Punto de enfoque 2 * Resumen 4 de 10 * Octubre de 1999
(Traducción del inglés)

Una Visión De La Alimentación, La Agricultura Y El Medio Ambiente En El Año 2020

Biotecnología para el Sector Agropecuario
de los Países en Desarrollo:
Problemas y Oportunidades
LA FUNCIÓN DEL SECTOR PRIVADO

CLIVE JAMES Y ANATOLE KRATTIGER

Hasta ahora los países en desarrollo han tenido libre acceso a tecnología convencional no patentada por medio de instituciones públicas y organizaciones internacionales, como los centros internacionales de investigación agrícola patrocinados por el Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas Internacionales (CGIAR). El advenimiento de la tecnología moderna ha cambiado esa situación porque casi todos los nuevos productos de la biotecnología son de marca registrada y de propiedad mayoritaria del sector privado. ¿Cómo puede el sector privado contribuir al crecimiento económico sostenible de los países en desarrollo por medio de la producción y comercialización de cultivos transgénicos inocuos?

Una de las metas importantes fijadas por las instancias normativas para el próximo milenio consiste en formular una estrategia mundial de seguridad alimentaria que permita aprovechar el gran potencial que ofrece la tecnología basada en el uso de cultivos transgénicos. Una forma de alcanzar esa meta es formar asociaciones nuevas y equitativas con el sector privado. En esas asociaciones se deben abordar tres grandes dificultades de importancia global: alimentar a la creciente población mundial; reducir y, a la larga, erradicar la pobreza; y proteger la diversidad biológica y los recursos naturales de los bosques tropicales y los ecosistemas frágiles mediante un aumento de la productividad alimentaria en sistemas sostenibles con uso eficiente de insumos en las tierras cultivables más fértiles.

VENTAJAS COMPARATIVAS DEL SECTOR PRIVADO

La extensa consolidación ocurrida en el decenio de 1990 dentro del sector privado por medio de la absorción y fusión de empresas y de alianzas comerciales ha dado como resultado una concentración sin precedentes de recursos de investigación y desarrollo en el campo de la agrobiotecnología en un pequeño número de grandes sociedades multinacionales. Esa situación ha dado varias ventajas comparativas al sector privado multinacional: una masa crítica de recursos de investigación y desarrollo para financiar proyectos especulativos y a largo plazo; economías de escala en relación con los mercados mundiales; costos de desarrollo amortizables a largo plazo; y competencia en la comercialización y distribución de semillas.

EL CRECIMIENTO DE LA PRODUCCIÓN TRANSGÉNICA

Entre 1995 y 1998, el valor del mercado mundial de productos transgénicos creció de cerca de $75 millones a $1.640 millones. En 1998, un total de nueve países-cinco industrializados y cuatro en desarrollo-produjeron cultivos transgénicos. Los países industrializados, a saber, Australia, el Canadá, España, los Estados Unidos y Francia, representaron alrededor de 85% de los 28 millones de hectáreas sembradas de cultivos transgénicos. La Argentina, Chile, México y Sudáfrica cultivaron el 15% restante de la tierra. La Argentina fue el país que dedicó la mayor extensión a cultivos transgénicos en el mundo en desarrollo: 4,3 millones de hectáreas en 1998; 60% de la superficie destinada al cultivo de soya se sembró con variedades transgénicas.

Las características predominantes de los cultivos transgénicos producidos en 1998 se indican en el cuadro precedente. Los beneficios de esta primera generación de cultivos son mejor control de malezas e insectos y mayor productividad y flexibilidad en el manejo de los cultivos. Esos beneficios se destinan principalmente a los agricultores y a la industria agrícola. Los beneficios de mayor alcance, por ejemplo, un medio ambiente más saludable por medio de la reducción del uso de plaguicidas, contribuyen a una agricultura más sostenible y a mayor seguridad alimentaria.

