La Erradicación de la Malnutrición: ¿Crecimiento de los Ingresos o Programas de Nutrición?
Lawrence Haddad y Harold Alderman
En los últimos decenios se han logrado grandes avances en la reducción de la malnutrición. En 1980, casi la mitad de los niños menores de cinco años de los países en desarrollo sufrían un retraso del crecimiento (talla anormalmente baja para la edad), uno de los principales indicadores de una nutrición deficiente. En el 2000, se había alcanzado una reducción considerable: un tercio de los niños de esa edad sufrían el trastorno. Aun así, 182 millones de niños menores de cinco años siguen padeciendo retraso del crecimiento, situación que es totalmente inaceptable. Para empeorar las cosas, el progreso en la reducción del retraso del crecimiento se ha desacelerado en los dos últimos decenios y ha aumentado la cantidad de niños afectados en África. En África Oriental, se está incrementando el porcentaje de niños con retraso del crecimiento. Si las tendencias actuales persisten, no se podrá alcanzar la meta de reducir a la mitad el número de personas malnutridas para el 2015, establecida en la Cumbre Mundial de la Alimentación de 1996.
¿Cómo se puede reducir la malnutrición con rapidez suficiente para cumplir objetivos humanitarios tales como el fijado en la Cumbre Mundial de la Alimentación? Algunos señalan que la forma de alcanzar las metas nutricionales es estimular un mayor crecimiento económico e ingresos más altos para los pobres. Se argumenta que, como la malnutrición y la pobreza marchan a la par, las tasas de malnutrición no constituyen una perspectiva independiente de la pobreza ni una base para reducir la malnutrición distinta de la que se requiere para aminorar la pobreza.
Sin embargo, otros señalan que el crecimiento de los ingresos es un instrumento poco adecuado para reducir la malnutrición y que se deben asignar más recursos a los programas directos de nutrición, como los suplementos de micronutrientes, el enriquecimiento de los alimentos y las iniciativas encaminadas a modificar en la comunidad los hábitos alimentarios y los cuidados.
¿Qué indican los datos acerca de cuán lejos nos puede llevar el crecimiento de los ingresos?
LA POBREZA Y LA MALNUTRICIÓN ESTÁN RELACIONADAS PERO NO SON IDÉNTICAS
La pobreza y la malnutrición con frecuencia afectan a los mismos grupos marginados. De hecho, las tasas de malnutrición se usan a veces como indicadores de la pobreza. En general, más ingresos conducen con el tiempo a una mejor nutrición. El aumento de los ingresos comúnmente permite a las familias pobres tener un mayor acceso a cosas que influyen en una nutrición adecuada: alimentos en cantidad y calidad adecuadas, tiempo suficiente para que las madres obtengan y empleen información correcta sobre la alimentación y la higiene de sus hijos, un abastecimiento apropiado de agua limpia y atención preventiva y curativa de salud suficiente y de buena calidad.
No obstante, si bien la relación entre la pobreza y la malnutrición es en potencia sólida, si las familias no gastan sus mayores ingresos en los factores que determinan una nutrición adecuada -mejores alimentos, cuidados y salud- es poco probable que disminuya la malnutrición. Cuando las mujeres tienen algún control sobre los mayores ingresos, el estado nutricional de los niños tiende a mejorar con más rapidez. Tal vez los mayores ingresos tampoco mejoren el estado nutricional si las mujeres (y los hombres) tienen que trabajar más duro y por más tiempo para obtener esos ingresos y, por lo tanto, dedican menos cuidados a los niños. Además, los mayores ingresos quizás no conduzcan a alimentación, cuidados y salud mejores cuando no se dispone de caminos, mercados, abastecimiento de agua y clínicas de salud. La posible falta de conexión entre la pobreza y la malnutrición implica que los pobres no siempre están malnutridos y las personas malnutridas no siempre son pobres. La Figura 1 muestra que, en tres de los cinco países estudiados, más del 40% de las familias no pobres con niños en edad preescolar incluyen a por lo menos un niño con retraso del crecimiento.
