Punto de enfoque 4 – Resumen 1 de 9 — Noviembre 2000
(Traducción del inglés)

Una Visión De La Alimentación, La Agricultura Y El Medio Ambiente En El Año 2020

FOMENTAR EL DESARROLLO SUSTENTABLE EN LAS ZONAS POCO FAVORECIDAS
Panorama General

John Pender y Peter Hazell

La pobreza, la escasa productividad agrícola y la degradación de los recursos naturales son graves problemas estrechamente vinculados entre sí, presentes en las zonas tropicales poco favorecidas. Las zonas poco favorecidas incluyen tierras que tienen escaso potencial agrícola a causa de la precipitación limitada e incierta, los suelos pobres, las pendientes empinadas u otras restricciones biofísicas, así como las áreas que tal vez cuenten con un elevado potencial agrícola, pero son afectadas por un acceso restringido a la infraestructura y los mercados, la densidad demográfica baja u otras limitaciones socioeconómicas (véase la figura). En otras palabras, las tierras poco favorecidas pueden ser poco favorecidas por la naturaleza o por el hombre.

Según un estudio reciente efectuado por el Comité Asesor Técnico del Grupo Consultivo para la Investigación Agrícola Internacional, aproximadamente dos tercios de la población rural de los países en desarrollo -casi 1.8 mil millones de personas- vive en zonas poco favorecidas, como las áreas agrícolas marginadas, los bosques y montes y las zonas áridas. Estas áreas abarcan la mayoría de las zonas tropicales áridas y semiáridas de África y el sur de Asia, las zonas montañosas de América del Sur y Asia y gran parte de las tierras altas del este y el centro de África, las zonas de laderas de América Central y el sudeste de Asia y grandes extensiones de las zonas tropicales húmedas de África y América Latina. Los datos disponibles indican que la mayoría de los pobres de las zonas rurales de los países en desarrollo viven en esas zonas poco favorecidas. La escasa productividad agrícola y la degradación de la tierra son graves en esas regiones. Son frecuentes los rendimientos de los cereales inferiores a una tonelada métrica por hectárea y están muy difundidas la deforestación, el pastoreo excesivo, la erosión y el agotamiento de los nutrimentos del suelo.

La opinión tradicional en los círculos políticos ha sido que las estrategias para el desarrollo en los países en desarrollo deben hacer hincapié en las inversiones públicas en las zonas favorecidas. Muchos expertos han pensado que las utilidades de la inversión serían más altas en las zonas favorecidas y que la mayor producción de alimentos y el rápido crecimiento económico en estas zonas afianzarían la seguridad alimentaria y permitirían a las personas emigrar de las zonas menos favorecidas, con lo cual disminuirían la pobreza y la presión sobre los recursos en estas últimas regiones.

Se pone cada vez más en tela de juicio esa opinión tradicional. A pesar de las grandes inversiones en las zonas favorecidas y de la rápida urbanización en la mayoría de los países, continúa el crecimiento demográfico acelerado en las zonas poco favorecidas. La pobreza y la degradación de los recursos han empeorado en estas regiones, mientras que en las zonas favorecidas se ha observado una disminución de las utilidades de las inversiones y un aumento de los problemas sociales y ambientales. La amenaza de la hambruna es grave en muchas zonas poco favorecidas y la degradación de los recursos parece contribuir a esa amenaza.

Si bien las zonas poco favorecidas a menudo tienen una desventaja absoluta en la producción de muchos tipos de cultivos en comparación con las zonas favorecidas (es decir, la productividad es más baja en las primeras), por lo general tienen una ventaja comparativa en ciertos tipos de producción agrícola o en actividades que no son agrícolas (es decir, la producción es rentable dadas las otras opciones de uso de la tierra y la mano de obra en esas zonas). La diversidad de las situaciones en las zonas poco favorecidas permite explotar sus distintas ventajas comparativas siempre que se hagan las inversiones necesarias en infraestructura e instituciones. Hay cada vez más pruebas de que las inversiones en las zonas poco favorecidas pueden generar tasas relativamente altas de utilidades económicas y reducir en forma considerable la pobreza en algunos países. Los datos anecdóticos también indican la posibilidad de reducir la degradación de los recursos y el medio ambiente paralelamente al crecimiento económico y la disminución de la pobreza. Sin embargo, todavía es muy limitada la información sobre los resultados de esas estrategias.

