LOGRAR LA SEGURIDAD ALIMENTARIA Y NUTRICIONAL URBANA EN EL MUNDO EN DESARROLLO
El significado oculto de la agricultura urbana
Luc J. A. Mougeot
En los próximos 20 años, la urbanización se intensificará en América Latina y en el Caribe, pero África y Asia experimentarán el crecimiento urbano más explosivo. Los países que se están urbanizando con más rapidez también se encuentran entre los menos preparados para satisfacer sus necesidades alimentarias, y muchos de ellos ya dependen de forma precaria de la ayuda y las importaciones alimentarias.
La agricultura urbana (aquella agricultura situada en el interior o en los márgenes de un pueblo o ciudad) puede suponer una manera de estimular el suministro de alimentos, al mismo tiempo que sirve para incrementar los ingresos de los más pobres. La agricultura urbana utiliza recursos, productos y servicios que se encuentran en el interior y alrededor de la zona urbana y, a su vez, suele proporcionar recursos, productos y servicios a esa misma zona. Los sistemas agrícolas urbanos incluyen la horticultura, la floricultura, la silvicultura, la acuicultura y la cría de ganado.
LA MAGNITUD DE LA AGRICULTURA URBANA
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarollo calcula que hay unos 800 millones de personas implicadas en la agricultura urbana a nivel mundial, la mayor parte de las cuales se encuentran en ciudades asiáticas. De estos 800 millones, se calcula que unos 200 son productores comerciales que dan trabajo a 150 millones de personas a jornada completa. Por lo tanto, la agricultura urbana es una importante fuente de suministro en los sistemas alimentarios urbanos de los países en vías de desarrollo, y una válvula de seguridad alimentaria decisiva para los hogares urbanos pobres. Ésta proporciona una herramienta barata, sencilla y flexible para utilizar los espacios urbanos vacantes de forma productiva, ya que trata y recicla los residuos urbanos sólidos y líquidos, genera empleo e ingresos, añade valor a los productos, gestiona los recursos de agua dulce con más moderación y resuelve las cuestiones relacionadas con el uso de la tierra urbana que de otro modo serían incompatibles. La naturaleza y la magnitud de la agricultura urbana varían, evidentemente, según las condiciones agroecológicas; las políticas nacionales, regionales y locales; las condiciones del mercado, y las características de los hogares, pero se ha convertido en un componente importante de la escena urbana.
La agricultura urbana, más que suplantar, complementa los suministros rurales y las importaciones de alimentos y seguirá haciéndolo. Las ciudades seguirán dependiendo en gran medida de la agricultura rural para la obtención de productos comestibles en mayor volumen y menos perecederos. Pero la agricultura urbana puede proporcionar importantes cantidades de alimentos a pequeña escala y productos específicos. Puede generar productos valorados en decenas de millones de dólares en cualquier ciudad importante. Al cultivar sus propios alimentos, las ciudades reducen sus déficits alimentarios y obtienen una importante fuente de frutas y vegetales y productos derivados del ganado, lo que incluye productos lácteos. La agricultura urbana proporciona aproximadamente el 15% de todos los alimentos consumidos en las zonas urbanas y es probable que este porcentaje se doble en las próximas dos décadas. Las ciudades con unos sectores agrícolas urbanos más avanzados, sobre todo en Asia, han pasado a autoabastacerse de alimentos frescos altamente valorados y nutritivos. Algunas ciudades incluso exportan los excedentes al extranjero.
La agricultura urbana también es una parte integrante de la vida de la ciudad, un elemento activo de los sistemas económicos y ecológicos urbanos. Los agricultores urbanos utilizan tierras urbanas, servicios públicos, insumos e incluso residuos urbanos durante la producción. Después venden sus productos a los mercados locales y a menudo reinvierten los beneficios en bienes producidos o vendidos en las tiendas de la ciudad.
La agricultura urbana puede ser un importante suplemento de los ingresos de los hogares. En El Cairo, la cría de ganado pequeño, practicada por más de una cuarta parte de los hogares, proporciona más del 60% de los ingresos. En Dar es Salaam, la agricultura urbana es la segunda ocupación más importante. Los alimentos especializados muy valorados (por ejemplo, los champiñones) y los cultivos no-alimentarios (como las flores ornamentales) cuya producción requiere poco espacio son especialmente adecuados para proporcionar el dinero necesario.
