IFPRI: 2020 Noticias Y Opiniones, Febrero 1998
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2020 Noticias Y Opiniones Junio de 1998

2020 Noticias Y Opiniones

Febrero 1998

Una Visión De La Alimentación, La Agricultura Y El Medio Ambiente En El Año 2020

¿Cómo enfrentará la agricultura al fenómeno de El Niño?

Los tornados que azotan a México dejan una estela de muerte y cultivos arrasados. Las inundaciones que cubren a África Oriental sacan a la gente de sus hogares. La sequía se extiende a lo largo y ancho de Indonesia y causa incendios en los bosques nacionales y hambre en la región oriental. Mientras tanto, el Perú y Zimbabwe sufren las consecuencias de la sequía y Etiopía y Kenya están inundadas por lluvias torrenciales.

El culpable de tan drásticos cambios climáticos es un fenómeno de nombre muy conocido: El Niño, el Niño Jesús. Es la aparición de una enorme masa de agua caliente en el Océano Pacífico que causa estragos en las condiciones climáticas del mundo y recibió ese nombre hace cerca de tres siglos por presentarse en la época de la Navidad.

En los países en desarrollo, donde la agricultura proporciona no solo alimentos sino también la mayoría de los empleos, el efecto de El Niño para el sistema de producción agropecuaria puede ser asunto de vida o muerte. Un fenómeno muy severo puede causar hambre y malnutrición a miles de personas y paralizar las economías locales. Sin embargo, la ciencia y el análisis retrospectivo pueden ser poderosas armas para mitigar los efectos destructores de El Niño para la agricultura. Los países de África y América Latina han aprendido de sus errores pasados y formulado estrategias para ayudar a los agricultores a enfrentar este fenómeno antes de que azote.

Para formular esas estrategias, los países dependen de mejores pronósticos de El Niño y de sus efectos. Los climatólogos han creado modelos para pronosticar su comportamiento con una precisión imposible de imaginar hace un decenio. Ahora, los investigadores proponen que el pronóstico de El Niño sea más específico para la agricultura y se limite a determinados países o aun a regiones dentro de un país determinado.

Sin embargo, el ser humano no puede ejercer control sobre El Niño, un complejo fenómeno cada vez más imprevisible por su relación con otros patrones meteorológicos, que quizá incluyen el calentamiento de la Tierra. Según los expertos, sin pronósticos precisos de El Niño, los agricultores, investigadores y especialistas en formulación de política verán su tarea obstaculizada por información insuficiente y quizá errónea.

flooding Un fenómeno más catastrófico

Los recientes ataques de El Niño han causado enormes pérdidas a la agricultura mundial, particularmente en los países en desarrollo. Las tormentas y sequías de 1982 y 1983 dejaron un saldo de más de 1.000 muertes y de pérdidas económicas en todo el mundo, cuyo valor se acerca a US$8.000 millones. El fenómeno de 1991–92 desencadenó una de las peores sequías del siglo en África Meridional, que redujo por mitad la producción de cereales y obligó a los países a aceptar ayuda alimentaria por un valor sin precedentes de US$4.000 millones.

En opinión de los expertos, El Niño de este año se presenta como el más catastrófico del siglo y dejará su marca destructora en la agricultura, la pesca y los bosques del mundo. Sin embargo, también encuentra a muchos países mejor preparados.

África Meridional, azotada por la sequía que se extendió por la región en 1991 y 1992, aprendió una difícil lección. Hace cinco años, no había pronósticos oportunos o no se creía en ellos. Los organismos agrícolas dejaban de alertar a los agricultores con anticipación sobre la forma de diversificar sus cultivos, sembrar temprano o conservar agua. En realidad, Zimbabwe exportó reservas de cereales que necesitaría desesperadamente más tarde. En general, se informa que la sequía afectó a unos 30 millones de personas en África Meridional y redujo la producción de cereales de la región en cerca de 50%.

El Niño de este año es otra historia. En la primavera de 1997 se comenzó a pronosticar condiciones más secas durante la estación de siembra de 1997/98. En septiembre de ese año, varios expertos de África Meridional formularon una estrategia de control de la sequía en la región que comprendió alerta anticipada a los agricultores para que sembraran cultivos resistentes a la sequía, observación del tiempo durante la temporada de cultivo y trabajo de especialistas en abastecimiento de agua y alimentación del sector público con autoridades agrícolas con el fin de mitigar los efectos de la sequía.

También han sido beneficiosos otros cambios de importancia hechos en 1992, dijo Robert Clement-Jones, economista superior del Banco Mundial especializado en asuntos ambientales. Ha terminado la lucha en Angola y Mozambique. Sudáfrica es parte de la comunidad internacional. Las fronteras están más libres y eso facilita la comunicación y el transporte. Muchos países han liberalizado sus políticas agrícolas.

Malawi es ejemplo de ello, afirmó Clement-Jones. Por años, se indicó a los agricultores cuándo sembrar y qué producto usar: maíz. Otros cultivos eran tabú. Esa situación comenzó a cambiar hace cuatro años, agregó. Este año, los agentes de extensión de Malawi han dado un aviso sobre El Niño. El mensaje dice: «siembren pronto, siembren cultivos distintos del maíz, pero no abandonen el trabajo en la estación agrícola», dijo Clement-Jones.

