FOMENTAR EL DESARROLLO SUSTENTABLE EN LAS ZONAS POCO FAVORECIDAS
La Función de la Ciencia Agrícola
Shawki Barghouti y Peter Hazell
Muchos investigadores y encargados de formular las políticas agrícolas son escépticos acerca de la eficacia de invertir en investigaciones agrícolas para las zonas poco favorecidas. Las condiciones de cultivo son muy diversas, a menudo marginales y arriesgadas, de tal modo que las tecnologías mejoradas pueden (1) producir en promedio escasos beneficios de productividad, (2) no ser atractivas para los agricultores a causa del riesgo de pérdida de los insumos en los años malos y (3) no tener una aplicación difundida (en contraste con las tecnologías de la Revolución Verde, que se difundieron en decenas de millones de hectáreas). También se considera que las tecnologías son más difíciles y tal vez más costosas. Sin duda estas preocupaciones tienen algún fundamento, en especial en el caso de la investigación para el mejoramiento de productos, pero, como se comprueba en la India, la investigación agrícola puede provocar significativos impactos en la productividad y reducir la pobreza en ciertos tipos de zonas poco favorecidas. La investigación y el desarrollo (I&D) para zonas poco favorecidas tienen que abordar esas preocupaciones en forma realista.
LOS POTENCIALES BIOFÍSICOS
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Es importante conocer los potenciales biofísicos del aumento de la productividad de la tierra en distintos tipos de zonas poco favorecidas. Si esos potenciales no son mucho mayores que los que actualmente concretan los agricultores, entonces no es probable que la I&D sean útiles. Muchas zonas poco favorecidas tienen luz solar y una precipitación anual media suficiente para mantener buenos rendimientos, pero carecen de los nutrimentos adecuados del suelo y los medios para capturar y almacenar el agua de lluvia disponible hasta que se la necesite. Por ejemplo, los estudios con modelos teóricos de las plantas muestran que los rendimientos de los cereales de temporal en las zonas tropicales semiáridas del oeste de África podrían duplicarse o triplicarse si fueran adecuadas las cantidades de nutrimentos, en especial el fosfato, y se superaran las restricciones estacionales de la humedad del suelo. Asimismo, los ensayos experimentales basados en el incremento de los nutrimentos esenciales de las plantas (como la combinación de aplicaciones de roca fosfórica con barbechos mejorados sembrados con leguminosas arbóreas o cultivos de cobertura) y la captación de agua en los niveles del paisaje indican que la productividad de la tierra puede ser aumentada en un 100-200% en algunas zonas poco favorecidas. El fitomejoramiento para obtener mayor tolerancia a factores tales como la sequía, la sal y la acidez también indica que son posibles aumentos considerables del rendimiento, aun con los regímenes existentes de nutrimentos y humedad del suelo. En Brasil, el encalado y la labranza cero han convertido suelos pobres y ácidos en algunas de las tierras agrícolas más productivas del país. Estos resultados revelan que la mayoría de las zonas poco favorecidas tienen un considerable potencial biofísico para lograr rendimientos mucho más altos. El verdadero reto es encontrar formas rentables y sustentables desde el punto de vista ambiental para explotar ese potencial de rendimiento.
La I&D por sí solos no pueden resolver los problemas de las zonas poco favorecidas. La tarea exige también contar con políticas e instituciones locales propicias, así como inversiones públicas en infraestructura rural y en la salud y la educación de las personas del lugar. Estos problemas se analizan en los resúmenes que se adjuntan. Aquí nos concentramos en las pautas que permiten definir estrategias apropiadas de I&D para las zonas poco favorecidas.
ESTRATEGIAS DE I&D PARA LAS ZONAS POCO FAVORECIDAS
El fitomejoramiento. El desarrollo de variedades mejoradas para las zonas poco favorecidas es esencial para lograr rendimientos más altos (como las variedades de cultivos alimentarios y comerciales más tolerantes a la sequía y a las condiciones adversas del suelo, que tienen mayor resistencia a las plagas y enfermedades). Los métodos tradicionales de fitomejoramiento pueden hacer una contribución importante, pero la biotecnología abrirá nuevas oportunidades de fitomejoramiento y acortará el tiempo requerido para desarrollar variedades mejores.
