LOGRAR LA SEGURIDAD ALIMENTARIA Y NUTRICIONAL URBANA EN EL MUNDO EN DESARROLLO
Las mujeres urbanas: En busca del equilibrio entre el trabajo y la atención a los niños
Patrice L. Engle
Con el crecimiento de la población urbana en todas las regiones en desarrollo durante los próximos veinte años, los gobiernos y las familias se enfrentarán a obstáculos singulares en sus esfuerzos para garantizar el bienestar de millones de niños. Tendrán que tener en cuenta los cambios del papel de la mujer, de los métodos de atención infantil y de los medios para la obtención de la seguridad alimentaria. Todos estas transformaciones tendrán implicaciones importantes en las formas de supervivencia de las personas que residen en las nuevas megaciudades.
ALCANCE DE LA PARTICIPACIÓN EN LA FUERZA LABORAL
Muchos estudios realizados en países en desarrollo demuestran que las mujeres contribuyen tanto o más que los hombres a la seguridad alimentaria de la familia y al estado nutricional de los niños, cuando se tiene en cuenta el trabajo no remunerado. Las tasas mundiales de participación de las mujeres en la fuerza laboral eran del 54% en 1950 y del 66% en 1990, y está previsto que se acerquen al 70% en el 2010. Ahora es más probable que las mujeres urbanas trabajen para obtener ingresos cuando sus hijos son muy pequeños y que formen parte durante más tiempo de la fuerza laboral que en el pasado. En todo el mundo, la tasa de ingreso de las mujeres en el mercado laboral entre los 20 y los 30 años es alta, su participación en la fuerza laboral aumenta entre los 30 y los 50 años, y no dejan de trabajar hasta que no cumplen 50 años.
Está aumentando asimismo el porcentaje de hogares que dependen de la contribución financiera de las mujeres para lograr la seguridad alimentaria. Las mujeres aportan la fuente principal de ingreso en más del 20% de los hogares de América Latina, África Sub-sahariana y la mayoría de Asia. Incluso en las familias con padre y madre, las mujeres están contribuyendo un porcentaje mayor que antes del ingreso.
Los factores que han aumentado la participación de las mujeres en la fuerza laboral-la urbanización y la globalización-las han obligado a ocupar empleos de menor calidad (empleos poco calificados sin seguridad o protección), a tiempo parcial, a domicilio, o con todas estas características. Más del 80% de las mujeres trabajan en empleos con claras diferenciaciones por sexo, y el salario promedio de éstas es un 70% de del de los hombres. Dado que las mujeres tienen trabajos menos calificados y temporales, tienen más posibilidades que los hombres de perder su empleo durante las crisis financieras. Las habilidades de las mujeres para manejar las nuevas tecnologías están también muy por detrás de las de los hombres, lo que disminuye sus posibilidades de obtener los empleos mejor remunerados que exigen estas habilidades.
CONSECUENCIAS DE LA PARTICIPACIÓN EN LA FUERZA LABORAL
La residencia en las ciudades puede tener consecuencias de dos tipos para las mujeres y los niños. Por un lado, las mujeres trabajadoras en una economía urbana tienen la posibilidad de ganar un porcentaje mayor del ingreso familiar. Dado que se ha demostrado que este porcentaje está relacionado con el poder de decisión en la familia, estas mujeres pueden estar menos ligadas a restricciones tradicionales tales como los tabúes alimentarios durante el embarazo. Según un estudio reciente de las Naciones Unidas, las mujeres urbanas también tienen menos hijos, y las probabilidades de que éstas y sus hijos estén alfabetizados es mucho mayor que las de las mujeres rurales y sus hijos. Es posible que se disponga de más servicios tales como planificación familiar en las zonas urbanas, y el aumento de la independencia de las mujeres puede conducir a una mayor autoestima y reconocimiento de sus derechos.
Por otro lado, las trabajadoras urbanas pueden ser más vulnerables a la violencia y el hostigamiento en el lugar de trabajo que las mujeres rurales, y pueden verse obligadas a realizar trabajos con escasas protecciones en el sector informal, tales como la venta ambulante. Es posible que muchas mujeres con pocos ingresos tengan que criar a sus hijos en el entorno de infraestructuras inadecuadas de las barriadas urbanas. Para los nuevos inmigrantes instalados en asentamientos urbanos ilegales los sistemas de apoyo pueden ser débiles, lo que conduce al estrés y las disfunciones familiares. Las oportunidades escasas o esporádicas de empleo para los hombres, así como la necesidad de obtener alimentos con dinero efectivo, pueden conducir a un declive del apoyo de los varones a las familias y a una disminución de la seguridad alimentaria.
