del ingreso y del empleo cuando crece la agricultura. En muchos países, los posibles efectos multiplicadores están limitados por códigos de inversión y legislación conexa en los que se discrimina a las pequeñas empresas rurales no agrícolas.
MODIFICADORES AMBIENTALES PARA EL DESARROLLO AGRíCOLA SOSTENIBLE
La nueva prioridad de la sostenibilidad del medio ambiente que ha surgido en el decenio de 1990 no niega la necesidad de que la agricultura siga contribuyendo al crecimiento, al alivio de la pobreza y a una mayor seguridad alimentaria; pero ahora se exige que la agricultura haga todo eso de una forma que no degrade el medio ambiente. Además de los cinco elementos del crecimiento agrícola y los seis modificadores de la equidad (en este caso no se permite abreviar nada), actualmente se necesitan ocho modificadores ambientales para el desarrollo agrícola sostenible. Todavía hay que elaborar detalladamente esos modificadores y ensayarlos para adquirir experiencia en el campo del desarrollo. Hasta cierto punto, el proceso está aún en la fase de investigación y diseño.
- Dar mayor prioridad a las regiones atrasadas en materia de desarrollo agrícola, aunque muchas puedan ser carentes de recursos. Considerando el rápido crecimiento demográfico y las pocas oportunidades de trabajo fuera de la finca, en los próximos decenios el crecimiento agrícola será el único medio viable de atender las necesidades alimentarias y de subsistencia de poblaciones cada vez mayores en muchas regiones atrasadas. Si se deja de hacer eso, habrá emigración excesiva, que agravará los problemas de los barrios pobres urbanos ya sobrecargados. Esa situación también llevará al empeoramiento de la pobreza y a una mayor degradación de las faldas de las montañas, los bosques y los suelos. El mejoramiento de las regiones atrasadas exigirá más recursos para el desarrollo agrícola, en lugar de desvío de los recursos de las regiones agrícolas favorecidas con una buena dotación, donde el aumento de la productividad es todavía importante.
- Prestar más atención en las investigaciones agrícolas a las características de sostenibilidad de la tecnología recomendada, a los aspectos más amplios del aprovechamiento de recursos naturales en las cuencas hidrográficas y la tierra y a los problemas de las zonas carentes de recursos.
- Velar por que los agricultores tengan derechos inalienables de propiedad de sus recursos. Eso no implica necesariamente que los gobiernos deban invertir en ambiciosos programas de registro de escrituras de propiedad de la tierra. En muchos casos (por ejemplo, en África al Sur del Sahara), los sistemas autóctonos de tenencia de la tierra funcionan todavía sorprendentemente bien. Permiten atender mejor las necesidades de equidad y reconocer los derechos de muchos usuarios en comparación con los sistemas de establecimiento de derechos de propiedad totalmente privados.
- Privatizar los recursos de propiedad común o, donde esa no sea una opción deseable (por los beneficios de las externalidades o por razones de equidad), fortalecer los sistemas de manejo comunitarios.
- Resolver los problemas creados por las externalidades con el establecimiento de un sistema óptimo de cobro de impuestos a las sustancias contaminantes y causantes de degradación, reglamentación, empoderamiento de las organizaciones locales o modificaciones apropiadas de los derechos de propiedad. Pero es preciso tener en cuenta que los precios del mercado libre no siempre son los mejores; es posible que las externalidades exijan intervenciones óptimas en materia de impuestos o subsidios.
- Mejorar la actuación de las instituciones públicas pertinentes encargadas de ordenar y reglamentar los recursos naturales (como los departamentos de riego y silvicultura). Delegar la responsabilidad de las decisiones de manejo a los usuarios de recursos o a grupos de usuarios, donde sea posible. Eso exige también traspaso de derechos inalienables de propiedad o de uso.
- Corregir los desajustes de precios que fomenten el uso excesivo de insumos modernos en la agricultura intensiva. Es decir, eliminar los subsidios a los fertilizantes y plaguicidas y cobrar el costo total del abastecimiento de agua de riego y de electricidad. Quizá sea necesario seguir subvencionando los fertilizantes en las regiones atrasadas, donde el uso corriente sea poco y la fertilidad del suelo sea cada vez menor.
- Establecer sistemas de vigilancia de recursos para seguir la trayectoria de los cambios en las condiciones de los principales recursos, enseñar a los agricultores cuáles son los efectos ambientales de sus actividades y delinear y proteger los sitios de particular valor para el medio ambiente.
CONCLUSIONES
En algunos casos, los antiguos patrones de crecimiento agrícola fueron perjudiciales para el medio ambiente y exacerbaron la pobreza y la inseguridad alimentaria de la población rural, aunque la agricultura atendiera las necesidades nacionales de alimentos y contribuyera a generar ingresos provenientes de la exportación. Sin embargo, la pobreza y la degradación ambiental no son un resultado inevitable del crecimiento agrícola. Más bien, esos efectos desfavorables reflejan la existencia de incentivos económicos inapropiados para manejar insumos modernos en los sistemas de explotación agrícola intensiva, inversión insuficiente en muchas zonas atrasadas densamente pobladas, profundas preocupaciones sociales y por la situación creada por la pobreza, y sistemas políticos que a veces desatienden a la población rural. Con una gestión apropiada en materia de políticas e inversiones, desarrollo institucional e investigación agrícola en el sector público, no hay razón por la cual el desarrollo agrícola no pueda contribuir simultáneamente al crecimiento, al alivio de la pobreza y a la sostenibilidad del medio ambiente.
Para mayor información, véase Peter Hazell y Ernst Lutz, «Integrating Environmental and Sustainability Concerns into Rural Development Policies», en Agriculture and the Environment: Perspectives on Sustainable Rural Development, ed. Ernst Lutz, con asistencia de Hans Binswanger, Peter Hazell y Alexander McCalla (Washington, D.C.: Banco Mundial, 1998).
Peter Hazell es director de la División del Medio Ambiente y de Tecnología de Producción del Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias