IFPRI: 2020 Noticias Y Opiniones, Febrero 1998
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2020 Noticias Y Opiniones Junio de 1998

2020 Noticias Y Opiniones

Febrero 1998

Una Visión De La Alimentación, La Agricultura Y El Medio Ambiente En El Año 2020

África necesita tecnología agrícola occidental

Este artículo es del ex Presidente Jimmy Carter, fundador del Centro Carter, que se dedica a actividades filantrópicas destinadas a mejorar la salud, prevenir y resolver los conflictos y fomentar la libertad y la democracia. Su original en inglés apareció en el International Herald Tribune del 6 de noviembre de 1997. Esta versión en español se publica con la debida autorización.

Al acercarnos al nuevo milenio, el hambre y la malnutrición siguen siendo graves amenazas para cerca de 1.000 millones de personas en todo el mundo, según lo expuesto en la Cumbre Mundial de Alimentos. La situación es aún más grave en los 49 países de África al Sur del Sahara.

En realidad, tenemos los conocimientos y la capacidad necesarios para prevenir el hambre, pero no actuamos.

Si las naciones prósperas optaran por trabajar en dos campos generales, se beneficiarían muchos agricultores africanos. Después de todo, son dignos, ambiciosos, competentes y trabajadores. Responden casi de inmediato a nuevas ideas e invierten la mayoría de sus ingresos en el mejoramiento de sus fincas y su maquinaria agrícola.

Primero, las naciones desarrolladas deben intensificar sus esfuerzos para compartir la tecnología existente con los pequeños agricultores.

En los últimos 11 años, el Centro Carter y la Sasakawa África Association han participado en una actividad agrícola con grupos de base llamada SG 2000, que ahora se extiende a 12 países africanos. La SG 2000 dirigida por Norman Borlaug, especialista estadounidense en ciencias agrícolas y ganador del premio Nobel, trabaja con los jefes de estado y sus ministros de agricultura para compartir exitosas técnicas de producción agrícola con más de 600.000 familias de pequeños agricultores.

Por medio de esta colaboración, hemos comprobado que es posible duplicar, triplicar y aun cuadruplicar los rendimientos de los cultivos con la tecnología existente. Esto se hace sobre todo por medio de siembra en curvas de nivel y de uso apropiado de semillas mejoradas, modestas cantidades de fertilizantes minerales y control oportuno de malezas.

En segundo lugar, las naciones ricas deben estar preparadas para compartir la tecnología emergente con los países menos desarrollados. Por ejemplo, la biotecnología agrícola puede desempeñar una función vital para mejorar la salud y la nutrición.

Por desgracia, los grupos extremistas de los países ricos han comenzado a atacar la biotecnología vegetal ecológicamente racional y el uso moderado de fertilizantes y pesticidas, afirmando equívocamente que «envenenarán» los terrenos agrícolas del Planeta.

Esta clase de especulación es errónea. Por supuesto, debemos ser ecológicamente racionales al cultivar alimentos, pero no podemos usar solo métodos creados para alimentar a una población mucho más pequeña.

La población del mundo crece en proporción anual de 100 millones de personas. En los próximos cuatro decenios necesitaremos ampliar la producción alimentaria a cerca de 10.000 millones de toneladas anuales. Se gastaron 10.000 años en llegar a la mitad de esa cifra.

Obviamente, los agricultores del mundo no podrán medirse a ese desafío, a menos que tengan acceso a descubrimientos continuos en las ciencias y la tecnología agrícolas.

Muchos miembros de la comunidad internacional de donantes desean ayudar a promover la seguridad alimentaria en África y otras regiones en desarrollo. Sin embargo, ha habido choques entre algunos ambientalistas apoyados por poderosos grupos de presión y los productores de alimentos con respecto a la búsqueda de mejores métodos para lograr mayor productividad. El desacuerdo resultante ha hecho que muchos organismos donantes se desanimen y dejen de apoyar los programas agrícolas que se necesitan con tanta urgencia en África al Sur del Sahara. Es preciso acabar con este impasse en materia de política.

Norman Borlaug es parte de un creciente número de especialistas en ciencias agrícolas que cree que el uso de la biotecnología puede ayudar a incrementar los rendimientos de los cultivos y, al mismo tiempo, reducir el uso de pesticidas.

Los investigadores de las universidades y el sector privado han trabajado por años en la búsqueda de métodos para mejorar el rendimiento, la fiabilidad y la calidad de los productos agrícolas. Con biotecnología, estos científicos aprovechan los métodos tradicionales de fitomejoramiento, pero van más allá.

Esos importantes conocimientos recién adquiridos les permiten mejorar enormemente una sola semilla. Por ejemplo, pueden incorporar genes resistentes a enfermedades e insectos con lo que se reduce la necesidad de usar pesticidas químicos. También pueden incorporar genes que ayuden a los cultivos a resistir las condiciones de sequía.

Es casi seguro que los agricultores no podrán alimentar a sus naciones, a menos que esos nuevos productos les lleguen pronto, aun si comienzan a usar de inmediato las técnicas existentes.

También debemos dar capacitación en biotecnología a los científicos y agentes de extensión de los países en desarrollo y, al mismo tiempo, alentar la creación de medidas reglamentarias de protección para dirigir la investigación y la producción y proteger a los consumidores.

La colaboración pública y privada será definitiva para lograr esos objetivos, pero el desarrollo de biotecnología es muy costoso para el sector privado. Las compañías privadas deben tener incentivos apropiados y formas de protección de sus derechos de propiedad intelectual si desean seguir adelante con su investigación.

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