Ahora es mucho más probable que las mujeres trabajen cuando sus hijos tienen menos de 12 meses, en una etapa en que los niños necesitan más atención intensiva para un buen crecimiento y desarrollo. Por ejemplo, en la mayoría de los países, los permisos de maternidad para las trabajadoras del sector formal no pasan de 12 semanas, a pesar de que se recomiendan seis meses de lactancia exclusiva. Para las trabajadoras del sector formal, cualquier tipo de permiso supone un riesgo de perder sus ingresos y sus oportunidades de empleo.
Aunque en algunos países el período de lactancia de las madres trabajadoras es más corto, el propio trabajo no lo limita necesariamente. El trabajo de las madres tampoco parece afectar el estado nutricional de los hijos en algunos países en desarrollo. En dos estudios de las ciudades de América Latina, los ingresos obtenidos por la madre cuando el hijo tenía más de 12 meses afectaban positivamente su estado nutricional, al tener en cuenta los niveles de ingreso. Los ingresos de las mujeres tenían un impacto más positivo en la nutrición de los hijos que los de los hombres. Sin embargo, cuando las mujeres no contaban con el poder de decidir cómo gastar sus ingresos, el trabajo asalariado tenía impactos negativos sobre el estado nutricional de los niños.
La atención infantil adecuada es esencial para las madres trabajadoras. En las zonas urbanas de Ghana, los métodos de las mujeres para atender a sus hijos eran más importantes para el estado nutricional de los niños que los ingresos familiares. En las ciudades de Guatemala, el empleo de las madres no aumentaba las probabilidades de desnutrición de los hijos, a no ser que estuvieran atendidos por niños de 9 a 12 años. El trabajo a domicilio, sin embargo, considerado con frecuencia una opción positiva, ha estado asociado con peores estados nutricionales de los niños cuando es intenso y requiere mucho tiempo (por ejemplo, el trabajo a destajo).
En definitiva, cuando las madres son pobres-con trabajos que requieren mucho tiempo, mal remunerados e inflexibles; sin control sobre sus ingresos; y sin buenas alternativas de atención para sus hijos-los niños pequeños corren el riesgo de un crecimiento deficiente. Algunas mujeres que trabajan durante el primer año de vida de sus hijos no cuentan con otras fuentes de sustento. Para estas mujeres, el trabajo es un medio de supervivencia; sin éste, la madre y el hijo se morirían de hambre.
LÍMITES ACTUALES DE LA ATENCIÓN INFANTIL
La cobertura y la calidad de la guardería infantil en las barriadas urbanas de los países en desarrollo, especialmente para los niños menores de tres años, son deplorablemente inadecuadas. Los centros de guardería infantil más comunes están administrados por el gobierno u organizaciones voluntarias privadas. Es probable que sólo asistan niños mayores de tres años a estos centros y que su cobertura sea sumamente limitada debido a la necesidad de grandes inversiones en edificios y equipo. Sin embargo, las guarderías son claramente necesarias. Los datos de las Naciones Unidas recopilados en 23 países de África, Asia y América Latina muestran que la mayoría de las madres trabajadoras con niños menores de cinco años trabajan fuera de casa.
Entre algunos métodos innovadores de atención infantil se encuentran las guarderías familiares en el hogar, en las que una madre atiende a cinco o seis niños del vecindario en su casa; o las guarderías móviles, con centros instalados cerca del lugar de empleo de las madres trabajadoras. En lugar de las alternativas de guardería infantil, las familias recurren a las hijas mayores (mucho más que a los hijos mayores), lo que las aparta de la escuela; a otros miembros de la familia; o a los vecinos. Existen casos de familias que recurren a métodos drásticos tales como darle a los niños una dosis de opio para que duerman durante el día.
