Punto de enfoque 4 – Resumen 3 de 9 — Noviembre 2000
(Traducción del inglés)

Una Visión De La Alimentación, La Agricultura Y El Medio Ambiente En El Año 2020

FOMENTAR EL DESARROLLO SUSTENTABLE EN LAS ZONAS POCO FAVORECIDAS
Tecnologías para las Zonas Tropicales de los Andes

Thomas Walker, Scott Swinton, Robert Hijmans, Roberto Quiroz, Roberto Valdivia, Miguel Holle, Carlos León-Velarde y Joshua Posner

La heterogeneidad de las zonas tropicales de los Andes ha dado origen a numerosos sistemas de clasificación agroecológica, pero el criterio que permite distinguir en forma más eficiente las áreas favorecidas de las poco favorecidas es la latitud. La proximidad al Ecuador elimina los cambios estacionales de la temperatura. En los Andes septentrionales, es posible que haya lluvias en cualquier mes del año. En los Andes meridionales, tanto las temperaturas como los regímenes de precipitación son estacionales y la helada y la sequía determinan la duración del ciclo de cultivo y amenazan periódicamente la producción agrícola.

El carácter estacional define a los dos grandes sistemas de pastizales de altitudes elevadas conocidos como el páramo y la puna. La línea divisoria entre esos dos sistemas cruza el norte del Perú aproximadamente en la latitud de Cajamarca (véase la figura). Usamos este punto de referencia para agrupar las tierras altas tropicales situadas en altitudes superiores a los 1,500 metros en los Andes septentrionales y los Andes meridionales. Examinaremos brevemente los cambios tecnológicos en los Andes septentrionales y meridionales antes de concentrarnos en el Altiplano, la región menos favorable para la producción en los Andes meridionales.

LOS ANDES SEPTENTRIONALES Y MERIDIONALES

En los Andes septentrionales, un patrimonio adecuado de recursos naturales de temperatura, precipitación y suelos han montado el escenario para algunos ejemplos notables de la intensificación de la producción en respuesta a la creciente presión demográfica y el acceso a los mercados. Los ejemplos más sobresalientes son las prósperas industrias de la floricultura en Colombia y Ecuador.

Las plagas y las enfermedades pueden provocar pérdidas en la producción en los Andes septentrionales. No obstante, se pueden controlar estas amenazas usando variedades resistentes a las enfermedades o insumos más costosos pero todavía lucrativos. A pesar de la incidencia moderadamente alta de estos factores bióticos desfavorables, han surgido áreas especializadas de producción de papa en las tierras altas de Colombia y Ecuador, donde son frecuentes los rendimientos de 20 (o más) toneladas por hectárea y donde es posible cultivar papas de temporal durante todo el año. En la mayoría de las regiones cultivadas de los Andes septentrionales, la aplicación de fertilizantes inorgánicos es redituable no sólo en los cultivos hortícolas de alto valor sensibles a los fertilizantes sino también en los cereales.

En contraste con los Andes septentrionales, los habitantes de las zonas rurales de los Andes meridionales son considerablemente más pobres que los habitantes de otras regiones de los mismos países. En los Andes meridionales, la sequía es acentuada por la presencia cíclica de El Niño.

EL ALTIPLANO

El entorno de producción menos favorecido en los Andes meridionales es el Altiplano, una planicie a gran altitud que incluye el lago Titicaca y se extiende por casi 800 kilómetros de norte a sur, con una anchura de unos 200 kilómetros (véase la figura). Tres cuartas partes del Altiplano están entre los 3,600 y los 4,000 metros de altura sobre el nivel del mar. La mayor parte de las tierras son pastizales no mejorados. La papa representa la proporción más grande del valor de la producción entre los cultivos andinos autóctonos y los introducidos que se producen en el Altiplano.

Las condiciones para la producción agrícola son durísimas. La sequía, el granizo y la helada son visitantes frecuentes. Las inundaciones pueden dañar severamente los cultivos en la periferia llana y relativamente fértil del lago Titicaca. Son frecuentes los suelos degradados y la salinidad es endémica en ciertas áreas.