La Figura 2 revela que existe una relación sólida y continua entre la malnutrición y el producto interno bruto (PIB). Sin embargo, las tasas de malnutrición varían mucho aun entre los países más pobres. En los años 90, la proporción de niños en edad preescolar con insuficiencia ponderal en países que tenían un PIB per cápita inferior a US$ 1,000 fluctuó entre 20 y 62%. Por consiguiente, ¿es posible que el crecimiento de los ingresos lleve a una reducción considerable en el lapso de una generación?
Investigaciones recientes efectuadas por el IFPRI y sus colaboradores muestran que, a pesar del aumento de los ingresos, pueden transcurrir decenios antes de que mejore el estado nutricional en un grado significativo. La Figura 3 indica cómo mejoraría el estado nutricional de los niños en 12 países si los ingresos per cápita crecieran un 5% anual, tasa de crecimiento que es muy ambiciosa. El aumento de los ingresos realmente se correlaciona con un mejor estado nutricional en esos países, patrón que ha sido confirmado por investigaciones recientes realizadas en distintos países. No obstante, se requerirían muchos años de crecimiento elevado para reducir aun en un 50% la prevalencia de la insuficiencia ponderal entre los niños y esto sólo se lograría en Marruecos. El crecimiento de los ingresos por sí solo no llevará a disminuir a la mitad la malnutrición entre los niños en edad preescolar en el mundo en desarrollo para el 2020, meta menos ambiciosa que la fijada en la Cumbre Mundial de la Alimentación.
LOS PROGRAMAS DE NUTRICIÓN PUEDEN REDUCIR LA MALNUTRICIÓN CON MÁS RAPIDEZ
Dada la situación descrita, se requieren intervenciones directas para reducir la malnutrición a corto y mediano plazo. Programas nutricionales tales como los suplementos de vitamina A, hierro y múltiples micronutrientes, el fomento de los cuidados en la comunidad para mejorar la alimentación y la higiene de los lactantes, las intervenciones alimentarias que promueven la diversidad en la alimentación, el enriquecimiento de los alimentos consumidos por las personas malnutridas, ya sea mediante procesos industriales o con el fitomejoramiento tradicional, y los suplementos alimentarios para las mujeres jóvenes desnutridas, son ahora más importantes que nunca. Estos programas tienen que contar con más fondos y personal y ser administrados mejor a medida que crecen sus dimensiones, con el fin de reducir la malnutrición a la mitad en la próxima generación.
Al disminuir considerablemente la malnutrición en la próxima generación, estas intervenciones directas también pondrán la simiente para una mejor nutrición en la generación subsiguiente. Como explican Stuart Gillespie y Rafael Flores en el ensayo adjunto, el estado nutricional se extiende por generaciones: una niña con nutrición adecuada se convertirá en una mujer más fuerte y saludable, y una mujer con buena nutrición proporcionará a sus hijos un comienzo más saludable en la vida.
LA MEJOR NUTRICIÓN ELEVARÁ LOS INGRESOS
Las inversiones en intervenciones nutricionales directas también deben ser consideradas como inversiones para combatir la pobreza a mediano plazo porque las reducciones de la malnutrición llevarán a aumentos de los ingresos más tarde en la vida. Se piensa que la vía primaria es la educación. La mejor nutrición conduce a mejores grados de desarrollo en la infancia, una edad menor de ingreso a la escuela, tasas de matrícula más altas y una mejor función cognoscitiva. Por ejemplo, un aumento del 10% en el retraso del crecimiento medio de los niños de Ghana provoca un incremento del 3.5% en la edad de la primera inscripción en la escuela. En Pakistán, una mejora relativamente pequeña de la talla para la edad entre los niños en edad preescolar conduce en promedio a un aumento de las tasas posteriores de matrícula del 2% entre los varones y el 10% entre las niñas, las cuales aumentan al 5 y 16% respectivamente cuando también se reducen a la mitad las tasas de la diarrea. La mejor nutrición lleva a una mejor educación que, a su vez, ayuda con el tiempo a las personas a escapar de la pobreza, como ha demostrado un estudio reciente realizado en varios países.