EL EFECTO EN LOS PAÍSES EN DESARROLLO

Después de la evaluación hecha en cada país, la Argentina, el Brasil, China y México cultivan variedades transgénicas de algodón, maíz, soya y tomate con fines comerciales. Las características que confieren esas nuevas variedades son resistencia a los insectos (algodón y maíz), resistencia a los herbicidas (soya) y demora de la maduración de la fruta (tomate). El conjunto de cultivos y características actualmente sometidos a ensayo práctico en los países en desarrollo incluye melón, papaya, papa, calabaza, tomate y pimiento dulce resistentes a los virus; arroz, soya y tomate resistentes a los insectos; papa resistente a las enfermedades; y chile de maduración tardía. Otras características deseables que se pueden introducir son una mayor eficiencia del uso de fertilizantes, plaguicidas y agua. La hibridación molecular podría aumentar la productividad de varios cultivos, incluso de dos importantes, a saber, arroz y trigo, en proporción de 15 a 20%. Un grupo del Banco Mundial ha estimado que la tecnología de cultivos transgénicos podría aumentar la producción de arroz en Asia de 10 a 25% en el próximo decenio.

La próxima generación de cultivos con mejores características de producción podría conferir beneficios nutricionales a millones que sufren de malnutrición y enfermedades carenciales. Se ha incorporado al arroz un gen que codifica el b-caroteno y la vitamina A, que puede mejorar la alimentación de 180 millones de niños afectados por carencia de vitamina A causante de 2 millones de defunciones al año. Asimismo, un gen que triplica la concentración de hierro en el arroz es un posible remedio para corregir la carencia de ese mineral, que afecta a más de 2.000 millones de personas y causa anemia a cerca de la mitad de esa cifra.

El Consejo de Bioética de Nuffield determinó recientemente que existe un imperativo moral que lleva a poner los cultivos transgénicos a disposición de los países en desarrollo que deseen tenerlos para combatir el hambre y la pobreza. Las asociaciones creativas entre los países en desarrollo, los centros del CGIAR y el sector privado podrían proporcionar el mecanismo institucional para compartir la nueva tecnología.

ALIANZA CON EL SECTOR PRIVADO

Los gobiernos de los países en desarrollo podrían proporcionar incentivos a las instituciones públicas, las organizaciones no gubernamentales y las compañías privadas locales de los países en desarrollo para adquirir aplicaciones apropiadas de biotecnología de fuentes externas del sector privado. Esa tecnología podría emplearse para atender las necesidades de los cultivadores comerciales en gran escala y de los agricultores carentes de recursos. Varias organizaciones especializadas en transferencia de tecnología y agencias de desarrollo ya han facilitado donaciones de productos de marca registrada hechas por compañías multinacionales para aumentar la productividad de los cultivos de subsistencia. Se puede hacer mucho más.

Conviene asignar máxima prioridad a las empresas conjuntas sobre una base equitativa entre entidades de los sectores público y privado de los países en los países en desarrollo y entidades del sector privado de los países desarrollados. Esas empresas pueden acelerar la adopción de las técnicas ensayadas por los agricultores. Típicamente, los países en desarrollo aportarán germoplasma adaptado y el sector privado externo proporcionará el gen patentado que mejora el producto. La principal dificultad sigue siendo cimentar la confianza entre las partes como garantía de equidad. Las instituciones independientes de agentes idóneos pueden ayudar a cimentar la confianza para alcanzar los objetivos establecidos de común acuerdo por los países en desarrollo y el sector privado. Ambas partes pueden hacer contribuciones en especie para iniciar proyectos y acordar cuáles serán los respectivos rendimientos después de haber determinado sobre el terreno el valor económico del producto mejorado. Otras alianzas estratégicas similares también podrían aplicarse al germoplasma preparado por los centros internacionales de investigación agrícola.

Las empresas conjuntas con compañías multinacionales de agrobiotecnología también ofrecen grandes posibilidades para las instituciones públicas y las compañías privadas locales en los países en desarrollo. Son particularmente atractivas para estos últimos, que normalmente carecen de las inversiones de capital y en investigación y desarrollo necesarias para crear su propia tecnología. Las empresas conjuntas ofrecen la oportunidad de patentar la tecnología y de adquirir experiencia con su uso y distribución. Esta última actividad es uno de los eslabones más débiles de la cadena de producción de cultivos en los países en desarrollo. Los organismos de desarrollo deben considerar la posibilidad de participar en más proyectos piloto en empresas conjuntas.

