Biotecnología para el Sector Agropecuario
de los Países en Desarrollo:
Problemas y Oportunidades
FORMULACIÓN DE POLÍTICAS ACERTADAS
PER PINSTRUP-ANDERSEN
La biotecnología moderna puede aumentar la productividad agrícola en los países en desarrollo de tal forma que reduzca la pobreza, mejore la seguridad alimentaria y la nutrición y promueva el uso sostenible de los recursos naturales. Sin embargo, esos beneficios de la biotecnología exigen acción política en varios frentes. El pequeño agricultor de los países en desarrollo enfrenta varios problemas y restricciones. Las pérdidas de cultivos por causa de insectos, enfermedades, malezas y sequía amenazan el ingreso y la disponibilidad de alimentos. Los suelos ácidos, con poca fertilidad, y la falta de acceso a nutrientes vegetales a un precio razonable y otros factores bióticos y abióticos también contribuyen a tener bajos rendimientos. La infraestructura deficiente y los mercados disfuncionales de insumos y productos, junto con la falta de acceso a crédito y asistencia técnica, agravan los problemas que aquejan al pequeño agricultor. Las soluciones de esos problemas beneficiarán tanto a los agricultores como a los consumidores. Aunque la biotecnología moderna no permite resolverlos en su totalidad, puede ofrecer un componente crítico para su solución si está orientada por políticas acertadas. Cuatro grupos de política revisten particular importancia. A continuación se discute brevemente cada uno de ellos.
POLÍTICAS PARA GUIAR LA INVESTIGACIÓN IMPORTANTE PARA LOS POBRES
Las políticas deben ampliar y guiar la investigación y el desarrollo de tecnología para resolver los problemas de particular importancia para los pobres. Esos problemas comprenden una alimentación carente de la debida cantidad de energía, proteína y micronutrientes y pérdidas de cultivos por factores bióticos y abióticos. Las investigaciones deben concentrarse en los cultivos de particular importancia para los pequeños agricultores y consumidores pobres de los países en desarrollo. Varios productos agrícolas, como banano, yuca, ñame, batata dulce, arroz, maíz, trigo y mijo, junto con algunos productos pecuarios, ocupan un lugar destacado en la alimentación y las actividades de producción de los pobres. Con excepción de un trabajo limitado sobre arroz, banano y yuca, en la actualidad son pocas las investigaciones sobre biotecnología que se concentran en ayudar al pequeño agricultor y al consumidor pobre a resolver sus problemas de productividad y nutrición. Podría cumplirse el pronóstico tan común de que los pobres de los países en desarrollo tienen pocas posibilidades de beneficiarse de la biotecnología agrícola moderna en el futuro previsible-no porque la tecnología tenga poco que ofrecer sino porque no se le dará una oportunidad.
Asignación de recursos públicos adicionales para investigación agrícola
Hay tres formas de ampliar la investigación sobre tecnología para beneficio de los pobres. La primera consiste en asignar recursos públicos adicionales para investigación agrícola, incluso sobre biotecnología, que prometa grandes beneficios sociales. Es preciso fortalecer los sistemas nacionales e internacionales de investigación agrícola o establecer otros. En la actualidad, los países en desarrollo de bajos ingresos invierten menos de 0,5% del valor de la producción agrícola en investigación agropecuaria, en comparación con cerca de 2% en los países desarrollados. La inversión insuficiente es un hecho generalizado a pesar de las altas tasas anuales de rendimiento económico de la inversión en investigación agropecuaria. Una reciente evaluación de más de 1.000 proyectos y programas de investigación reveló una tasa promedio anual de rendimiento de 88%. La inversión por parte del sector privado está limitada a investigación que permita obtener una utilidad suficientemente alta de los rendimientos. Sin embargo, la investigación financiada con fondos privados todavía puede reportar grandes beneficios para los agricultores y consumidores, como se indica en un reciente estudio de la distribución de beneficios del uso de soya modificada genéticamente en los Estados Unidos. Los titulares particulares de patentes y las compañías privadas de semillas captaron un tercio del total de beneficios económicos y los agricultores y consumidores, dos tercios. Si bien la investigación agrícola del sector privado ha aumentado rápidamente en los países industrializados en los últimos 10 a 15 años, hoy en día representa una pequeña proporción de la investigación agrícola en la mayoría de los países en desarrollo.
