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Noviembre de 1998Una Visión De La Alimentación, La Agricultura Y El Medio Ambiente En El Año 2020El Programa Mundial de Alimentos: a la vanguardia de la lucha contra el hambreNota de la redacción. En «Opiniones 2020» se busca entablar un diálogo y un debate por medio de entrevistas con destacadas autoridades normativas, investigadores y personalidades sobre temas relacionados con la visión 2020. En este número se entrevista a Catherine Bertini, directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas. BOLETÍN: ¿Qué hemos aprendido sobre las mejores formas de empleo de la ayuda alimentaria desde la creación del Programa Mundial de Alimentos en 1963? La verdadera finalidad de la ayuda alimentaria es apoyar a la gente en su lucha para vencer el hambre. Para ello tenemos que enfocar esa ayuda. Una cantidad suficiente de alimentos de una clase apropiada permitirá mantener viva y fuerte a la población. Si un adulto no come durante una semana, puede recuperarse. Pero si un niño deja de comer durante una semana, quizá nunca llegue a recuperarse. De manera que hemos aprendido que es de suma importancia hacer llegar alimentos a los niños y a las mujeres embarazadas y lactantes. Particularmente desde que se celebró la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Mujer en 1995, también hemos determinado que, como nuestro propósito es acabar con el hambre, debemos hacer llegar alimentos a las personas encargadas de la seguridad alimentaria de la familia, es decir, a las mujeres. Otra cosa que hemos aprendido es que no tenemos suficientes recursos para alimentar a toda la población indefinidamente y, aunque pudiéramos hacerlo, eso crearía un problema de dependencia. De modo que debemos trabajar a corto plazo para ayudar a la población a ayudarse a sí misma y, con carácter prioritario, permitirle que se alimente a sí misma. BOLETÍN: La proporción de ayuda destinada a operaciones de socorro en situaciones de emergencia en todo el mundo ha aumentado en forma impresionante. ¿Cómo ha afectado ese cambio al PMA? Nuestra proporción de ayuda destinada a operaciones de socorro en situaciones de emergencia es de 70% y ese ha sido el caso en los últimos seis o siete años. Eso se debe, en gran parte, a que las emergencias son masivas y complejas. Desde la Guerra Fría, la violencia basada en el origen étnico y los cambios políticos han creado condiciones que impiden que la gente obtenga los alimentos necesarios. De ahí el cambio hacia más ayuda de emergencia. Pero no estoy dispuesta a admitir que haya acabado la ayuda alimentaria para el desarrollo. Ésta tiene que ser la base para ayudar a la población a salir por sí misma de la pobreza. Si no hacemos eso, estamos construyendo un mundo en perpetuo estado de emergencia. Imaginémonos que no hay más guerra, solamente desastres naturales. Si ocurre un desastre en Texas, no dudamos en reconocer que ese estado puede hacerle frente. Pero si un desastre azota a Bangladesh, ese país no tiene los recursos para superar las dificultades creadas. Los alimentos para el desarrollo también son importantes en momentos críticos de la vida. Un adulto puede morir antes de cumplir 40 años si no consumió los alimentos necesarios a la edad de cuatro años. Si una mujer está embarazada y no dispone de alimentos apropiados, puede dar a luz un niño con insuficiencia de peso. Los bebés de madres mal nutridas empiezan la vida con deficiencias. En esos casos, solamente los alimentos pueden ayudar. BOLETÍN: ¿Qué idea tienen los países en desarrollo de la ayuda alimentaria? Casi todos los países en desarrollo creen que la ayuda alimentaria reviste importancia crítica para su desarrollo. Algunos han logrado salir de la situación que los obliga a recibir ayuda. Corea del Sur y Hungría solían recibir ayuda alimentaria y ahora son donantes. Solamente me acuerdo de un país en desarrollo—Eritrea—que no está de acuerdo con la clase de ayuda alimentaria que proporcionamos. Cree que puede manejar solo la situación. Uganda dice que está bien recibir ayuda alimentaria, pero que es mucho mejor que se le compren alimentos para distribución a otras poblaciones. BOLETÍN: Varios informes pronostican una acentuada escasez de alimentos en los decenios venideros. ¿Qué función puede desempeñar el PMA para ayudar a subsanarla? Ninguna organización ni ningún grupo de organizaciones puede acabar con el hambre. De manera que debemos investigar dónde estarán las regiones más vulnerables en el futuro. Hemos creado un sistema de análisis y trazado de gráficos de vulnerabilidad (VAM). Incorporamos al computador toda la información sobre infraestructura, educación e ingreso per cápita y de otra clase. Luego trazamos un complejo gráfico de los lugares donde está la población más vulnerable. A continuación podemos preguntar qué insumos se necesitan para ayudar a la población a salir por sí misma de la pobreza. Podría ser con ayuda alimentaria o con infraestructura. Hasta ahora hemos empleado este sistema en 28 países. Queremos extenderlo a todo el mundo. BOLETÍN: ¿Cuál es su visión para el futuro del PMA y la ayuda alimentaria? Quisiera pensar que la visión es la de un Programa Mundial de Alimentos que deje de dar ayuda alimentaria porque ya no hay gente con hambre en el mundo. Pero he trabajado en los Estados Unidos, el país más rico del Planeta, y he visto gente con hambre allá. De manera que yo diría que aspiro a que el PMA siga siendo la institución que vaya a la vanguardia de la lucha contra el hambre, que no solamente proporcione alimentos sino que también abogue por la consecución de recursos destinados a la población más necesitada. |