LA FUNCIÓN DEL GOBIERNO

Los gobiernos deben proporcionar un medio propicio para que las compañías locales e internacionales funcionen competitivamente en un sistema de reglamentación transparente y efectivo que inspire confianza y fe por medio de la participación de las comunidades científica, pública y empresarial. La función y la responsabilidad del gobierno se dividen en cuatro campos:

Incentivos públicos para investigación y desarrollo. El gobierno debe elaborar una estrategia nacional de biotecnología, con prioridades específicas para la relacionada con los cultivos. Esas prioridades deben incluir la creación de aplicaciones que mejoren la productividad de los cultivos huérfanos de los agricultores carentes de recursos en los que el sector privado no suele invertir por causa de rendimientos insuficientes. Se necesitan incentivos para inversión, como consideración favorable de la investigación y el desarrollo en el sistema tributario, capital de riesgo y repatriación de divisas, para agilizar la ejecución de una estrategia nacional acertada. Dicha estrategia también debería incluir apoyo de la capacidad de los sectores público y privado locales en materia de biotecnología; un programa vigoroso para adquirir y trasladar tecnología de fuentes externas; y un sistema de fijación de precios de los productos y un mercado ordenado que proporcionen incentivos para que los agricultores adopten la nueva tecnología con el fin de mejorar la productividad y la sostenibilidad.

Sensibilización del público. La biotecnología de cultivos tiene un efecto directo en la nutrición, los alimentos consumidos, la selección y la rotulación de productos, el medio ambiente y las preocupaciones éticas de los grupos de intereses especiales. Los gobiernos deben establecer un programa de sensibilización del público desde el principio que permita una buena comunicación con el público sobre la razón justificativa de las decisiones y los riesgos y beneficios de la agrobiotecnología. El programa también debería fomentar la participación del público en las decisiones sobre el uso de productos transgénicos.

Reglamentación de la seguridad de la biotecnología y la inocuidad de los alimentos. Los reglamentos deben tener una base científica, ser transparentes y estar armonizados con protocolos internacionales, legislación nacional y requisitos de importación y exportación; y ser ejecutados por instituciones que gocen de credibilidad.

Propiedad intelectual. Esta cuestión tiene que ver con patentes, la protección de las variedades vegetales, la certificación de semillas y el acceso a la diversidad biológica. La protección de la propiedad intelectual ofrece un incentivo económico para el sector privado. Con leyes apropiadas contra los monopolios, la protección de la propiedad intelectual dentro del marco de la ley fomenta la competencia y lleva a ofrecer más productos a los agricultores. Más de 140 países ya han firmado el acuerdo sobre derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio con el fin de armonizar las cuestiones de propiedad intelectual de las semillas producidas alrededor del mundo. La propiedad intelectual a menudo es una gran limitación para la transferencia de tecnología. Las instituciones de agentes idóneos pueden ayudar a los países en desarrollo en este campo.

Para más información véase Clive James, Global Review of Commercialized Transgenic Crops: 1998, ISAAA Brief No. 8 (Ithaca, N.Y.: International Service for the Acquisition of Agribiotech Applications, 1998); Clive James, Progressing Public-Private Sector Partnerships in International Agricultural Research and Development, ISAAA Brief No. 4 (1997); y AgBiotechNet, CAB International, http://www.cabweb.org (pulse el enlace AgBiotechNet).

Clive James es presidente de la Junta Directiva del International Service for the Acquisition of Agri-biotech Applications (ISAAA) (correo electrónico: cjames@candw.ky); Anatole Krattiger es director ejecutivo del ISAAA, a/c Universidad de Cornell, EE. UU. (correo electrónico: A.Krattiger@isaaa.org).


«LA VISIÓN DE LA ALIMENTACIÓN, LA AGRICULTURA Y EL MEDIO AMBIENTE EN EL AÑO 2020» ES UNA INICIATIVA DEL INSTITUTO INTERNACIONAL DE INVESTIGACIONES SOBRE POLÍTICAS ALIMENTARIAS (IFPRI) PARA ALIMENTAR AL MUNDO, REDUCIR LA POBREZA Y PROTEGER EL MEDIO AMBIENTE.

El IFPRI es parte del Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas Internacionales (CGIAR), una red mundial de investigaciones agrícolas.

INTERNATIONAL FOOD POLICY RESEARCH INSTITUTE (IFPRI)
2033 K STREET, N.W. WASHINGTON, D.C. 20006, U.S.A.
PHONE 1-202-862-5600   FAX 1-202-467-4439
E-MAIL IFPRI@CGIAR.ORG  WWW.IFPRI.ORG

Resumen 5 de 10


PRINCIPIO de la página