El mejor manejo de los recursos naturales. Es cada vez mayor el consenso de que todo aumento importante de la productividad requerirá primero mejores prácticas y tecnologías de manejo de los recursos naturales, en especial de captación del agua y recuperación de la fertilidad del suelo. Esas prácticas y manejos tienen potencial para aumentar los rendimientos de las variedades existentes de los cultivos. También crearán entornos más favorables para incrementar los beneficios del desarrollo de variedades mejoradas. Los tipos de mejoras necesarias en el manejo de los recursos naturales varían mucho según cuál sea el factor más limitante de la producción, las diversas condiciones agroecológicas y otros factores sociales y económicos.
Las soluciones de los problemas en gran escala. Dada la enorme diversidad de las condiciones locales, la I&D vinculados con el manejo de los recursos naturales deben concentrarse en aquellos problemas que sean comunes para una cantidad significativa de personas pobres, y sólo en aquellos cuya solución pueda ser extendida a otros lugares desde los sitios de referencia. Esa ampliación no implica que todos los sitios tienen que ser homogéneos sino que las prácticas mejoradas de manejo de los recursos naturales deben poder ser adaptadas con facilidad y eficiencia en relación con el costo por las personas e instituciones del lugar a diferentes circunstancias, específicas para cada sitio.
Las tecnologías que requieren pocos insumos externos. Como muchas zonas poco favorecidas tienen una infraestructura deficiente y poco acceso a los mercados, es antieconómico para los agricultores emplear grandes cantidades de insumos externos. Sin embargo, las tecnologías que necesitan pocos insumos externos en general requieren mano de obra intensiva, tanto en forma temporal como en total, y ésta puede ser una restricción importante para su adopción. Los barbechos y los abonos verdes mantienen la tierra sin producir cultivos; el empleo de desechos orgánicos y estiércol como abono compite con la utilización de esos materiales como fuente familiar de energía y son difíciles de conseguir en muchas fincas pequeñas. El reto es desarrollar tecnologías con pocos insumos externos, que impulsen la productividad de la mano de obra y la tierra.
La diversificación. Si bien las tecnologías mejoradas para los cultivos alimentarios destinados al autoconsumo y a satisfacer la demanda local a menudo son muy necesarias en las zonas poco favorecidas más pobres, los aumentos sostenidos de los ingresos per cápita dependerán de la diversificación para incluir productos de más alto valor, como el ganado y los productos hortícolas y actividades no agrícolas como el procesamiento de productos de la agricultura.
Los derechos de propiedad y la acción colectiva. Los anteriores intentos de I&D en las zonas poco favorecidas indican la importancia de factores sociales e institucionales, en particular los sistemas autóctonos de derechos de propiedad y la capacidad local para organizar y sostener la acción colectiva orientada al manejo de los recursos naturales. Algunas de las tecnologías agrícolas con más éxito han evitado esos problemas (como las variedades de alto rendimiento de los cereales de la Revolución Verde) porque los beneficios podían ser captados en un solo ciclo agrícola y, por lo tanto, no se requerían derechos de propiedad seguros. Tampoco se necesitaba la acción colectiva; los agricultores podían adoptar las tecnologías en forma individual, sin importar lo que decidieran hacer sus vecinos. Estas características hacían que fueran relativamente sencillas las decisiones acerca de la adopción y ayudan a explicar por qué las variedades de alto rendimiento pudieron difundirse con tanta rapidez y amplitud en situaciones socioeconómicas diversas. No obstante, cuando las agendas de investigación deben concentrarse en el uso sustentable de los recursos naturales, los aspectos institucionales locales se volvieron más destacados. Por ejemplo, la plantación de árboles con propósitos de explotación es una inversión a largo plazo que requiere derechos de propiedad seguros, aunque no necesariamente la acción colectiva. Muchas otras tecnologías para un mejor manejo de los recursos naturales necesitan derechos de propiedad seguros y la acción colectiva efectiva. El desarrollo de las cuencas, por ejemplo, exige derechos de propiedad seguros porque implica inversiones a largo plazo que tendrán éxito sólo si toda la comunidad que vive en el territorio afectado se moviliza para apoyar la acción colectiva. Si no se satisfacen estas condiciones institucionales, no es probable que se adopte y mantenga la tecnología, cualesquiera que sean su rentabilidad y su solidez científica.