El IFPRI encomendó la elaboración de estos resúmenes de políticas con el propósito de evaluar las posibilidades de lograr un desarrollo sustentable en zonas poco favorecidas y sugerir las tecnologías y las estrategias políticas necesarias para concretar ese potencial. Si bien existen grandes lagunas en los conocimientos acerca de las causas subyacentes de los problemas que afrontan las zonas poco favorecidas y acerca de las estrategias apropiadas para abordarlos, a partir de estas evaluaciones se desprenden varias enseñanzas fundamentales:

  1. Las zonas poco favorecidas ofrecen oportunidades para inversiones socialmente rentables. El resumen 5 menciona investigaciones que muestran los beneficios elevados de diversos tipos de inversión pública en zonas de bajo potencial de China y la India (en muchos casos más altos que los producidos por las inversiones en zonas favorecidas), en términos de crecimiento económico y reducción de la pobreza. Las inversiones en la investigación y el desarrollo agrícolas, la educación, los caminos y la irrigación tuvieron mayores impactos adicionales en las zonas poco favorecidas de esos países, en parte porque se habían descuidado las oportunidades de inversión en esas regiones.

  2. El éxito de las distintas opciones de inversión en las zonas poco favorecidas depende de las diferencias en cuanto a ventaja comparativa entre esas zonas diversas. Dada la variedad de situaciones en las zonas poco favorecidas, no es probable que una estrategia única tenga éxito en todas partes. Tres factores son particularmente importantes para determinar la ventaja comparativa: el potencial agrícola, el acceso a los mercados y la infraestructura y la densidad demográfica. En las zonas poco favorecidas con un elevado potencial agrícola pero poco acceso a los mercados -como sucede en la mayoría de las regiones húmedas del oeste de África, en partes de las tierras altas del este de África y en las altiplanicies del sudeste de Asia- los cultivos perennes no perecederos de alto valor como el café, el cacao o la palma de aceite, a menudo tienen una ventaja comparativa. Las áreas con escaso potencial de producción agrícola probablemente tengan una ventaja comparativa en la producción extensiva de ganado, en particular cuando están alejadas de los mercados y no están densamente pobladas, como sucede en gran parte de las zonas semiáridas del oeste de África y en el altiplano de los Andes meridionales. En las regiones remotas donde son mayores las densidades demográficas, es más importante la producción agropecuaria mixta, aun cuando sea bajo el potencial de producción de cultivos, como sucede en partes de las tierras altas del este de África. Las zonas con escaso potencial de producción agrícola pero con un buen acceso a los mercados -como las áreas periurbanas de las zonas semiáridas de la India y otras áreas de escaso potencial- pueden tener una mayor ventaja comparativa en la explotación forestal, la producción intensiva de ganado o actividades no agrícolas. Las estrategias de desarrollo tendrán más éxito si reconocen y aprovechan esas ventajas comparativas.

  3. Las estrategias para desarrollar y difundir tecnologías deben tener en cuenta las características y demandas especiales de las zonas poco favorecidas. El alto grado de diversidad de las condiciones biofísicas y socioeconómicas es uno de los retos principales. Otros retos pueden ser la vulnerabilidad a la sequía, las plagas, las enfermedades, las temperaturas extremas y otros riesgos; la fragilidad de la tierra y otros recursos; la lejanía de los mercados y los servicios; y la orientación hacia la producción de autoconsumo de los agricultores de esas zonas. Por consiguiente, la estrategia tecnológica debe ser participativa y orientada por la demanda, estimular y aprovechar las innovaciones de los agricultores y adaptarse a las circunstancias locales. Las tecnologías que contribuyen a reducir los riesgos (por ejemplo, aumentando la tolerancia a la sequía, las plagas o la helada) y a conservar y mejorar los recursos pueden ser más eficaces que aquellas que simplemente promueven los rendimientos altos en respuesta a cantidades elevadas de insumos.