MEJORA DE LA CAPACIDAD DE LAS MADRES TRABAJADORAS PARA ATENDER A SUS HIJOS
En los próximos 20 años, más mujeres trabajarán para obtener ingresos, especialmente cuando sus hijos son pequeños. Aunque la disminución del tamaño de las familias derivada de la urbanización debería disminuir el tiempo necesario de guardería infantil, puede que éste no sea el caso. Muchos padres urbanos querrán que sus hijos asistan a la escuela para que puedan tener las mejores oportunidades de tener éxito en la vida. La concentración consiguiente en el desarrollo de las habilidades del lenguaje y sociales de los niños puede aumentar, en lugar de disminuir, el tiempo dedicado a su cuidado.
Se ha demostrado que tres factores reducen los efectos negativos en los niños pequeños del trabajo de sus madres: ayudarles a que no trabajen cuando sus hijos son muy pequeños, ofrecerles un nivel salarial adecuado y un horario laboral flexible y proveer una atención infantil alternativa razonable. Será necesario garantizar estas medidas para la salud y el bienestar de una sociedad en proceso de urbanización.
Se necesitan también políticas que protejan a las mujeres frente a la obligación de volver a trabajar demasiado pronto después de dar a luz. Las leyes sobre la protección de la maternidad son terriblemente inadecuadas. Mientras que 192 países son Estados Parte de la Convención sobre los Derechos del Niños, sólo 38 han ratificado el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo sobre la protección de la maternidad de 1952. Aunque se haya firmado, las disposiciones de éste último se aplican solamente a una pequeña proporción de la población.
Las actitudes culturales y sociales tienen que reflejar asimismo la igualdad de la mujer en la fuerza laboral. Por ejemplo, aunque la tasa de asistencia femenina a las escuelas es mucho mayor y su rendimiento escolar es igual o mejor que el de los niños en muchos países, estos logros no se han traducido en la correspondiente igualdad de oportunidades para el empleo y la formación, según el Informe sobre el empleo en el mundo 1999 de la Organización Internacional del Trabajo.
Las políticas pueden llegar muy lejos en la mejora de los ingresos de las mujeres mediante, por ejemplo, la implementación de niveles saláriales mínimos iguales para ambos sexos, la organización del empleo informal y el trabajo por cuenta propia, y el apoyo a los proyectos de desarrollo urbano. Para mejorar los resultados para los niños, los gobiernos pueden legalizar los asentamientos ilegales después de cierto tiempo para que sus residentes puedan acceder a servicios; y pueden invertir en la salud, las guarderías infantiles y la infraestructura. La capacitación de las mujeres es otro componente clave para aumentar los ingresos y mejorar por lo tanto la salud infantil. Las presiones externas, tales como la Conferencia de Beijing sobre la Mujer y las iniciativas de las Naciones Unidas y de organismos bilaterales, pueden ayudar, pero son necesarios esfuerzos sostenidos dentro de los países para implementar y supervisar buenas políticas.
La atención adecuada a los niños de las ciudades será esencial para su estado nutricional y la salud de la sociedad urbana. La oferta de atención infantil alternativa implica que las mujeres, que tradicionalmente no cobraban nada, serán remuneradas por cuidar niños. Los programas urbanos modelo, tales como los Child Friendly Cities Programs, invierten en atención infantil para las mujeres trabajadoras, pero estos esfuerzos son insuficientes. Son necesarios métodos innovadores para ofrecer buena atención infantil, especialmente para los niños más pequeños. Estos métodos tienen que estar basados en la colaboración de los empleadores, los trabajadores y el gobierno para ofrecer la atención adecuada. Las estrategias innovadoras podrían incluir apoyo a las cooperativas de guarderías infantiles administradas por padres, seguridad social para que las madres o los padres puedan quedarse en casa después del nacimiento de un hijo, atención infantil vinculada a la escuela, y la participación incluso de los ancianos los servicios de guardería. Una buena atención infantil no es barata, pero las inversiones realizadas a esta edad son quizás las más importantes para la próxima generación y para las propias madres trabajadoras..
Para una lectura adicional, véase "Situación de la mujer en el mundo: Tendencias y estadísticas" (Nueva York: Naciones Unidas, 2000); y P. Engle, P. Menon y L. Haddad, "Care and Nutrition: Concepts and Measurement." Occasional Paper (Washington, D.C.: IFPRI, 1997).
Patrice L. Engle (pengle@unicef.org) es jefe de desarrollo infantil y nutrición en la oficina de UNICEF en India.