La nutrición adecuada no sólo eleva los ingresos familiares sino también el crecimiento de los ingresos a nivel nacional. Un estudio efectuado por Susan Horton deriva estimaciones conservadoras del PIB no generado como resultado de únicamente la carencia de hierro en los niños y las carencias de hierro, yodo y proteinoenergética en los adultos. En Pakistán, las pérdida anuales superan el 4% del PIB anual. En Bangladesh, el costo de la carencia de hierro sólo en los niños es de casi el 2% del PIB.
REVERTIR UN CÍRCULO VICIOSO
A mediano o a largo plazo, los aumentos de los ingresos son cruciales para reducir la malnutrición. No obstante, aun los incrementos optimistas del crecimiento de los ingresos dejarán a muchos países a menos de la mitad del camino hacia la meta de reducir un 50% la malnutrición en la próxima generación. Además, los ingresos actuales no están aumentado en varios países. En consecuencia, a corto plazo se requieren intervenciones nutricionales directas. Si se aplican eficientemente y en gran escala, esas intervenciones reducirán el retraso del crecimiento y, con ello, preservarán la capacidad de aprendizaje de los niños en la escuela y éstos serán como adultos más productivos y menos sensibles a enfermedades crónicas como el cáncer y la cardiopatía coronaria.
Los ingresos influyen en la nutrición y ésta afecta a su vez a los ingresos. Esto puede ser un círculo vicioso o uno virtuoso. Se requieren la reducción de la pobreza e intervenciones nutricionales directas eficaces para que pasemos del círculo vicioso al virtuoso.
Lawrence Haddad es director de la División de Nutrición y Consumo de Alimentos del IFPRI. Harold Alderman es asesor sobre políticas nutricionales y alimentarias en el Departamento de Desarrollo Rural del Banco Mundial y fue anteriormente investigador en el IFPRI.
Fuentes
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ACC/SCN (United Nations Administrative Committee on Coordination/Sub-Committee on Nutrition). 2000. Fourth report on the world nutrition situation. Ginebra: ACC/SCN, en colaboración con el IFPRI.
Alderman, H., J. Behrman, V. Lavy y R. Menon. 1997. Child nutrition, child health, and school enrollment. Policy Research Working Paper 1700. Washington, D.C.: Banco Mundial.
Alderman, H., S. Appleton, L. Haddad, L. Song y Y. Yohannes. 2000. Links between income growth and reductions in malnutrition. Banco Mundial e IFPRI, Washington, D.C. Documento preliminar.
Allen, L. y S. Gillespie. 2000. Options for interventions to improve human nutrition: A review of efficacy and effectiveness. Documento preparado para el Banco Asiático de Desarrollo. IFPRI, Washington, D.C. Documento preliminar.
Appleton, S. y L. Song. 1999. Income and human development at the household level: Evidence from 6 countries. Documento de información básica para el Informe sobre el Desarrollo Mundial 2000/2001. Departamento de Economía, Universidad de Bath, Reino Unido.
FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación). 1996. State of food in secutity in the world. Roma: FAO.
Glewwe, P. y H. Jacoby. 1995. An economic analysis of delayed primary school enrollment in a low-income country: The role of childhood nutrition. Review of Economics and Statistics 77 (1): 156-169.
Hoddinott, J. y B. Baulch. Se publicará próximamente. Economic mobility and poverty dynamics in development countries. Journal of Development Studies.
Horton, S. 1999. Opportunities for investments in nutrition in low-income Asia. Documento preparado para RETA 5671. Manila: Banco Asiático de Desarrollo.
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