Aun así, la gran mayoría de los agricultores urbanos son pobres y cultivan alimentos básicamente para su propia subsistencia, con poca ayuda o protección y en pequeñas parcelas que no son de su propiedad. Gracias a la agricultura urbana, estos hogares pueden gozar de una alimentación segura que de otro modo no podrían permitirse. Algunos estudios realizados en Harare, Kampala y Nairobi han puesto de manifiesto que la agricultura urbana puede mejorar el estado nutricional de los miembros de los hogares, calculado a partir del consumo de calorías y proteínas, la calidad de la comida o las tasas de crecimiento de los niños.
Muchos estudios muestran que las mujeres son predominantes en la agricultura urbana, ya que ésta les permite obtener ingresos, mejorar el régimen alimentario de los hogares, realizar las tareas domésticas y ejercer un mayor control sobre los recursos, presupuesto y toma de decisiones del hogar.
RIESGOS Y RESTRICCIONES
Los pobres pueden encontrarse con ciertas restricciones que les impiden practicar con éxito la agricultura urbana, entre las que se incluyen la falta de acceso a las tierras, los créditos, el agua y otros elementos u obstáculos legales derivados de la preocupación por la salud pública. Los agricultores urbanos a menudo utilizan espacios públicos, y si no son los titulares de la tierra que usan, no pueden tener ninguna seguridad de que realmente vayan a cosechar los beneficios de su inversión. Sin ninguna titularidad, la mayoría de los productores urbanos con ingresos bajos no pueden obtener préstamos formales que exigen la propiedad de bienes como garantía ni tampoco pueden recibir el apoyo de los sindicatos nacionales de agricultores, en los que las actividades de sus miembros deben estar legalmente aprobadas. Las mujeres también pueden encontrarse con ciertas restricciones de acceso a los servicios de crédito y extensión, que menosprecian los conocimientos que las agricultoras sobre las cosechas, las combinaciones de insumos y los métodos de cultivo.
La aridez, los suministros de agua corriente poco fiables y las fuertes lluvias pueden obstaculizar gravemente muchos sistemas de producción. Si se gestiona de forma incorrecta, la agricultura urbana puede incluso agravar la degradación medioambiental, que incluye la erosión del suelo, la pérdida de vegetación, el empantanamiento y el agotamiento de los recursos hidráulicos.
Las preocupaciones por la salud pública responden al mal uso o mal manejo de las sustancias agroquímicas; la aplicación al cultivo de alimentos de residuos sin tratar o tratados incorrectamente; la exposición de los cultivos a la contaminación del aire, el agua o la tierra, lo que incluye una posible contaminación provocada por metales pesados, y una incorrecta destrucción de los residuos vegetales y animales. Algunas amenazas, como por ejemplo la de las sustancias agroquímicas, son menos habituales de lo que se cree ya que las personas pobres normalmente no pueden permitirse el empleo de insumos inorgánicos. En consecuencia, cultivan cosechas o crían ganado de forma orgánica. No obstante, las personas pobres a menudo no tienen otra opción que cultivar sus cosechas en condiciones peligrosas, y es posible que las amenazas de las autoridades no logren más que disuadirles de invertir en métodos de producción más seguros.
POLÍTICAS Y PRÁCTICAS
Para mejorar la agricultura urbana y hacer que sea más sostenible, los agricultores deben adoptar mejores prácticas y los gobiernos deben promoverla o gestionarla mejor a través de unas políticas mejor informadas. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) pueden apoyar estas iniciativas.
Legitimar la agricultura urbana puede ayudar a los agricultores con ingresos bajos a acceder a las tierras, los servicios necesarios y los créditos. Los diseñadores de políticas pueden legitimar y fomentar la agricultura urbana a través de incentivos públicos, como en Uganda. Los gobiernos pueden destinar tierras a la agricultura urbana en los planes maestros de las ciudades, apoyar los proyectos de zonas verdes y establecer una red de centros de insumos y servicios. Pueden participar directamente en la producción agrícola urbana arrendando los terrenos públicos; asignando las tierras no construidas públicas a las organizaciones de agricultores; asociándose con los productores, o convirtiéndose en productores ellos mismos. Se pueden revisar las leyes y reglamentos urbanos para que éstas sean compatibles con las opciones de supervivencia de la población, como en Kampala, donde actualmente las ordenanzas municipales toleran determinados tipos de producción agrícola en ciertas zonas. Los gobiernos también pueden permitir la agricultura urbana como una forma de uso temporal de la tierra en los planes de viviendas públicos o incorporarla como un método de gestión productiva de los espacios urbanos vacantes. En Sudáfrica y Tanzania, algunos bancos de desarrollo también han proporcionando créditos mediante el apoyo a fondos rotatorios para las cooperativas agrícolas urbanas. Las organizaciones de agricultores también pueden contribuir a legitimar el sector y organizar el acceso a los créditos, insumos y mercados.