Una vez que los meteorólogos y los gobiernos han cumplido con su labor, el resto compete a los agricultores, según Reginald Mugwara, coordinador de seguridad alimentaria de la Comunidad de Desarrollo de África Meridional. Todavía no está claro qué tan bien funcionará la estrategia. Los países de África Meridional serán muy vulnerables a los efectos de El Niño en los próximos meses.

fire Respuesta de otros países

África Meridional no es la única región en actuar rápidamente con respecto al fenómeno de El Niño. El Perú está entre varios países andinos que ya han incorporado los pronósticos correspondientes a la planificación agrícola.

Cuando los pronósticos de mayo de 1997 indicaron que El Niño podría causar lluvias torrenciales en el Norte del Perú y sequías en el Sur, el gobierno declaró estado de emergencia en algunas regiones, meses antes de que azotara el mal tiempo.

Los pronósticos más precisos de los últimos años ayudan, dijo Carlos Emanuel, consultor especializado en asuntos agrícolas con sede en Lima, al recordar la respuesta más lenta del gobierno al ataque de El Niño en 1982–83. «Ahora todo el mundo sabe cuándo llegará El Niño», dijo Emanuel. «De manera que el gobierno ha tomado las disposiciones necesarias para combatirlo».

Hasta ahora, el país ha gastado US$20 millones en prevención de inundaciones y otros US$2 a US$3 millones en mitigación de los efectos de la sequía, incluso en construcción de pozos pequeños y establecimiento de un programa de producción de semillas, según el Banco Mundial.

Sin embargo, otros países luchan por responder al fenómeno.

Las Filipinas, donde impera la sequía, no han podido reaccionar en la debida forma porque sus sistemas de riego son anticuados e ineficientes. Ahora, hay racionamiento de agua en Manila como parte de la campaña gubernamental de conservación del agua, dijo Mercedita Sombilla, investigadora del Instituto Internacional de Investigaciones sobre el Arroz (IRRI) en Manila. Los agricultores han demorado sus siembras de arroz de diciembre y muchos de quienes trabajan en zonas de secano cultivan solamente unos pocos productos distintos del arroz, como frijol. Como resultado, Sombilla espera que las importaciones de arroz filipino se dupliquen este año. Entretanto, nadie sabe con seguridad cuándo acabará la sequía.

«Para prepararse para futuros ataques de El Niño, el país debe renovar definitivamente sus sistemas de riego con el fin de mejorar su eficiencia, construir más represas e invertir en sistemas de riego con pozos de tubo», dijo Gurdev S. Khush, fitomejorador de arroz del IFPRI y ganador del Premio Mundial de Alimentos de 1996. «La producción de variedades de arroz con tolerancia de la sequía debe ser un proyecto a largo plazo».

El pronóstico es todavía una novedad

En otros casos, la falta de conocimientos limita la medida en que los países pueden preparar sus sistemas agrícolas para el ataque de El Niño. A pesar de su gran potencial, el pronóstico de El Niño es todavía una novedad. Los modelos meteorológicos no permiten pronosticar las grandes fluctuaciones de temperatura causadas por el fenómeno. En opinión de los científicos, también es difícil hacer pronósticos precisos para determinados países, particularmente donde los patrones meteorológicos son más complejos, como en Kenya.

A comienzos de 1997, los meteorólogos de Kenya pronosticaron que El Niño traería sequía. Aunque pronto modificaron sus pronósticos, estaban mal preparados para hacer frente a las lluvias torrenciales que han desplazado aldeas, arrasado con caminos y destruido cultivos. Según un informe del Sistema de Alerta Anticipada de Hambre de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) en la Provincia del Valle del Rift, el granero de la nación, la producción de maíz en la estación de cultivo más reciente fue 31% inferior a la normal, en parte por el alto contenido de humedad del cereal. Esta baja de producción ocasionará alzas de precios para los consumidores de Kenya. Aunque se planea realizar actividades de socorro para ayudar a los más pobres, no se podrá realizarlas en gran escala hasta cuando se vuelvan a abrir los caminos cerrados por las lluvias torrenciales.

A diferencia de África Meridional, donde El Niño se puede pronosticar con bastante facilidad, Kenya tiene un clima complejo e imprevisible que dificulta más el pronóstico de los efectos de ese fenómeno de este año, dijo Peter Usher, jefe de la Sección Atmosférica del Programa de la Naciones Unidas para el Medio Ambiente, con sede en Nairobi. «Habría sido bueno, pero imposible, prever todo esto», dijo Usher de las peores lluvias ocurridas en Kenya en más de 30 años.

La forma en que El Niño reacciona con otros patrones climáticos presenta otra dificultad para el pronóstico. Por ejemplo, en el caso de Kenya, la climatóloga Vikki French de la USAID cree que las lluvias torrenciales fueron desencadenadas no solo por El Niño, sino también por drásticos cambios de temperatura en el Océano Índico. Aun en algunas partes de África Meridional, como en la región sur de Mozambique, ha habido lluvias torrenciales imprevistas.