Conversión de algunos beneficios sociales en beneficios privados
La segunda forma de ampliar las investigaciones del sector privado destinadas a los pobres consiste en convertir algunos de los beneficios sociales de la investigación en beneficios privados para el sector privado. El sector público puede animar al sector privado a que desarrolle tecnología para los pobres ofreciéndose desde el principio a comprar los derechos exclusivos de la tecnología recién desarrollada y a facilitarla ya sea en forma gratuita o a un costo nominal a los pequeños agricultores. La cantidad de la oferta podría determinarse sobre la base de los beneficios sociales previstos, empleando una tasa anual de rendimiento normalmente esperado de la investigación agrícola, por ejemplo, de 60 a 80%. El riesgo de dejar de desarrollar la tecnología especificada sería de la institución investigadora, así como sucede cuando la tecnología se desarrolla para el mercado. La oferta del sector público se destinaría al organismo investigador que presente primero la tecnología, pero solamente cuando ésta se desarrolle, se someta a prueba y se ponga a disposición de los interesados. Las instituciones de los sectores público y privado podrían participar en esa investigación. Las oportunidades de colaboración entre las compañías multinacionales de ciencias biológicas y las instituciones de investigación agrícola del sector público en los países desarrollados y en desarrollo podrían aumentar la probabilidad de éxito. Con el perfeccionamiento necesario, el arreglo propuesto en este caso debería ser de interés para los organismos internacionales de asistencia para el desarrollo. Esta propuesta se basa en una idea similar propuesta por Jeffrey Sachs de la Universidad de Harvard para la preparación de vacunas contra las enfermedades tropicales.
Protección de los derechos de propiedad intelectual
La tercera forma de ampliar la investigación sobre tecnología para ayudar a los pobres consiste en proteger los derechos de propiedad intelectual de una institución de investigación privada que desarrolle una tecnología particular, por ejemplo, semillas con producción estéril, o que contrate directamente al agricultor, en ambos casos forzándolo a comprar nuevas semillas en cada temporada de siembra. Esto haría que el sector privado recuperara con más facilidad el ingreso necesario para justificar la investigación. Pero las semillas con producción estéril pueden ser inapropiadas para los pequeños agricultores de los países en desarrollo porque acarrean un enorme riesgo para la seguridad alimentaria. Los procesos existentes de infraestructura y producción quizá no permitan mantener las semillas fértiles aparte de las estériles. Los agricultores podrían sufrir graves consecuencias si sembraran semillas estériles por error. Sería costoso y difícil observar y hacer cumplir contratos que prohíben que un gran número de pequeños agricultores usen los cultivos destinados a la producción de semillas.
POLÍTICAS PARA CONFERIR PROTECCIÓN CONTRA LOS RIESGOS PARA LA SALUD
Los alimentos modificados con técnicas de ingeniería genética no son intrínsecamente buenos ni malos para la salud humana. Sus efectos sanitarios dependen del contenido específico de determinadas sustancias. Los que tienen un alto contenido de hierro digestible pueden beneficiar a los consumidores con carencia de hierro. Pero la transferencia de genes de una especie a otra también puede traspasar características causantes de reacciones alérgicas. Por tanto, los alimentos modificados genéticamente deben someterse a prueba para determinar si transmiten alguna alergia antes de comercializarse. Fue precisamente esa prueba que evitó la comercialización de maíz con un gen de nueces del Brasil. Los alimentos modificados genéticamente que acarrean posibles riesgos de alergia deben llevar una etiqueta con la debida explicación. También pueden necesitarse etiquetas para determinar el contenido por razones culturales y religiosas o sencillamente porque los consumidores desean saber. Por último, se pueden necesitar etiquetas para identificar el proceso de producción propiamente dicho cuando eso es interés para los consumidores, más que un determinado riesgo para la salud.
Cuando no se retiran los genes marcadores de resistencia a los antibióticos empleados en la investigación antes de comercializar un producto modificado genéticamente existe la posibilidad de riesgo para la salud, aunque eso no se ha comprobado. La reciente legislación promulgada en la Unión Europea exige el retiro de esos genes marcadores antes de que un producto modificado genéticamente se considere inocuo para los consumidores. Los riesgos y oportunidades relacionados con los alimentos modificados genéticamente deben incorporarse al reglamento general de inocuidad de los alimentos de un país.