  4. Se requieren tecnologías rentables y sustentables para conservar y usar eficientemente el agua escasa, controlar la erosión, restablecer la fertilidad del suelo y aumentar el suministro de biomasa útil. Esas tecnologías son a menudo intensivas en cuanto al empleo de mano de obra o tierra (por ejemplo, la construcción de terrazas) y pueden ser poco atractivas para los agricultores cuando son altos los costos de la mano de obra o escasea la tierra. Las tecnologías que ahorran trabajo o tierra, como los barbechos mejorados durante una estación lluviosa breve o las actividades agroforestales en los límites de las fincas, pueden tener más posibilidades. En las áreas con precipitación limitada, la escasez de biomasa y las demandas elevadas de biomasa para otros usos (por ejemplo, como combustible o como forraje) restringen el potencial de muchos métodos orgánicos de manejo de la tierra. En esas circunstancias, se debe dar gran prioridad a las tecnologías y las políticas encaminadas a conservar el agua y aumentar en forma rentable la producción de biomasa útil (como el fomento de las reservas forestales).

  5. Las estrategias para las zonas poco favorecidas serán más eficaces si están vinculadas con vías de desarrollo que tienen una ventaja comparativa en determinadas circunstancias. Es probable que el desarrollo del riego en pequeña escala produzca los beneficios más altos en las zonas con buen acceso a los mercados y otras condiciones idóneas del suelo, ya que permite la producción de cultivos de alto valor y también la intensificación de la producción de cultivos alimentarios. El desarrollo de caminos generará los beneficios más elevados en las zonas densamente pobladas con buen potencial agrícola pero un acceso limitado a los mercados, al permitir la comercialización de productos de alto valor y los insumos que éstos requieren. El mejor manejo de las instituciones vinculadas con los recursos que son propiedad de la comunidad, como las tierras o las reservas forestales comunales, son fundamentales en muchas zonas poco favorecidas, especialmente en las de escaso potencial y pocas oportunidades de incrementar la productividad de los cultivos. Las inversiones en educación y capacitación también son importantes, en particular en las regiones con escaso potencial y limitado acceso a los mercados, donde la inmigración suele ser un elemento destacado de las estrategias de subsistencia de las personas para el futuro cercano.

Ninguna estrategia única funcionará en todas las zonas poco favorecidas. Sin embargo, todas las estrategias eficaces requerirán inversiones en capital físico, humano, natural o social. La clave es identificar y poner en práctica la cartera apropiada de esas inversiones públicas y privadas para distintas circunstancias en las zonas poco favorecidas. Para lograr esta meta se necesita algo más que simplemente tecnologías o políticas nuevas. Se requieren instituciones sensibles y eficientes para movilizar esas inversiones y asegurar la responsabilidad, el manejo eficiente y la distribución equitativa de los beneficios. Se ha avanzado en esta dirección como resultado de las tendencias recientes hacia la descentralización y el mejor gobierno en los países en desarrollo. No obstante, los retos siguen siendo grandes, aun cuando se identifiquen estrategias en potencia rentables.

John Pender es investigador y Peter Hazell es director de la División de Medio Ambiente y Tecnología de la Producción en el IFPRI.


«LA VISIÓN DE LA ALIMENTACIÓN, LA AGRICULTURA Y EL MEDIO AMBIENTE EN EL AÑO 2020» ES UNA INICIATIVA DEL INSTITUTO INTERNACIONAL DE INVESTIGACIONES SOBRE POLÍTICAS ALIMENTARIAS (IFPRI) PARA ALIMENTAR AL MUNDO, REDUCIR LA POBREZA Y PROTEGER EL MEDIO AMBIENTE.

El IFPRI es parte del Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas Internacionales (CGIAR), una red mundial de investigaciones agrícolas.

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