Quizá lo que más preocupa a los expertos es la posible relación de El Niño con el calentamiento de la Tierra. Los meteorólogos y los especialistas en ciencias agrícolas señalan que en los últimos decenios El Niño ha sido más intenso, frecuente y prolongado. ¿Es esta la influencia del calentamiento de la Tierra? o ¿han contribuido a éste los incendios causados por El Niño en el Brasil e Indonesia?

Durante la conferencia sobre el cambio climático celebrada en Kyoto, Japón, en diciembre de 1997, las autoridades mundiales asignaron a los climatólogos la responsabilidad de encontrar respuestas a esa clase de interrogantes. Pero los climatólogos están escasos de dinero y de recursos para hacer el trabajo, afirmó Usher.

«Hay vastas regiones del mundo donde no se hacen las observaciones necesarias para pronosticar lo que sucede», agregó.

¿Nos esperan años más difíciles?

Mientras tanto, para los agricultores de los países en desarrollo puede ser más difícil hacer frente a los ataques de El Niño más prolongados y devastadores. Entre otros, French de la USAID afirma que El Niño de 1992 duró cinco años en África al Sur del Sahara, en lugar de dos. Pronostica que sucederá lo mismo este año. «Es devastador y durará hasta después de abril», afirmó. «Algunos países de África pueden aguantar y esperar por una temporada, pero si se prolonga por varias, tendremos verdaderos problemas».

Cualquiera que sea su duración, El Niño amenaza la producción de alimentos en los países en desarrollo que ya enfrentan posibilidades de una falta de alimentos cada vez mayor.

Mark Rosegrant, investigador del IFPRI a cargo de la creación de IMPACT, un modelo de demanda, oferta y comercio mundiales de alimentos hasta el año 2020, dijo que, aparte de los posibles efectos de El Niño, la diferencia entre la demanda y la producción de alimentos en los países en desarrollo podría aumentar a más del doble en los próximos 25 años. Muchos países de bajos ingresos, incluso la mayoría de los situados en África al Sur del Sahara, no podrán producir las divisas necesarias para comprar alimentos en el mercado mundial, ni siquiera en años en que no azota El Niño.

Además, El Niño es uno de varios factores contribuyentes a mayores fluctuaciones de los precios de los cereales en los mercados mundiales, que causa graves problemas a los países pobres con deficiencias de producción. Según Rosegrant, para la mayoría de los países en desarrollo, la tenencia de grandes existencias públicas de cereales o el fomento de la autosuficiencia alimentaria para hacer frente a las alzas de precios son estrategias insosteniblemente costosas. «Más bien, esos países deben tener pequeñas existencias de cereales para ayudar a corregir las alzas de precios, pero deben depender sobre todo de importaciones de los mercados mundiales. El riesgo también se puede reducir por medio de los futuros mercados mundiales de cereales», afirmó.

Para la población más pobre de los países en desarrollo, que será la más afectada por el aumento a corto plazo de los precios de los alimentos causado por El Niño, quizá se necesite considerar la posibilidad de establecer programas de asistencia focalizados, como los de cupones para alimentos o de alimentos a cambio de trabajo, recomendó Rosegrant.

Ayudar a los agricultores a hacer lo correcto

Con todo, el pronóstico no es del todo malo. Los investigadores proponen que se estudien estrategias óptimas para que los agricultores puedan enfrentar las condiciones creadas por El Niño. «La idea es explorar la forma en que los agricultores pueden reaccionar mejor a los cambios climáticos pronosticados», afirmó Sherman Robinson, investigador del IFPRI, que trabaja en una iniciativa de investigación de los efectos económicos de un mejor pronóstico en África Meridional. «Una mejor planificación en la finca, con mejores pronósticos, podría representar una enorme diferencia de producción de un costo de miles de millones de dólares».

Pero un mejor pronóstico no basta para mantener la producción agrícola en los años en que azota El Niño. Los agricultores deben tener también los instrumentos necesarios para aprovechar los pronósticos más precisos. Por ejemplo, necesitan acceso a mercados donde puedan vender sus productos, crédito para hacer inversiones en la finca, una infraestructura de comunicación y transporte en buen funcionamiento y tecnología apropiada para poder sostener la producción en condiciones meteorológicas fuera de lo común. A largo plazo, se necesita investigación agrícola para obtener variedades de cultivo que puedan sobrevivir en las difíciles condiciones creadas por El Niño.

Indudablemente, los futuros ataques de El Niño causarán muchas alteraciones. Pero con mejor preparación de los gobiernos, los investigadores y los agricultores—a partir de las lecciones aprendidas en episodios recientes—quizá no causen el desastre agrícola que han ocasionado en el pasado.

El texto de este de este artículo puede reimprimirse total o parcialmente sin autorización del IFPRI, siempre y cuando se le dé crédito. Sírvase enviar los ejemplares correspondientes al IFPRI.

Crédito por las fotografías: Wernher Krutein, PHOTOVAULT; David Steinke, NREL/USFS.

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