POLÍTICAS PARA ABORDAR LOS RIESGOS ECOLÓGICOS
Debe haber un reglamento nacional vigente sobre seguridad biológica antes de introducir métodos modernos de biotecnología a la agricultura de un país. Ese reglamento debe ser particular del país y reflejar los factores de riesgo pertinentes. Los riesgos ecológicos que necesitan evaluar las autoridades normativas incluyen la propagación de características, como la resistencia a los herbicidas, de plantas modificadas genéticamente a otras (incluso a malezas) sin ninguna modificación y la acumulación de resistencia en las poblaciones de insectos. Las semillas que producen plantas estériles pueden ser una solución eficaz para resolver el riesgo de la polinización cruzada pero, como se dijo antes, pueden ser inapropiadas para los pequeños agricultores. Sin embargo, el método empleado para producir semillas estériles es muy prometedor para la producción de una semilla que evite la propagación de nuevas características por medio de la polinización cruzada. Las semillas tendrían las características deseables, como resistencia a las plagas o tolerancia a la sequía, pero cada característica se activaría solamente después del tratamiento con una sustancia química particular. Sin tratamiento, la semilla mantendría sus características normales. Por tanto, si un agricultor sembrara una semilla mejorada, las semillas producidas por ésta no serían estériles; más bien volverían a ser normales (al estado anterior a la introducción de las características mejoradas). El agricultor entonces tendría la opción de sembrar la semilla normal o de activar las características mejoradas mediante la aplicación de una sustancia química particular. Este método, contrario al de producción de semillas estériles, cumple con el principio de no hacer daño.
El reglamento de inocuidad de los alimentos y de seguridad biológica debe reflejar los convenios internacionales y un nivel de riesgo aceptable para la sociedad, incluidos los riesgos relacionados con la abstención del uso de biotecnología moderna para alcanzar las metas deseadas. Los pobres deben incluirse directamente en el debate y en la adopción de decisiones sobre el deseo de cambio tecnológico, los riesgos de ese cambio y las consecuencias de otros o de no introducir ninguno.
POLÍTICAS PARA REGLAMENTAR EL SECTOR PRIVADO
Las recientes operaciones de fusión y compra han dado como resultado una mayor concentración en las compañías dedicadas a investigaciones sobre biotecnología. Esta creciente concentración puede ocasionar una reducción de la competencia, los lucros del monopolio o del oligopolio y la explotación de los pequeños agricultores y consumidores y un aumento de los esfuerzos fructíferos por lograr favores especiales de los gobiernos. Se necesita legislación acertada contra los monopolios e instituciones de aplicación de la ley, particularmente en los pequeños países en desarrollo donde haya solo una o unas pocas compañías de distribución de semillas. También se necesita legislación acertada para hacer cumplir los derechos de propiedad intelectual, incluso los de los agricultores al uso de germoplasma, de conformidad con lo acordado dentro el marco del tratado de la Organización Mundial de Comercio y de la Convención sobre la Diversidad Biológica.
CONCLUSIONES
La investigación sobre biotecnología moderna puede ayudar a reducir la pobreza, mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición y hacer que el uso de recursos naturales sea más sostenible; solamente si se concentra en los problemas y oportunidades que tiene la población pobre de los países en desarrollo y si va acompañada de políticas acertadas. La biotecnología moderna no es la solución perfecta, pero puede ser un potente instrumento en la lucha contra la pobreza y debe facilitarse a los agricultores y consumidores pobres.
Para más información, véase Per Pinstrup-Andersen, Rajul Pandya-Lorch y Mark W. Rosegrant, World Food Prospects: Critical Issues for the Early 21st Century, 2020 Food Policy Report (Washington, D.C.: IFPRI, 1999); Per Pinstrup-Andersen, «Modern Biotechnology and Small Farmers in Developing Countries», Research Perspectives (IFPRI newsletter), vol. 21, no. 2, 1999; and Nuffield Council on Bioethics, Genetically Modified Crops: The Ethical and Social Issues (Londres: Nuffield Council on Bioethics, 1999).
Per Pinstrup-Andersen es director general del Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias (correo electrónico: p.pinstrup-andersen@cgiar.org).