La ventaja comparativa del Altiplano reside en el pastoreo extensivo de ganado, principalmente ovejas, bovinos y alpacas. En comparación con los cultivos, el ganado tiene un mayor potencial comercial como resultado de la disponibilidad de plantas forrajeras tolerantes a la sequía, la abundancia de tierras de pastoreo en las subregiones más secas y más frías y el valor más alto de la carne y la lana, que responden a la realidad económica de mercados distantes. Sin embargo, el Altiplano no es el lugar ideal para criar todo tipo de ganado, en particular animales no rumiantes pequeños. Por ejemplo, los cobayos, una fuente apreciada de carne en los Andes, tienen mejores perspectivas comerciales en las áreas de menor altitud donde la reducción de los requerimientos de energía de mantenimiento conducen al aumento de peso.

La importancia y la pertinencia de la investigación agrícola se originan en la gran cantidad de personas pobres, principalmente indígenas, que constituyen la mayoría de los 2.2 millones de habitantes del Altiplano. Alrededor del 65% de la población económicamente activa se dedica a la agricultura. Desde los años 70, la emigración estacional de los adultos en edad de trabajar ha evolucionado para convertirse en una emigración permanente hacia las zonas de bosques de lluvia, donde abundan las tierras, y las ciudades costeras. Las remesas de dinero que se envían al Altiplano son escasas o no han sido usadas para inversiones en la agricultura; por consiguiente, la emigración de la mano de obra ha erosionado la capacidad productiva.

La naturaleza inhóspita del medio ambiente para la producción de cultivos y ganado se refleja en la limitada adopción de prácticas y variedades mejoradas. Es redituable aplicar fertilizantes orgánicos a las papas en los años buenos; no obstante, los años buenos no son la norma y las cantidades aplicadas son muy pequeñas. Las variedades de papas con rendimientos altos y estables cultivadas ampliamente en el resto de los Andes meridionales de Perú no han podido penetrar en el Altiplano, donde predominan las variedades autóctonas y las especies cultivadas resistentes a la sequía y con bajos rendimientos.

En el resto de las zonas tropicales semiáridas, es posible transformar el potencial de producción con la irrigación. No sucede lo mismo en el Altiplano porque las temperaturas frías impiden los cultivos sucesivos.

Las escasas pruebas de la adopción de tecnologías mejoradas tal vez indiquen una ausencia de inversiones en la investigación agrícola. De hecho, una mayor estabilidad en la investigación podría haber contribuido a aumentar los impactos y ha sido débil el apoyo del sector público a la extensión. No obstante, desde 1970 se han asignado fondos considerables a la investigación sobre productos andinos. En las universidades agrícolas, principalmente de Perú, se han escrito centenas de tesis sobre cultivos andinos "olvidados". Desde 1975, un donador ha invertido en más de 20 proyectos de investigación orientada al desarrollo vinculados con el Altiplano o zonas aledañas. Se ha capacitado a científicos y agricultores de la región y se ha conservado el germoplasma de cultivos andinos. Ha mejorado el proceso de la investigación y se han fortalecido las instituciones regionales y locales. Sin embargo, el registro de los impactos prácticos ha sido decepcionante. Los agricultores han aceptado pocas tecnologías. La productividad es uniforme o fluctúa en respuesta a episodios climáticos asociados con El Niño. Además, la rehabilitación de las descuidadas terrazas que exigen mano de obra intensiva y las camas elevadas diseñadas para mejorar el potencial de producción en otras épocas ha requerido grandes subsidios para alcanzar las metas.

Algunos proyectos orientados a la producción también han afectado negativamente el potencial de producción. La inversión en sistemas de riego mal diseñados después de la severa sequía provocada por la presencia de El Niño en 1983 causó daños por salinidad en ciertas zonas. El empleo indiscriminado del arado de discos para satisfacer la creciente demanda de quinoa, un cereal andino, ha sido acusado de acelerar la erosión eólica.

Aun así, se han logrado ciertos éxitos en el pasado y se están produciendo otros en el presente. Se ha difundido la adopción de razas mejoradas de ganado lechero para zonas templadas. El trébol blanco, la alfalfa y otros cultivos forrajeros han sido introducidos en áreas limitadas para mejorar la calidad del forraje. Ha aumentado la producción de lana de alpaca gracias al intercambio de sementales entre los hatos y a la inversión comunitaria en terrenos anegadizos para producir forraje. La aceptación temprana de invernaderos rústicos ha sido alentadora. También han tenido cierto éxito los fondos rotatorios para la adquisición de semilla de más alta calidad de algunas variedades autóctonas de cultivos andinos. Está surgiendo un mercado de exportación para la quinoa y las preferencias se inclinan por los tipos de granos llenos y blancos producidos en las condiciones muy secas del Altiplano meridional.