Existen enormes posibilidades de reducir los riesgos para la salud pública mediante la educación y el otorgamiento de poder a los productores urbanos, en lugar de ignorarlos y hostigarlos. Los agricultores pueden reducir los riesgos medioambientales y beneficiarse económicamente eligiendo correctamente qué cultivos deben plantar. Por ejemplo, incrementar el uso de cultivos de ciclo corto estimula la productividad y reduce el uso de agua posiblemente contaminada.
Puesto que muchas prácticas seguras se basan en el conocimiento, también son asequibles y fáciles de adoptar para los agricultores. Se puede enseñar a los productores a evitar el uso de fertilizantes químicos u orgánicos contaminados en determinados cultivos o a extraer agua de los pozos en lugar de sacarla de los ríos. Los agricultores urbanos pueden firmar contratos mutuamente beneficiosos con los servicios de eliminación de residuos y se puede utilizar la agricultura de productos no-alimentarios para rehabilitar aguas y suelos contaminados, generando ingresos en el proceso. Las ONG pueden ayudar a determinar la escala de abono que sería a la vez rentable y adecuada para el medio ambiente. Las ciudades pueden tratar el agua residual y volver a ponerla en circulación. Cuando las ciudades introducen el tratamiento del agua para el riego, también deberían idear mecanismos creativos de recuperación de los costos (por ejemplo, acuerdos de intercambio) en lugar de penalizar a los agricultores que utilizan las aguas residuales.
Quedan retos por afrontar en la agricultura urbana desde el nivel de la comunidad hasta el nivel nacional. Los gobiernos deben utilizar las numerosas experiencias locales para crear estructuras institucionales que pongan en práctica las políticas sobre agricultura urbana. Por encima de todo, la experiencia demuestra que la prohibición de la agricultura urbana ha sido ineficaz. Ahora los gobiernos deberían superar la fase de adaptación y resolver la cuestión: hasta el momento, la autoridad compartida parece ser el mejor planteamiento para crear una agricultura urbana sostenible que sea beneficiosa para los agricultores pequeños. Las ONG pueden ayudar a crear y mediar entre las diversas organizaciones.
La experiencia también ha demostrado que la agricultura urbana es más viable si se practica en un marco de sólidas estrategias para el uso de la tierra, la reducción de la pobreza, el desarrollo económico y la gestión medioambiental segura. Fuera de Asia, existen pocas políticas alimentarias nacionales que busquen una sinergia entre la producción rural y la urbana o que guíen programas agrícolas urbanos integrados. Es necesario diseñar y poner en práctica sistemas reguladores y de uso de la tierra para conseguir una acceso más justo a la tierra, el agua y los mercados. La extensión agrícola debe adaptarse a las necesidades de los productores urbanos. Los centros de investigación agrícola y los departamentos de planificación urbana deben colaborar. Es necesario desarrollar modelos de códigos sanitarios y de uso de la tierra. Se están desarrollando redes regionales y globales, pero también es necesario crear y apoyar las redes nacionales y locales. Las políticas públicas también deberían aceptar los conocimientos, restricciones y oportunidades de las mujeres y actuar en consecuencia para mejorar su participación ciudadana.
Los gobiernos del mundo en vías de desarrollo deben reconocer el lugar que ocupa la agricultura urbana en el desarrollo de la ciudad y en la garantía de la seguridad alimentaria y nutricional de sus residentes, un lugar que ha ocupado durante mucho tiempo sin reconocimiento y que, además, está en pleno proceso de expansión.
Como lectura adicional, véase Luc Mougeot, "Urban Agriculture: Definition, Presence, Potentials and Risks," in Growing Cities, Growing Food: Urban Agriculture on the Policy Agenda, ed. Nico Bakker et al. (Feldafing, Alemania: Fundación Alemana para el Desarrollo Internacional [DSE], 2000); y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, "Urban Agriculture: Food, Jobs, and Sustainable Cities (Nueva York: UNDP, 1996).
Luc J. A. Mougeot (lmougeot@idrc.ca) es especialista de programas en el Centro de Investigación para el Desarrollo, Canadá.