Los conocimientos locales. Gran parte de la I&D necesarios para las tierras poco favorecidas no implican una ciencia elevada sino, más bien, la difusión y adaptación de los conocimientos e innovaciones prácticas locales. Algunas organizaciones no gubernamentales (ONG) han tenido mucho éxito en esto y en el trabajo con las comunidades locales para superar restricciones sociales e institucionales. Hay serias dudas acerca de que muchos de esos éxitos se puedan lograr y mantener en escala más amplia a un costo razonable. No obstante, las instituciones oficiales de I&D deben integrar mejor sus propios productos en la cartera más amplia de opciones tecnológicas disponibles para los agricultores.
Los métodos participativos. Es preciso desarrollar métodos más participativos para elaborar las agendas de investigación y ensayar tecnologías nuevas si se desea que éstas sean adecuadas y adoptadas, en particular por los pobres. Dado que los investigadores deben trabajar en problemas que afecten ámbitos amplios con el fin de lograr efectos que vayan más allá de sitios específicos, puede ser un criterio útil concentrar la investigación en comunidades representativas que sirvan como punto de referencia.
Los retos que afronta la I&D para zonas poco favorecidas son grandes. Esas zonas son mucho más diversas que muchas áreas con gran potencial. El desarrollo sustentable en las zonas poco favorecidas implica cambios en los complejos sistemas de manejo de los recursos naturales, que han sido desarrollados por generaciones para hacer frente a las condiciones climatológicas y la precipitación inciertas, los suelos más pobres y a menudo más frágiles y los altos costos de los insumos externos, dado el poco acceso a los mercados.
Con el fin de afrontar esos retos, los sistemas de investigación y extensión agrícolas deben adoptar un enfoque de solución de problemas más orientado a los clientes, para todos los tipos de tecnologías y condiciones agrícolas. Este enfoque con frecuencia requerirá más investigaciones en fincas, en condiciones difíciles y diversas, que probablemente serán muy distintas de las encontradas en las estaciones de investigación. No todos los retos tecnológicos que afrontan los pobres serán resueltos mediante más trabajo en las fincas; la biotecnología, cuya labor se efectúa estrictamente en el laboratorio, puede ser esencial, por ejemplo, para elevar los rendimientos máximos o mejorar la tolerancia a la sequía. Sin embargo, aun la biotecnología será más eficiente si aborda prioridades establecidas sobre la base de un enfoque de solución de problemas orientado a los clientes, que obtenga muchos de sus conocimientos en la interacción con los agricultores.
Es preciso efectuar reformas institucionales para cambiar las estructuras de incentivos dentro de los sistemas públicos de investigación y extensión, de tal modo que los científicos y el personal de extensión sean más sensibles a las necesidades de sus clientes. Para ser eficaces, estos cambios tendrán que extenderse a todos los niveles de gestión. Los tipos de cambios necesarios en los sistemas nacionales de investigación y extensión agrícolas también requerirán el establecimiento de nuevas asociaciones entre el sistema público y las ONG, las empresas del sector privado y los agricultores.
Shawki Barghouti es asesor de investigación en el Departamento de Desarrollo Rural del Banco Mundial y Peter Hazell es director de la División de Tecnología de la Producción y Medio Ambiente en el IFPRI.
«LA VISIÓN DE LA ALIMENTACIÓN, LA AGRICULTURA Y EL MEDIO AMBIENTE EN EL AÑO 2020» ES UNA INICIATIVA DEL INSTITUTO INTERNACIONAL DE INVESTIGACIONES SOBRE POLÍTICAS ALIMENTARIAS (IFPRI) PARA ALIMENTAR AL MUNDO, REDUCIR LA POBREZA Y PROTEGER EL MEDIO AMBIENTE.
El IFPRI es parte del Grupo Consultivo sobre Investigaciones Agrícolas Internacionales (CGIAR), una red mundial de investigaciones agrícolas.
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