Están en camino algunas tecnologías promisorias. Varias variedades de papas resistentes a la sequía se acercan a la etapa de lanzamiento en Bolivia. Las plantas halófilas podrían aumentar notablemente las provisiones de alimentos para los animales y rehabilitar las áreas salinas. Los refugios de bajo costo para el ganado pueden reducir en forma sustancial la pérdida de energía durante las noches frías. También tiene brillantes perspectivas la investigación sobre cultivos forrajeros tolerantes al frío y sobre el manejo de los pastizales naturales. Los avances en la tecnología de la información que incluyen modelos de simulación por computadora, que usan bases de datos digitales e imágenes por vía satélite e incorporan las técnicas de los GIS (sistemas de información geográfica), ayudan cada vez más a definir los problemas, evaluar los riesgos y diseñar tecnologías.

La generación de nuevos componentes de bajo costo que se puedan usar individualmente para mejorar el manejo de los cultivos con temperaturas frías, es una de las principales prioridades en el diseño de tecnologías. Por ejemplo, se han registrado algunos beneficios notables en zonas agrícolas marginadas de China con el empleo de una cubierta de plástico transparente, que ha prolongado la duración del ciclo de crecimiento y ha impulsado la llamada Revolución Blanca en el maíz. Varias técnicas de ese tipo que han funcionado bien en la producción de cultivos en condiciones de frío podrían ser adaptadas al Altiplano.

La biotecnología ha sido ampliamente promocionada como un instrumento para aumentar la resistencia de las plantas a factores abióticos desfavorables tales como la sequía y la helada. No obstante, estos factores requieren respuestas poligénicas y se han identificado pocos transgenes. Además, es fuerte la oposición al empleo de variedades transgénicas de los cultivos andinos en el Altiplano o sus cercanías, donde por primera vez se domesticaron muchos de los cultivos andinos, con el argumento de que esas variedades transgénicas podrían amenazar la biodiversidad. En este momento, en el mejoramiento de la papa parece una posibilidad más viable para aumentar el valor de mercado de las especies cultivadas resistentes a la helada, es decir, incrementar la dulzura de la papa amarga. La tecnología de los marcadores moleculares con el tiempo contribuirá a incrementar la eficiencia del fitomejoramiento tradicional, pero la cuestión es cuándo lo hará. Las inversiones del sector privado en el fiitomejoramiento también podrían impulsar el crecimiento de la productividad cuando se encuentren formas eficaces en relación con su costo para la hibridación de cultivos andinos.

Un mayor acceso a los mercados es la clave para concretar el potencial de producción. El comercio más libre entre Bolivia, Brasil y Perú intensificará la competitividad de la piscicultura y la horticultura en el lago Titicaca y sus alrededores. El progreso continuo de la construcción de caminos aumentará la ventaja comparativa de esta remota región con respecto a los valles costeros irrigados y los valles interandinos de temporal.

Para más información, véase el trabajo de Luis Argüelles y Rubén Darío Estrada, Perspectivas de la investigación agropecuaria para el Altiplano (Lima, Perú: Proyecto de Investigación en Sistemas Agropecuarios Andinos, 1991).

Thomas Walker es jefe de Ciencias Sociales, Robert Hijmans es científico especializado en información geográfica, Roberto Quiroz es jefe de Sistemas de Producción y Manejo de los Recursos Naturales, y Miguel Holle es coordinador de cultivos andinos, todos ellos en el Centro Internacional de la Papa (CIP), Lima, Perú. Scott Swinton es profesor asociado de economía agrícola en la Universidad Estatal de Michigan. Roberto Valdivia es director del Centro de Investigación de Recursos Naturales y Medio Ambiente, Puno, Perú. Carlos León-Velarde es especialista en sistemas de producción animal en el CIP y el Centro Internacional de Investigación Pecuaria. Joshua Posner es coordinador del Consorcio para el Desarrollo Sustentable de la Ecorregión Andina (CONDESAN), Lima, Perú.


«LA VISIÓN DE LA ALIMENTACIÓN, LA AGRICULTURA Y EL MEDIO AMBIENTE EN EL AÑO 2020» ES UNA INICIATIVA DEL INSTITUTO INTERNACIONAL DE INVESTIGACIONES SOBRE POLÍTICAS ALIMENTARIAS (IFPRI) PARA ALIMENTAR AL MUNDO, REDUCIR LA POBREZA Y PROTEGER EL MEDIO AMBIENTE.

El IFPRI es parte del Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas Internacionales (CGIAR), una red mundial de investigaciones agrícolas.

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